Peñas Arriba - El Sol Digital
Peñas Arriba

Peñas Arriba

Esta semana hemos acudido a la biblioteca para leer la novela de José María de Pereda “Peñas Arriba”

Richerdios

Marcelo Ruiz de Bejos es un hombre joven, huérfano y de buena posición económica, que vive en Madrid, y, aunque hace una vida social intensa y es dado a algunos placeres, no por ello deja de comportarse como una persona de buena formación en todos los aspectos. Tiene una hermana que vive en América y está casada y en buena posición económica, y además un tío habitante de la aldea de Tablanca, en plena montaña santanderina, viudo y sin hijos y también el hombre más adinerado del lugar y una especie de patriarca del mismo. Este hermano de su padre fallecido y de más edad que el difunto, y por tanto mayorazgo, se llama Celso, y ahora se encuentra en peligro de morir por una grave enfermedad cardiaca.

Le escribe a su sobrino y le invita a pasar unos días en el pueblo, para que conozca aquellos lugares, y tal vez, y esta sería, como luego se sabrá, su intención, que ocupe su lugar en aquel sitio tan a trasmano de todo y situado en lugar casi inaccesible. Tras pensarlo algún tiempo, Marcelo viaja hasta el sitio y allí se encuentra con su tío, al que casi no conocía, y con las gentes del lugar, Por lo pronto conoce a Chisco, que es el criado más fiel del amo y quien lo va a recoger a Reinosa y le acompaña como espolique por los vericuetos montunos hasta llegar al pueblo. Ya los paisajes que va viendo, le hacen darse cuenta de que entra en un lugar harto diferente al que él ha habitado hasta el momento, e incluso distinto a los que ha visitado en sus viajes. Luego irá completando más esta primera impresión con diferentes y continuadas excursiones a otros sitios de la montaña. Además, entre sus conocimientos más importantes, está el de don Sabas, el cura, hombre muy bondadoso y de gran carácter; el médico Neluco Celis, con el que traba una profunda y fructuosa amistad, y don Pedro Nolasco, hombrón de estatura imponente y gran comilón, y su hija Mari Pepa, y sobre todo su nieta Lita, o Lituca, de la que pronto se prenda y a que la cree erróneamente objeto de las miras amorosas del médico.

En la casa están además Facia, una criada fiel que tiene una historia obscura por sus amores con un trapacero feriante, que llegó al pueblo, la enamoró y casó con ella contra la voluntad de don Celso, quien, no obstante, le dejó en aparcería una finca. El marido la abandonó con una hija llamada Tona, que también trabaja en la casa, a la cual regresó Facia tras el abandono marital. Ahora el antiguo marido la ronda de nuevo y le saca el producto de sus soldadas, e incluso se ha propuesto robar en la casa con la ayuda de Facia.

Ésta, que ya no puede más, casi hacia el final de la novela confiesa el asunto a Marcelo, y éste está preparado para el evento, que no se produce por una gran cellisca. Unos días después, se enterarán de que el malvado ha muerto congelado en una cueva, en unión de dos sobrinos segundos de don Celso y gentes de muy mal vivir. Siguiendo el asunto principal de la novela, Marcelo hace excursiones con Chisco y con otro mozallón de la localidad llamado Pito Salces, enamorado de Tona, y hasta llegan a ir a la caza de osos y logran abatir a dos y a sus crías. Don Celso está cada día peor, y todos en el lugar muy preocupados de su sucesión como patriarca, o algo parecido, ya que es quien mantiene de facto el orden en aquel sitio tan apartado y quien procura ayudar a los más menesterosos y repartir con bondad y equidad sus apoyos.

Todo el mundo le quiere y le respeta y la tertulia en su cocina es una institución. Marcelo se va acomodando a aquella vida y sus excursiones con el cura, el médico y los mozos le hacen conocer la comarca y a sus gentes, entre las que hay algunas muy destacadas como la familia de Neluco, que es de otro pueblo llamado Robacio, y un hidalgo de otro lugar, por nombre Provedaño y que es por tanto el señor de Provedaño, y al que creo que, curiosamente, Pereda no menciona en ningún momento de la novela por su nombre. Éste es un curioso personaje, labrador y erudito escritor, cronista de la montaña, y también, como don Celso, protector de su lugar, pero con una parroquia no tan agradecida como la del tío de Marcelo.

Ya conocidos los personajes más famosos y los lugares de interés, llega el invierno y con él los temporales de nieve y frío, y todo ello agrava la enfermedad del tío, quien, al saber por su sobrino el interés de éste en seguir su obra en el lugar, en la medida de su fuerzas, se emociona y le hace saber que ya lo tiene nombrado heredero de todo el caudal, que es mucho para la zona, y le da instrucciones muy generales de lo que debe de hacer y le insta a que se guíe además por los consejos del cura y el médico. Fallece el tío, y su muerte es una gran manifestación de duelo, no sólo en la aldea, sino también en los valles circunvecinos. Vienen de todos los lugares, hasta de los más lejanos, gentes de todo pelaje y algunos de gran distinción a hacerle el homenaje en el funeral.

Marcelo comienza su obra, pero se desanima, y, con los consejos de Neluco, sigue adelante, y además se vuelca definitivamente, animado por el médico, hacia la conquista de Lita, a quien ya pretende aunque no abiertamente, y ve que ella le corresponde, aunque tampoco se lo dice. Viaja a Madrid para arreglar sus asuntos y preparar una modificación de la casona, y, al regreso, pide la mano de Lita, tras la declaración, bien aceptada, y se instala ya definitivamente para proseguir la obra de su tío, que al parecer y según confiesa, pues escribe lo relatado algo después, ha sido fructífera y feliz. Novela escrita por el autor en 1893 y 1894, tiene al principio una introducción para dar noticia del fallecimiento de su hijo Juan Manuel, que le afectó profundamente. Ya no escribió ninguna novela larga posteriormente y apenas casi ninguna cosa más.

Se puede afirmar, sin ninguna duda, que ésta es tal vez su obra cumbre, y no hay en toda su producción ninguna que alcance tanta fuerza dramática ni logre la delicadeza de todo lo que pone en ella, ni unas descripciones y un lenguaje tan acertados y oportunos en cada línea y en cada momento de la acción.

Se vive la montaña a través de estas páginas y como si se estuviera en ella. Los personajes tienen tal fuerza que nos parecen ser de nuestro entorno y que sus vivencias les están aconteciendo a nuestro lado y en nuestra presencia. Así, al protagonista, que escribe en primera persona, se le advierte como un hombre noble y responsable, y que, cuando se ofrece a hacer de continuador del tío, ha meditado ya bien a lo que se aventura, y aún no sabe, en todo caso, si lo logrará, pero pone empeño en ello, y además, tras empaparse bien de lo que es la comarca y el lugar, mide sus fuerzas y pide apoyos, encontrándolos en el médico sobre todo y en el cura, y también de manera fundamental en el amor de Lita.

Sus diálogos con ella son una pura delicia, y, a través de los mismos y de lo que Pereda transmite, se ve en ella a la muchacha dulce y sencilla, honesta y pícara, bella y simpática, pizpireta, hacendosa y tímida todo a un tiempo.

La Deriva

Deja un comentario

El email no será público.