Olvidos indebidos Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado - El Sol Digital
Olvidos indebidos Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado

Olvidos indebidos Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado

Todo transcurrió muy deprisa. El 22 de mayo de 1918, el diario ABC publicó en portada la aparición de una enfermedad parecida a la gripe, pero con efectos leves. Con buen humor, guasa, se bautizó aquella gripe como Soldado de Nápoles, igual que una canción que entonces sonaba en la zarzuela La canción del olvido..

En plena I Guerra Mundial, los contendientes no informaron sobre la enfermedad que estaba diezmando a sus soldados para no envalentonar a los adversarios y fue en España, neutral en el conflicto, donde se dio a conocer lo que sucedía. Por eso, la gran pandemia del siglo XX, que mató a más de 50 millones de personas en todo el mundo, se bautizó como “La gripe española”, aunque no estuviese en España su origen.

En 2008, Antoni Trilla, el actual jefe de epidemiología del hospital Clínic de Barcelona, publicó “Un relato de la gripe de 1918”  que muestra algunas diferencias fundamentales y sorprendentes paralelismos con la crisis del coronavirus. Como ahora, el virus tampoco respetó jerarquías. El rey Alfonso XIII y el jefe de Gobierno, Manuel García Prieto, enfermaron.

Las cifras oficiales de muertos en España son terroríficas. En 1918, la gripe mató a 147.114 personas, en 1919 a 21.245 y en 1920 a 17.825. En un país de poco más de 20 millones de habitantes. La epidemia duró tres años y, además, afectó especialmente a personas en la veintena,

De otra parte, en nuestra literatura hasta un grande como Benito Pérez Galdós escribió uno de sus episodios nacionales sobre la masonería, El Grande Oriente en 1876, narra cómo esta sociedad secreta intervino poderosamente en los acontecimientos que agitaron la vida política española en el “trienio constitucional” 1820-1823.

Los orígenes de la masonería se remontan a la Inglaterra de 1717 y desde allí se extendió a Francia, donde tomó su máximo esplendor en la Revolución Francesa liderada por masones en 1789.

Los masones franceses fueron impulsores del estado laico y de la expulsión de la Iglesia Católica en Francia en la enseñanza y vida pública. Esta masonería francesa es conocida como francmasonería y se escindió completamente de la rama inglesa y norteamericana. La diferencia entre ambas más destacable es que la francmasonería es completamente anticatólica y anticristiana y la anglosajona es cristiana protestante.

En la invasión francesa de España por las tropas de Napoleón en 1808, el rey impuesto por Francia José Bonaparte, hermano de Napoleón, era Gran Maestre de la masonería francesa. Los abusos y sacrilegios que cometieron las tropas de Napoleón contra la Iglesia en España son relatados por Bécquer en sus famosas “Narraciones y Leyendas”. Fernando VII ‘El deseado’ en su nuevo reinado en 1813, prohíbe la masonería en España.

Los masones promueven el independentismo y el espíritu antiespañol por las colonias consiguiendo sus propósitos contra un régimen absolutista y católico. Simón Bolívar y José de San Martín, fueron masones reconocidos, el primero español y el segundo de origen francés.

En la Segunda República más del 50 por ciento de los diputados socialistas eran masones y en Esquerra casi el 40 por ciento. Fueron masones reconocidos Manuel Azaña, Luis Companys, Fernando de los Ríos, y una larga lista de políticos socialistas e independentistas.

En el gobierno del Frente Popular, la mayoría de los ministros eran masones. El anticlericalismo de la masonería se volvió a demostrar cuando el Frente Popular crea una ley para la expropiación de todos los bienes de la Iglesia. También se crea una ley por la que se prohíbe la docencia a los sacerdotes y en las escuelas tienen que eliminar los crucifijos de las aulas.

A esta ley el filósofo Miguel de Unamuno responderá: “La presencia del Crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento ni aún al de los racionalistas y ateos; y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales. ¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? ¿Una hoz y un martillo? ¿Un compás y una escuadra? O ¿qué otro emblema confesional?”.

Corría enero de 1934, cuando Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) ya se había entusiasmado con la Revolución rusa y aproximado al marxismo, hasta el punto de que llegó a pedir para España “una dictadura como la de Lenin” al instaurarse la dictadura de Primo de Rivera.

Consideraba escasas las tropelías que el Gobierno republicano cometió contra la Iglesia al subir al poder, como, por ejemplo, la quema de más de un centenar de edificios religiosos: “Se ha dicho mucho sobre la quema de conventos, pero la verdad es que en Madrid no se quemaron más que cuatro birrias que no tenían ningún valor. Lo que faltó ese 14 de abril de 1931, y yo lo dije desde el primer día, es coraje en el pueblo, que no debió dejar ni un monumento.

Siguiendo con los masones, adoran a un Dios generador de todas las cosas, llamado para ellos el Gran Arquitecto. Hay una incompatibilidad absoluta entre la masonería y el catolicismo Diversos papas han dictado bulas por las que se excomulgaba a cualquier católico que perteneciese a la masonería. Un horror.

Y cada año, miles de mujeres de todo el mundo se congregan en la sede de la ONU en Nueva York para la reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer durante dos semanas de conferencias, destinadas teóricamente a resolver los problemas de las mujeres del mundo. Es una reunión del mayor evento feminista mundial anual.

Los grupos abortistas, que se encuentran entre los grupos feministas mejor financiados controlan gran parte de la agenda de la conferencia y, este año, el objetivo era conmemorar el aniversario de la conferencia de Beijing.

La reunión de Beijing en 1995 fue un hito en la política internacional para las feministas, ya que consolidó la inclusión del aborto en la política de la ONU. Un acto atroz convertido en éxito. Sin embargo, la reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer tuvo lugar con una asistencia muy reducida. La decepción fue palpable en el Salón de la Asamblea General.

 “El acceso de las mujeres a los servicios de salud sexual y reproductiva está lejos de ser universal”, señaló el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. “Debemos resistir contra la resistencia”, criticando a la administración Trump y la política exterior provida de Estados Unidos. Entre las naciones descontentas por el retroceso del llamado «derecho» al aborto se encuentran los “civilizados” países nórdicos.

Siglos antes, la barbarie continuaba en otros caminos. Hace 40 años, el equipo de arqueólogos que trabajaba en las ruinas del Templo Mayor de Tenochtitlan, en México, anunció el hallazgo de los restos de un sacrificio ritual masivo de niños a mediados del siglo XV.

En aquella época, hace más de 500 años, lluvias torrenciales azotaron la región y los chimú sacrificaron a los pequeños para que las aguas pararan. El arma que usaban para hacer los sacrificios eran cuchillos de metal conocidos como tumis.

En Tenochtitlan el sacrificio masivo azteca se debió, probablemente, a una enorme sequía, que la cuenca de México sufrió en el año 1454, año uno conejo, según la cuenta mexica. En sus crónicas, los frailes Motolinía y Diego Durán cuentan que en la cuenca de México se sacrificaban, en honor al Dios de la lluvia, niños seleccionados porque tenían dos remolinos en el cabello. Eran degollados o ahogados.

El hombre prehispánico concebía la muerte como un proceso más de un ciclo constante y la sangre como un elemento vital generador de movimiento. Nacimiento y muerte, unidad indisoluble. El sacrificio, convertir algo en sagrado, establecer un nexo con los dioses. Para ellos, la muerte era germen de la vida.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, el INAH, acaba de presentar Sacrificio Humano y Tratamientos Post Sacrificiales en el Templo Mayor de Tenochtítlan, el último trabajo de la arqueóloga Ximena Chávez. Se trata de un estudio exhaustivo sobre el asesinato ritual en Mesoamérica.

Mil quinientos años antes, Cristo nos enseñó para siempre el amor y respeto a la vida. “Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 21-22).

La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente (CDF, instr. «Donum vitae» intr. 5).

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