Pelotazo en la cara. Justo Rodríguez Sánchez. Abogado - El Sol Digital
Pelotazo en la cara. Justo Rodríguez Sánchez. Abogado

Pelotazo en la cara. Justo Rodríguez Sánchez. Abogado

En el presente caso, sometemos a estudio  la STS, Sala de lo Civil, de 7 de marzo de 2018, rec. núm. 2549/2015, dimanante del  daño causado a un espectador de futbol, como consecuencia del impacto recibido por un aficionado en un ojo como consecuencia de un balón lanzado desde el terreno de juego en el calentamiento previo al partido, cuando se encontraba ocupando su asiento en la grada  detrás de la portería, cuantificándose  los daños sufridos sobre su persona en más  de  30.000 euros.

Así las cosas, el espectador  denuncia la infracción del artículo 1902 del CC,  argumentando  que no bastan con las prevenciones establecidas por el club   si, pese a ellas, acaece el evento dañoso.  Pues bien,  aun cuando es cierto que aquellas  pueden no resultar suficientes   para excluir la responsabilidad,  ello podría llevar a entender que  cuando se produzca un resultado dañoso  debería  responderse siempre  del mismo,  ya que  las medidas adoptadas pudieron  resultar ineficaces, llevando  tal conclusión a la responsabilidad objetiva pura o por daños.

No obstante lo anterior, es cierto que un balón proyectado desde el campo a la grada es el origen del daño,  pero el nexo causal que relaciona las lesiones producidas en un ojo al  espectador desaparece desde el momento en que asume un riesgo propio del juego o espectáculo que conoce, como es el que un balón pueda proyectarse con mayor o menor potencia hacia la grada que ocupa reglamentariamente detrás de la portería. Así pues, la responsabilidad del organizador del evento deportivo  no debe enjuiciarse desde la óptica del singular riesgo creado por un lance ordinario del juego, al que es ajeno, por lo que,  el resultado  que se crea no es algo inesperado o inusual y del que se deba responder.

En esta ocasión, el impacto sufrido surgió durante el calentamiento previo de los futbolistas,  donde es más frecuente los lanzamientos de balones a la grada, por lo que el  espectador argumentó que,  al no recibir el referido  balonazo en el desarrollo del partido convocado,  sino previamente al mismo, debía ser responsable el Club de la consecuencia dañosa que sufrió, sin que ello pueda ser admitido para el  Tribunal Supremo, ya que  un  siniestro que acaece  durante una fase de calentamiento de los jugadores se traslada al ámbito de responsabilidad de la víctima que controla y asume esta fuente potencial de peligro, integrándose así esas fases de preparación del partido en el mismo espectáculo al que se acude con lo que el curso causal se establece entre este riesgo voluntariamente asumido y el daño producido por el balón, con la consiguiente obligación de soportar el susodicho las consecuencias derivadas del mismo, por lo que, si no hay causalidad no cabe hablar, no ya de responsabilidad subjetiva, sino tampoco de responsabilidad por riesgo u objetiva necesaria para que el Club deba responder del daño.

Por cuanto antecede, no hay título de imputación que justifique que la entidad deba resarcir el daño causado  ya que acudir como espectador de un partido de fútbol de un campeonato oficial, con equipos y jugadores profesionales, insisto, supone la asunción de un riesgo que el espectador  instó en el propio espectáculo,  que  por múltiples lances del juego,  los balones pueden salir despedidos hacia las gradas con posibilidad de golpear a los asistentes. En efecto, a juicio del alto Tribunal, quien acude a estos espectáculos conoce y asume ese riesgo, por lo que debe prevenirse frente al mismo y no puede parapetarse en la exigencia de colocación de redes protectoras, pues tal medida, al margen de su legalidad desde el plano federativo y para competiciones oficiales, choca con el interés generalizado de los espectadores de presenciar el espectáculo sin un obstáculo, como es una red, que impide u obstaculiza la visión  del partido.

Por lo expuesto, si bien se contemplan los efectos que pueden derivarse en materia de responsabilidad civil del citado esférico, no debemos olvidar las consecuencias que pueden darse en su caso corolario de tal contingencia a efectos prestacionales de Seguridad Social, ya que podría darse el caso  que  en virtud del puesto de trabajo a que estuviere adscrito el espectador en la empresa donde trabajaba, tal resultado dañoso llevaría a calificar su situación como accidente no laboral, habida cuenta que  el impacto sufrido  de aparición súbita, al acaecer   durante el evento deportivo  podría cumplir los criterios de nexo de causalidad y nexo de temporalidad de daño corporal que le  harían estar encuadradas como tal accidente no laboral, habida cuenta de ocurrir el resultado  de forma súbita y accidental por un agente externo (en este caso el balonazo), y por ende, ante un  suceso imprevisto del que resulta un daño, destacando el carácter súbito del accidente frente al acaecer lento de la enfermedad,  En efecto, como viene destacando desde antiguo la jurisprudencia (S.T.S. de 17‐6‐1903),  para que se dé el accidente, no es imprescindible que un agente extraño cause directa y de modo adecuado la lesión corporal, bastando que la situación asumida sea elemento necesario para la lesión o daño, siendo también entonces el hecho accidental, circunstancias ellas que entiendo se dieron en el caso que nos ocupa.

En resumen, la naturaleza del riesgo, las circunstancias personales, de lugar y tiempo concurrentes, y la diligencia socialmente adecuada en relación con el sector de la vida o del tráfico en que se produce el acontecimiento dañoso, serán elementos a tener en cuenta al analizar las consecuencias que resultan por la falta de redes en los fondos de la portería, y es que, además de tratarse de una situación conocida por los espectadores, su colocación en el campo no se hace en interés de éstos, puesto que dificultará la visión, sino atendiendo a potenciales criterios de orden público que prevalecen sobre el de los espectadores, por lo que el espectador no tendría derecho a indemnización alguna  por tal contingencia, con la salvedades que pudieran darse en materia prestacional  como consecuencia del impacto. en el rostro.

 

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