“Para tener controles de calidad habría que cambiar nuestro sistema sanitario”

“Para tener controles de calidad habría que cambiar nuestro sistema sanitario”

Miguel Such, cirujano cardiovascular

Maite Díaz Torres

Miguel Such es doctor en Medicina por la Universidad de Valencia. En el año 1987 se trasladó a Málaga, pero en esa época no había una estructura adecuada para hacer investigación básica en nuestra provincia, así que en el año 1988 tuvo que viajar a EEUU. Al volver, entró en un grupo de investigación de la Facultad de Ciencias Biológicas, donde habían encontrado una cepa de hámster con una anomalía de la válvula aórtica similar a la de los humanos, se llama la válvula aórtica bicúspide.
Este grupo de investigación, al que Such pertenece desde 1990, ha formado con los años un triángulo de colaboración entre la Universidad de Ciencias Biológicas, el Hospital Clínico y el Hospital Xanit, que ha posibilitado numerosos avances relacionados con el tratamiento de la válvula aórtica bicúspide, una patología sufrida por un dos por ciento de la población, lo que la convierte en la patología congénita cardiovascular más frecuente en humanos.
Such, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular y profesor de la Universidad de Málaga, lleva alrededor de 30 años ejerciendo como cirujano cardiovascular, lo que le ha permitido ver de cerca las ventajas y defectos de la sanidad en nuestro país.

-¿Cuántos enfermos coronarios se operan al año?
En general, se calcula que un diez por ciento de los pacientes con problemas de coronarias deben ser operados para poner un bypass, el 90 por ciento restante lo arreglan los cardiólogos poniendo stent, abriendo la arteria. Eso no significa que en realidad este diez por ciento se opere, porque muchos cardiólogos ponen por diversos motivos stent en pacientes que realmente necesitarían operarse. Esto hace que haya mucha menos cirugía coronaria de la que debería de haber, sobre todo en Andalucía que es lo que yo más conozco.

-¿Cómo se puede concienciar a los médicos y a la población para que esto no suceda?
Con controles de calidad. Alguien tiene que controlar la mortalidad de los pacientes a los que se les ha puesto un stent de forma indebida y también se debería controlar la mortalidad de los pacientes que operan los cirujanos. El problema es que eso en España es imposible porque dar información a los enfermos es un problema. Si los pacientes se enteran de que en una ciudad la sanidad tiene más calidad querrán ir allí y los hospitales no están preparados para ello.

-¿Entonces sería posible que hubiera más controles de calidad y más información sobre la calidad de los hospitales?
Para tener controles de calidad habría que cambiar nuestro sistema sanitario. El problema de fondo es que en nuestro sistema el dinero no va con el paciente, por lo que si se da más información se generaría un problema en el hospital que lo hace bien, porque los pacientes querrían ir allí y los hospitales no pueden aumentar su presupuesto por tener más pacientes, por lo que aumentarían las listas de espera. Lo que hay que hacer, como hace el resto de Europa, es que el dinero vaya con los pacientes, de manera que los hospitales buenos tengan más dinero y puedan contratar más personal y hacer más quirófanos. De hecho, la media de operaciones de corazón por hospital en Europa está entre las 1.500 y 3.000 operaciones al año y en España el hospital que más operaciones de corazón hace al año son 600, lo normal está en hacer 200 o 300 operaciones al año. Eso hace que los resultados sean peores, pero al no haber ningún control es algo que se mantiene a lo largo de los años.

-¿Cómo ha sido la evolución del grupo de investigación creado en Ciencias Biológicas desde 1990?
Este grupo de investigación se relacionó con el cirujano José María Arqué y conmigo cuando yo estaba en Carlos Haya. Cuando me trasladé al Clínico quise pasar la investigación básica a la clínica humana. Desde ese momento comenzamos a probar las investigaciones con pacientes. Buscamos en humanos las cosas que ya habíamos investigado en los hámsteres y se comprobó que las investigaciones podían ser aplicadas a los humanos. Hace seis o siete años el grupo de Cirugía Cardiaca del Clínico montó la unidad del corazón de Xanit. Desde entonces comenzamos a colaborar con el doctor Hans-Joachin Shäfers, el cirujano que más pacientes con esta patología ha operado de todo el mundo y se estableció un triángulo entre Ciencias Biológicas, el Hospital Clínico y el Hospital Xanit.

-Hábleme sobre alguno de los trabajos que han publicado
Uno de ellos que ha tenido mucha repercusión es el relacionado con la válvula aórtica bicúspide. La válvula aórtica tiene tres velos y la bicúspide solamente tiene dos. Esta cardiopatía es la más frecuente entre las personas, la tienen un dos por ciento de la población, lo que son muchísimos millones de personas. Se pensaba que esta patología no estaba relacionada con la genética, pero gracias a la investigación con hámsteres demostramos que la genética influía en que fuera de un tipo o de otro. Esta patología está relacionada con un aneurisma de aorta que en realidad es lo que mata a las personas y que pasa desapercibido, es asintomático. La aorta crece hasta que en un momento dado se rompe, sobre todo pasa en gente joven de los 30 a los 50 años.

-¿Cómo se puede evitar este aneurisma?
Lo importante es conocerlo porque hasta que la aorta no alcanza cierto tamaño no tiene riesgo de romperse. Es una cuestión de conocerlo, saber las personas jóvenes que pueden tener esta disfunción y hacer un seguimiento para ver cómo va creciendo su aorta. Hay medicación que hace que la aorta crezca más despacio. Cuando la aorta alcanza cierto tamaño es necesario operar para quitar la aorta antes de que se rompa.

-¿Cómo se detecta esta disfunción?
Con una ecografía. Simplemente con un electrocardiograma se pueden detectar estas cosas. Lo que pasa es que la gente joven no se hace ecografías de corazón a no ser que tenga alguna molestia. Como gracias a las investigaciones sabemos que esto es genético y por lo tanto hereditario, cuando operamos a una persona con esta anomalía pedimos que toda su familia se haga ecografías para detectar este problema. Esta investigación ha dado lugar a tesis doctorales, a muchos trabajos y al seguimiento de muchas familias. De hecho, hay ahora mismo una Unidad de Marfan en Málaga coordinada por el cardiólogo Fernando Cabrera que hace el seguimiento de muchísimas familias. De hecho, somos el único grupo de España en el que se operan las válvulas unicúspides. Se trata de un caso extremo de bicúspide que tienen los niños pequeños. Hasta ahora era necesario poner una prótesis porque no había forma de arreglarlas, práctica que tiene unas ventajas impresionantes para los pacientes.

-¿En qué consiste la operación de las válvulas unicúspides?
Los velos de las válvulas unicúspides tienen tendencia a no estar a la misma altura. Nosotros básicamente conseguimos hacer que los dos velos vuelvan a unirse para que la válvula funcione correctamente. De esta forma se evita que la sangre de la aorta vuelva a entrar al corazón. Esta operación es complicada porque no tiene reglas. No hay ninguna forma de medir en quirófano si los velos han podido igualarse o no, porque cuando está la aorta llena de sangre se ve muy bien la situación de los velos, pero durante la operación los velos se quedan flojos, por lo que no puede verse bien hasta que se termina la cirugía y el corazón vuelve a estar en funcionamiento. No obstante, lo peor que puede pasar a los pacientes es que tengamos que colocar una prótesis, que es lo que ya tenían de entrada. Hoy, el porcentaje de éxito está por encima del 95 por ciento.

-¿Las válvulas bicúspides son más fáciles de operar?
Sí, la válvula bicúspide es la que mejor se arregla. También existe una enfermedad en las válvulas tricúspides en la que alguno de los velos se descuelga y se produce insuficiencia aórtica. Esta patología no podía arreglarse hasta ahora, nosotros somos el único grupo que la opera de Madrid para abajo. En el resto de España se opera solamente en los dos grupos existentes en Madrid, el de Barcelona y el de La Coruña. Esto es lo que nos ha puesto en el mapa de la cirugía cardíaca.

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