¿Podemos pagar una sanidad pública de calidad? Miguel Such. Cirujano cardiovascular - El Sol Digital

¿Podemos pagar una sanidad pública de calidad? Miguel Such. Cirujano cardiovascular

La respuesta parece fácil y rápida: Sí, dedicando más dinero. Básicamente,1 es lo que piden los que se manifiestan pidiendo un nuevo hospital: abrir los ya construidos y no completamente utilizados, abrir plantas cerradas en otros, contratar personal para operar por las tardes…  en definitiva, aumentar los servicios hasta cubrir las demandas sin esperas. Aunque el dinero fuera ilimitado, dudo mucho que las cosas se arreglaran sólo con más medios.

Pero estamos en una época en la que se dan soluciones simples a problemas complejos, que se aceptan por gran número de personas sin el menor análisis, lo que incita a que algunos nos ofrezcan cualquier cosa sin hablarnos “del precio” a pagar por ello. Y no hablo solo de dinero. ¿Populismo?

De entrada, ¿qué es una “sanidad de calidad”? Es también fácil dar respuestas simples: sin listas de espera para acudir a cualquier especialista o realizar pruebas de cualquier complejidad,  urgencias grandes, bien organizadas y atendidas sin demora a cualquier hora del día y de la noche, médicos excelentes y conocedores de las últimas técnicas en todos los tratamientos posibles, enfermería bien formada, entregada y amable con los pacientes, medicamentos gratis para todos, sea cual sea su precio o su eficacia en términos de años de vida conseguidos… (“sé práctico: pide lo imposible”).

Hace unos días, un especialista me contaba que estando de guardia (trabajando desde las 8 de la mañana, interviniendo pacientes y solucionando problemas graves) se va a descansar a las 2 de la madrugada, y lo despiertan a las 3: un paciente había acudido a urgencias porque se había despertado a media noche y le parecía que veía borroso. Y el médico me decía que el que “de verdad veía borroso” era él, al tener que levantarse en la primera hora de sueño tras muchas de trabajo. ¿Eso es “calidad de asistencia”? ¿Cómo operaría a una “urgencia de verdad” si hubiera llegado en la hora siguiente? ¿Dónde está la calidad? ¿Operar descansado al que lo necesita o atender cualquier cosa “no urgente” a cualquier hora?  Las urgencias de nuestros hospitales son las mejores resolviendo, 24 horas al día, cualquier situación que amenace nuestra vida. ¿Es esto compatible con diagnosticar y tratar cualquier problema médico que nos preocupe a la hora que nos parezca? ¿Cómo evitar que a las urgencias hospitalarias acudan problemas sin gravedad y que, por tanto, no requieren asistencia urgente, pero que saturan las instalaciones? Si el uso de bolsas del supermercado se ha reducido por no pagar ¡¡¡5 céntimos!!!, ¿Evitaría el pago de una cantidad simbólica muchas urgencias innecesarias?

Los problemas en sanidad son múltiples y complejos: ¿Es mejor viajar 200 km y aumentar las posibilidades de sobrevivir acudiendo a un “centro de excelencia”, o tener todos los servicios cerca de casa aunque fallezcan más pacientes por la menor experiencia de los equipos? ¿Puede cada hospital tener los resultados de los mejores centros americanos? Científicamente está demostrado que la posibilidad de no morir por enfermedades graves, como las de corazón o muchos cánceres, está relacionada con el número de pacientes que ese centro trate cada año. En Cirugía Cardiaca, esto es tan bien conocido, que la mayoría de los centros de prestigio del mundo operan entre mil quinientos y tres mil pacientes cada año, obteniendo los mejores resultados. ¿Por qué en España ningún hospital alcanza los mil pacientes/año? ¿Por qué ningún hospital andaluz llega a las 500 operaciones anuales?

La respuesta podría estar en que desconocemos los resultados de cada hospital (el número de pacientes fallecidos de cada 100 operados) y aún más la calidad del tratamiento ofertado (reparar válvulas en lugar de poner prótesis, hacer cirugías menos invasivas, etc), ¿Seguimos abriendo hospitales y servicios de cirugía cardiaca para no tener que desplazarnos?  ¿Esta es la “calidad” que buscamos?

Esto es extrapolable a todas las especialidades médicas: la especialización salva vidas y debemos tener cirujanos muy entrenados para realizar, a ser posible sin ingreso, cirugías de baja complejidad en hospitales pequeños, y también expertos que traten mejor que nadie a los pacientes crónicos en sus casas o en hospitales de día. Los problemas graves que comprometen nuestra vida deben concentrarse en muy pocos centros, con la mejor tecnología, con médicos muy especializados (e incentivados) y con mucha experiencia para tener los mejores resultados y la menor mortalidad. Y no importa lo lejos que esté ese centro: muchos pacientes (si pueden permitírselo) vuelan miles de kilómetros para ser tratados en los mejores hospitales del mundo buscando las mayores posibilidades de supervivencia. Recorrer algunos kilómetros con nuestras excelentes comunicaciones, compensa si con ello se salvan vidas ¿Por qué el objetivo de muchos “movimientos ciudadanos” es construir grandes centros médicos cercanos en vez de pedir la mejor calidad en los tratamientos? Posiblemente, este país tenga que superar el recuerdo, no tan lejano, de no tener médico si no podía pagarse. Que “todos” tengamos médico sin preocuparnos del dinero, fue un avance tan bien recibido, que nos hemos conformado con eso durante muchos años. Ahora sabemos (o deberíamos saber) que “no es gratis”, y que entre todos pagamos miles de millones de euros para mantener el sistema. Y que ese IVA que pagamos con el pan, o tomando una cerveza, y muchos otros impuestos, sirven en parte para pagar la sanidad. Y es el momento de exigir que sea buena, y que nos cueste lo menos posible. Y para eso, necesitamos saber resultados: En cuanto al coste, aún sin tener conocimientos de economía, parece que solo la competencia, asociada a la calidad real y “auditada” consigue disminuir el gasto. Nuestro sistema sanitario se basa en una supuesta igualdad de resultados (y de gasto) en todos los centros. Todos sabemos que eso es falso (porque es imposible), pero todos miramos para otro lado y lo aceptamos sin más. ¿Cuánto tiempo podremos mantener aún la ficción? Si un hospital consigue que sus pacientes vivan más, y además sus tratamientos tienen un coste inferior, ¿deberíamos potenciarlo?, ¿deberían sus gestores ganar más por habernos ahorrado gastos a todos?, ¿deberían ampliar sus instalaciones para que más pacientes se beneficiaran de sus mejores resultados?, ¿deberíamos permitir que cualquier paciente acuda a ellos viva donde viva? Ninguna respuesta afirmativa a estas preguntas es compatible con nuestro sistema sanitario.

Es un dato objetivo, que nuestra sanidad es una de las mejores del mundo: esperanza de vida, mortalidad perinatal, y otros muchos parámetros macrosanitarios lo atestiguan. Pero su estructura no se diferencia mucho de la que se diseñó en tiempos de la dictadura; y los cuidados de salud han cambiado tanto en estos 70 años que cada día es más evidente que los nuestros ya no responden a las necesidades de la población. Y ante eso, la respuesta fácil: más dinero, más médicos, más hospitales, más… ¿Podríamos estudiar implantar centros de crónicos, sacando a estos pacientes de los hospitales y aumentando la asistencia domiciliaria? Hay muchos datos a favor de este cambio. La tecnología avanza a gran velocidad facilitando con pulseras, relojes, camisetas, etc., la trasmisión de nuestros datos de salud de forma continua para adelantarnos a las recaídas y evitando los gastos de hospitalización. ¿Miramos al futuro o seguimos en un presente-pasado imposible?

No tengo (afortunadamente) ninguna solución a los problemas. Soy únicamente un “observador crítico” con mas de 40 años de trabajo como médico de hospital, lo que me da una visión “exclusivamente personal” de los problemas. Y mi única conclusión es que es indispensable un debate profundo entre “expertos en organización sanitaria”, sin prejuicios ideológicos previos, asesorados por profesionales de la asistencia y de la economía, para buscar soluciones nuevas a problemas que ni siquiera existían hace pocos años. Tenemos que pedir ya ese “Pacto de Estado” entre todos los partidos políticos para plantear reformas basadas en datos y conseguir una sanidad con resultados contrastados y sostenible en “cualquier futuro”. La salud de los españoles merece que deje de ser arma electoral y se convierta en objetivo compartido por todos. Así conoceremos cuánto cuesta ahora y cuánto podemos gastar, y qué queremos hacer con ese dinero, e incluso a qué tendríamos que renunciar si queremos o necesitamos gastar más. Y, por encima de todo, con una calidad conocida y contrastada en todo el sistema.

One thought on “¿Podemos pagar una sanidad pública de calidad? Miguel Such. Cirujano cardiovascular”

Pepicon

17 enero , 2018

Varios aspectos: 1) Tratar la sanidad pública exclusivamente desde la perspectiva economicista lleva siempre a la misma solución: no hay tal solución para un país pobre, endeudado, y que a duras penas puede seguir las tendencias modernas en tecnología sanitaria. 2) Existen varios ejemplos de gestión de la sanidad pública en países de nuestro entorno que funcionan a satisfacción. Declarar que la sanidad pública española está entre las mejores del mundo crea falsas expectativas a los ciudadanos. Según Eurostat, el gasto per cápita sanitario en ciertas funciones en España en 2015 ascendió a unos 2100 €, en tanto que en Bélgica para idénticas funciones fue de 3800 €, en Francia 3600, en Países Bajos 4300, en Suecia 5100, Austria 4100, y así sucesivamente. Aunque habría que corregir varios factores para hacer estos datos exactamente comparables, resulta complicado entender que con un gasto sanitario sensiblemente inferior, en nuestro país se pueda ofrecer un servicio superior al de los países que deberían servirnos de referencia. 3) Los avances científicos y tecnológicos harán que cada vez menos dependamos del factor humano en diagnóstico y, quizá, en tratamiento. Nuestro país -palmariamente colonizado en tecnología- habrá de pagar a precios altísimos la importación de los nuevos instrumentos y métodos de diagnóstico. Esto es más que patente a día de hoy y lo será más en el futuro, lo que contribuirá aún más a desequilibrar la balanza presupuestaria. 4) La gestión de la sanidad pública choca frontalmente con intereses espurios de ciertos sectores, que resultan claves en su funcionamiento. Estos intereses están fuertemente anclados en hábitos arcaicos, que han desparecido en la mayoría de las democracias modernas. 5) Aparte de los facultativos, existe una amplia penetración de los sindicatos en el resto de los profesionales de la sanidad pública. Puesto que es bien sabido que en asunto de sindicalismo hemos excedido en nuestro país los límites de lo razonable, los efectos son evidentes muy especialmente en calidad asistencial.

Reply

Deja un comentario

El email no será público.