Pedro Sánchez, el apóstol de la mentira. Alejandro González Herrera - El Sol Digital
Pedro Sánchez, el apóstol de la mentira. Alejandro González Herrera

Pedro Sánchez, el apóstol de la mentira. Alejandro González Herrera

Señalaba el escritor Mateo Alemán (1547-1614) que, “quién quiere mentir, engaña, y el que quiere engañar miente”. Si leemos con detenimiento esta cita, cabe la posibilidad de que el escritor sevillano del siglo de oro, en una suerte de profecía, se adelantó más de 400 años a definir los atributos principales que adornan al presidente Pedro Sánchez: mentir y engañar. Verbos que es capaz de conjugar y llevar a la práctica con tal precisión que para ello no necesita de ningún “negro” que le ayude, como hizo con la fraudulenta tesis doctoral que plagió indecentemente. En honor a la verdad, tiene un discípulo aventajado en su gobierno, el ministro Ábalos, que tiene la cualidad de mentir más que hablar (“Delcygate”), algo nunca visto desde que hace 50.000 años se estima que empezaron a hablar los humanos.

Además, es un mentiroso sin gracia, no como el protagonista de la magnífica película “El precio de la verdad”, que narra la historia real de un periodista de la revista estadounidense The New Republic, que acabó despedido cuando se descubrió que la gran mayoría de sus artículos eran falsos, aunque eso sí, chispeantes y graciosos.

Igualmente, tampoco creo que Sánchez se arrogue el derecho a mentir, basándose en la discusión filosófica que a finales del siglo XVIII  tuvieron el genio de Königsberg  Enmanuel Kant y el francés de origen suizo Benjamin Constant. Sospecho que el actual presidente del Gobierno no conoce aquel debate filosófico, sus esfuerzos en los últimos meses han ido encaminados a profanar tumbas y aprobar leyes como la eutanasia.

Por lo tanto, hay que centrarse en las tres derivadas que conllevan sus mentiras: traición, irresponsabilidad y negligencia

En primer lugar, es un traidor a la nación. Engañó durante toda la campaña electoral a sus votantes y por elevación a todos los españoles. Negó hasta la saciedad que pactaría con los separatistas catalanes condenados por sedición, afirmó sin pestañear que le quitaba el sueño un gobierno con los comunistas bolivarianos y ha sido capaz de encamarse con los bilduetarras en Navarra. Sin ir más lejos el secuestrador Otegui declaraba, “la izquierda soberanista está dispuesta a apoyar a Sánchez”. Y lo hacen porque saben que es un sectario desleal, preceptos imprescindibles de todos los traidores.

Llegados a este punto y situándonos a finales del mes de enero (con la crisis del covid19 en ciernes), nos encontramos que Pedro Sánchez y la coalición socio-comunista de manera irresponsable y negligente anteponen la ideología a la gestión para intentar poner coto al tsunami sanitario que se nos venía encima.

Por desgracia no es de extrañar, también han elegido la ideología a la verdad en la memoria histórica y la ideología a la justicia en la igualdad de género. Con el lenguaje, utilizado por la izquierda como herramienta de poder, hacen lo mismo, anteponen la ideología a las directrices de la RAE. En definitiva, tratan de imponer de manera totalitaria una visión del mundo.

Pues bien, el 21 de enero, cuando ya llegaban noticias preocupantes de China, el Gobierno declaraba la emergencia climática y ambiental en España. Un brindis al sol, buenísmo en estado puro que no sirve para nada.

Con la macro manifestación del 8M en el horizonte, el gobierno en pleno se marca esa fecha como el rubicón en el calendario. Hay que aguantar (dígase mentir, engañar, falsear y manipular) como sea para que el acto se celebre. No sólo eso, la ministra Irene Ceaucescu Montero jalea para intentar batir el record de asistencia, mientras aprueba a toda prisa la “importantísima” Ley de Libertad Sexual. Era la cuadratura del círculo de la acción política, la manifestación se tenía que celebrar con la ley aprobada. Era el 3 de febrero y ya había encima de la mesa un fallecido y 169 contagiados.

Dos días antes de la manifestación, la imprudencia de Sánchez se viste de gala con una declaración que le va a perseguir en sueños: “sin feminismo no hay futuro”. Dio en el clavo, sobre todo para mucha gente que pasó de la manifestación al hospital y del hospital al cementerio.

Un día antes, el 7 de marzo, con 430 casos y siete fallecidos, el PSOE anima en twitter que “hay que salir a llenar las calles” y el inefable Simón se ufana de que “el brote está bajo control”. Un día después salen a la calle más de 150.000 personas. Hacinadas, unas pegadas a otras, pero da igual, este gobierno trilero ha cumplido su objetivo. La ideología se ha impuesto a la razón, y las consecuencias las estamos sufriendo y pagando millones de españoles.

A partir de aquí, cada día las noticias nos ponen un nudo en la garganta, pero hay parámetros que siguen sin cambiar: las mentiras patológicas del Dóctor Sánchez, que se representa como uno de los jinetes del apocalipsis guadaña en mano.

Sus ruedas de prensa son delirantes, proyectando embustes con efecto retroactivo. Ahora sabemos que la OMS ya le avisó el 30 de enero de la gravedad del coronavirus y que se tomaran medidas. Conociendo esta información, su política de aprovisionamiento ha sido nula, padeciéndola el personal sanitario, y no es hasta el ¡21 de marzo! cuando empiezan a pedir test rápidos para detectar el covid19. Tapa las mentiras con otras mentiras, como el protagonista de “El precio de la verdad”, pero sin gracia. Pedro Sánchez se ha convertido en un virtuoso del embuste y el cinismo, es a la mentira lo que Paganini al violín o Rubinstein al piano.

Lenin dijo que “la mentira es un arma revolucionaria”, en Rusia este lema fue eficaz durante 70 años. En España, está en las manos de la sociedad civil y de una judicatura valiente solicitar con el mayor de los respetos responsabilidades penales a un gobierno negligente. La dignidad de los españoles está en juego.

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