Solo faltó Arévalo. El Cirque du Soleil versión José Luis Moreno.

Solo faltó Arévalo. El Cirque du Soleil versión José Luis Moreno.

Israel Mármol, economista

Una tira de Dilbert decía: “No tenemos producto, el precio no es competitivo, no ofrecemos servicios adicionales y la garantía da problemas. Solo nos queda el fraude, pero preferimos llamarlo Marketing.”
Sin que tenga nada que ver, el otro día se me ocurrió ir a ver el Cabaret Maldito, tercer espectáculo del Circo de los Horrores, que acaba de ampliar su estancia en Málaga hasta el próximo 9 de agosto. No creo que este comentario llegue a avisar a los potenciales espectadores de Málaga porque las entradas creo que están todas vendidas, pero a lo mejor alguien de Alicante o de cualquier otra ciudad acude informado de lo que es.
Todo empieza con un ingenioso “chiste” acerca de la belleza de una espectadora y el deseo del anfitrión de ingerir su flujo menstrual, piropo que casi me ha hecho cambiar de opinión acerca de lo injustificada que está la última campaña del Observatorio de la Violencia Machista sobre estos comentarios. En ese momento tuve la tentación de darme por vencido e ir a taquilla a que me reembolsaran la entrada. Pero aún estaba obnubilado por … digo, el marketing, y permanecí en mi localidad. Para mi desgracia. Me arrepentí.
Bueno, no todo empieza con ese “chiste”, antes, mientras ocupamos nuestro asiento, se produce la “performance” que ya conocemos de otras compañías: los actores se pasean por el vestíbulo y el patio de butacas interactuando con los espectadores. Hay alguna cosa divertida y otra que anticipa un horror que destaca, y mira que eso tiene mérito, sobre el nivel general.
Este anticipo es un tipo con una voz extremadamente desagradable, gritando con un megáfono consignas propias de su papel de predicador. Maldita la gracia que tienen las consignas y es de esos casos en los que se podría aplicar lo que se dice de ciertos grupos musicales “cantan poquito, pero desagradable.” Resulta insoportable. Insoportable de verdad. Del nivel de una tiza sobre una pizarra.
Y parte del “espectáculo” es el predicador paseando por las gradas y gritando mucho, tomándola con algún espectador y gritando desde la otra punta de la carpa una gracieta del estilo del “veintidó, veintidó” del Dúo Sacapuntas o similares, hasta conseguir ponerte de los nervios y agradecer que desaparezca y aparezca algún otro número.
Ahora pienso que puede ser un modo deliberado de que pienses que los demás números son buenos, por comparación de la auténtica basura del predicador.
Aviso a los que compren localidad de mesa junto al escenario. Es muy probable que les saquen a ser parte de alguno de los números. Pero lo que en otros espectáculos es divertido, por ejemplo en todas las ocasiones en que lo hace La Cubana, en este caso va de la vergüenza ajena a… la vergüenza ajena. O bien son preguntados repetidamente por temas sexuales u objeto de comentarios tan sutiles y divertidos como ese con el que comienzo este comentario o serán invitados a subir al escenario a sufrir todo lo anterior y algún abuso más. Y alguna de estas intervenciones tendrán como base chistes o “trampas” más viejas que el tebeo.
ATENCIÓN SPOILER: La gracia a la que me refiero es que el anfitrión pregunta al espectador por cinco marcas de whisky para después preguntar cinco marcas de preservativos y, ya que no es capaz de mencionar cinco, decir “pues menos beber y más follar, ¿eh?”. Esto debí oírlo hará como veinte años y ya por entonces tenía la gracia que ahora, solo que en su momento era una novedad. FIN del SPOILER.
Entre momento humorístico y momento humorístico se intercalan distintas actuaciones circenses. Mi novia, que solo ha visto un espectáculo del Cirque de Soleil, los conocía todos. Todos. Parece que José Luis Moreno haya comprado una franquicia del Circo del Sol y su espectáculo sea la versión de los veinte duros del original. Hay ocasiones en que los que están actuando dan verdadera pena, parece que lo estén pasando realmente mal al tratar de hacer un número muy por encima del nivel físico que tienen.
No hay mucho más que decir. Ascopena es un término que debería retirarse del léxico español porque no hay nada que lo merezca más que esto que vi. Es como cuando los Bulls de Chicago retiraron la camiseta con el 23 de Michael Jordan, esto merece quedarse con “da ascopena” para la eternidad y nada lo merecerá más.
No he visto los demás espectáculos, pero creo que merece la pena mencionar que solo en este se ha prohibido la entrada a menores, el equivalente a que se ha calificado con dos rombos, y la única razón que se me ocurre es un lamentable strip tease que hace una pobre chica sobre un piano. El strip tease tiene de rompedor lo mismo que aquel con el que se cerró por primera vez una gala de fin de año de TVE y el patetismo de aquella atracción de feria que ofrecía ver mujeres desnudas como si fueran animales enjaulados, cosas ambas que solo recordarán algunos de mi generación, y solo los que no hayan tenido éxito en olvidar algo tan traumático.
Es también parecido al supuesto desnudo de la famosa Kim, aquella azafata tonta del “1, 2, 3”, que era tan insoportable como el predicador que he mencionado antes.
Ya ven que todas las referencias son tan modernas como el Varón Dandy o el Floyd, solo les faltó invitar a los espectadores a un Frigurón o un Frigopié y una Mirinda.
Solo fui a ver esto porque el envoltorio está muy cuidado: la escenografía es curiosa, las imágenes de la página web y fotos de las actuaciones llaman la atención y todo da la impresión de que es un espectáculo de calidad. Quizá ahora la tira de Dilbert con la que abro el artículo tenga sentido. Bueno, si la hubiera incluido con intención de aplicarla a esto. Que no es el caso. O sí.

La Deriva

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