“Seas de donde seas eres americano”

“Seas de donde seas eres americano”

Miguel Cabra Apalategui, un diseñador industrial malagueño en California

VAM

Miguel Cabra Apalategui, malagueño, es diseñador industrial en el área de San Francisco, en los Estados Unidos. Dispone de la llamada “carta verde” y trabaja como independiente en el país de las oportunidades. Lo mismo estudia un teléfono móvil, alimentos o el packaging, cualquier producto con diseño, y así empezó y sigue en el mundode la creatividad. Ha trabajado con firmas de tanto prestigio como Nestlé, Pepsi o Conagra.
“Ellos -se refiere a las empresas, explica Miguel- tienen una idea, o un problema, son líderes en su sector y me hacen una propuesta que yo investigo y a la que intento responder”. Es lo que se conoce también como design thinking. Para eso tiene que hablar con los usuarios del producto de que se trate y así surgen también las ideas. “Yo lo que planteo son soluciones”, continúa Miguel, que añade: “También voy a las fábricas de las que salen los productos para entender las limitaciones técnicas porque, por definición, no se pueden hacer productos imposibles. Lo que pretendo es conseguir cosas que la gente quiere, pero utilizando lo que hay, la maquinaria, la tecnología disponible, para no construir castillos en el aire”, dice Miguel, que lo concreta en la expresión seasible innovation, y nos pone el ejemplo de un pan de pita crujiente, como unos chips, producto de Conagra que, en dos meses, lo que fue una idea se convirtió en un artículo más del supermercado. O unos bombones para Nestlé, que no está seguro de si llegaron a salir al mercado, porque no todo lo que se idea después se convierte en una realidad. Trabajar para la innovación tiene mucho de experimentación.
A él le pagan por un contrato que firma con la empresa de que se trate pero hay que tener en cuenta que en un país como los Estados Unidos la escala es gigante en cuanto al mercado y así un producto puede estar destinado a millones de consumidores, “y cualquier innovación tiene un impacto enorme, pero hay mucha competencia, hay mucha gente apretando, la gente tiene mucha voluntad y les gusta trabajar, a diferencia de lo que sucede aquí que, en general, parece que se trabaja lo menos posible”, comenta con pesar.
Miguel se va a un bar con su ordenador, por ejemplo, y se pone a trabajar y pasan las horas y ya veremos qué sale de su cabecita. Hay mucha energía por doquier. Comenta: “Sí, me siento algo norteamericano, cuando vengo a España ya no me siento cien por cien español. La verdad es que admiro buena parte del espíritu norteamericano pero les falta fondo, preguntarse ¿y por qué estoy haciendo esto?, saben hacer las cosas pero no saben bien por qué. Europa no tiene tanta iniciativa. El dinero les hace perder el norte y en eso no estoy de acuerdo”.
En la conversación vamos de lo material a lo espiritual porque Miguel Cabra, pese a sus contactos con la industria de los EEUU y con ese modo de vida que describe, le concede una gran importancia al espíritu, de ahí que me diga que “hay mucha religiosidad, pero no sé si tanta espiritualidad”. Todo tiene su reflejo en las calles de California: “La gente por la calle no es tan afectiva como aquí, ellos tienen como algo negativo mostrar sus afectos, lo que llaman pda”.
Respecto a si los USA están en declive y China viene pisando fuerte sólo dice que “puede ser, porque los Estados Unidos han enseñado al mundo cómo hacer dinero pero los ciclos de progreso de una potencia como EEUU son enormes”.
Trabaja cerca de de San Francisco, ciudad que hay que conocer para hacerse una idea del marco en el que se desenvuelve, aquí quizá sólo la tengamos en mente por sus calles de pronunciadas pendientes, por el poderío del lobby homosexual o la cárcel ya vacía de Alcatraz.

-¿Y mañana, Miguel, qué piensas hacer?, ¿seguirás allí, al otro lado del Atlántico?, ¿qué planes tienes?
-Quedarme allí. Es la cultura que mejor te recibe, nadie te dice que te vuelvas a tu país, nadie te pone pegas. Seas de donde seas eres americano. Mi anhelo de España es solo familiar. Quizá monte una empresa con antiguos compañeros, no sé. Pero me va bien como freelance, es mucho más fácil que aquí.

– Entonces ya te pica el gusanillo empresarial.
– Mucho más el gusanillo de la libertad. El caso es que no puedes dar marcha atrás una vez que empiezas. España tiene otro contexto. A mí, los Estados Unidos me han cambiado, hay unas circunstancias muy favorables. Al año pago unos 25 dólares por darme de alta como freelance y pagas en función de lo que hayas ganado, si no ganas nada no pagas nada, los impuestos son muy bajos. Te lo ponen fácil para que emprendas algo.
Cuando cuelgo el teléfono, después de hablar con este joven que de Málaga marchó a estudiar a Barcelona y poco después dio el salto, pienso que es mayor la distancia de las mentalidades que la geográfica entre un país, España, y otro, los Estados Unidos de Norteamérica, y no es ya solo por el tamaño de ambas naciones, que también, claro está, sino por las ideas que un día los primeros colonos venidos de las islas británicas supieron defender y que los padres de la Revolución asentaron hasta hoy. Cuando ahora vemos a los norteamericanos con la mano en el pecho y entonando el himno nacional, la verdad es que se siente una cierta envidia.

Deja un comentario

El email no será público.