Terrorismo 2.0.: La nueva era ha llegado - El Sol Digital
Terrorismo 2.0.:  La nueva era ha llegado

Terrorismo 2.0.: La nueva era ha llegado

Todo el mundo ha visto alguna vez alguna película en la que sucede un atraco a un banco o bien un asalto y toma de rehenes. En este tipo de situaciones el modus operandi de los delincuentes suele ser siempre el mismo; primero, resuelven la resistencia oficial, es decir, inhabilitan al guarda de seguridad que allí pueda encontrarse, a continuación se descubren a los allí presentes como delincuentes y de manera ipso facto dan la primera orden, “las manos arriba, esto es un atraco”. Con la situación controlada hay que asegurarse de que ésta no deje de serlo, hay que asegurarse de que se puede cumplir el objeto del asalto sin resistencia, sin policía. De ahí que, tal y como nos ha enseñado Hollywood, lo que sigue a esto sea reunir a los rehenes y despojarles de sus herramientas de comunicación; teléfonos, buscas, ordenadores o tablets. Ahora que la situación está controlada y se ha impedido el aviso a la policía, el asalto puede seguir de una manera “tranquila” su curso, pretendiendo conseguir los asaltantes cualquier objetivo. Más o menos fiel a la realidad o a las muchas películas que han interpretado este tipo de actos éstos son unos pasos razonables y coherentes. Hasta ahora.

Ocurre que nos encontramos en pleno auge de la era de la información, un tiempo en el que cualquier individuo, en cualquier parte del mundo, necesita poco para poder exportar un mensaje que llegue al mundo entero en cuestión de décimas de segundo. En la actualidad, tal y como puede verse habitualmente en la parrilla televisiva, existen muchas personas que anhelan su momento de fama y que estarían dispuestos a mucho por tan poco. Parecen todos ellos motivados por una necesidad de sentirse escuchados, atendidos, de sentirse importantes. Pero no todos aquellos que persiguen su minuto de gloria desean unos objetivos tan banales, existen tantos otros que esconden su ego y su vanidad detrás de una causa mayor a la que se adhieren. Así sucede con el grupo terrorista que en estos momentos domina el miedo mundial, el grupo terrorista que está lanzando al mar, en busca de Europa, a cientos de miles de sirios que se han visto obligados a exiliarse en busca de un futuro mejor, de una oportunidad de vivir en paz. Este grupo terrorista ofrece entre sus valores la fama (y el cielo) a cambio de la lucha activa en contra de aquellos enemigos de DAESH (acrónimo en español de “Estado Islámico de Irak y el Levante” en árabe), que son todos los demás. Miles de fotografías y cuentas en redes sociales abalan esta afirmación. En estas cuentas pueden verse a los muyahidines, término que designa al luchador de la yihad, vanagloriados, sobre todo a aquellos que provienen del extranjero y que no solo son postulados como grandes luchadores y seguidores de las palabras más conservadoras de Mahoma, sino que también son expuestos como trofeos en la lucha propagandística contra Occidente. A jóvenes y no tan jóvenes de todo el mundo se les llama la atención desde la poderosa máquina propagandística de DAESH con los videos sádicos que ya todos conocemos, se les informa y convence con multitud de información variada sobre la organización del grupo radical y por último se inicia una toma de contacto privada entre la organización y ellos. Entonces el camino que pueden tomar aquellos conversos a los ideales terroristas son o bien marchar hacia Irak o Siria y luchar en la yihad o bien quedarse en sus países de residencia, como Francia, Estados Unidos o España, y desde allí ayudar a la consecución de los objetivos de DAESH bien consiguiendo financiación, buscando más adeptos o actuando como células terroristas (durmientes o no). Es un hecho que aquellos que apoyan a Estado Islámico son bastante activos en sus apoyos, como pueden verse en las frecuentes detenciones de las que se hace eco la prensa española.

De estos conversos, ahora más que simpatizantes de DAESH pertenecientes al mismo, aquellos que optan por ayudar a la organización radical a través del terrorismo, aún pocos, no tienen como objetivos el simple caos y la muerte sino que sus actos terroristas persiguen la emisión de un mensaje. Los mensajes que desean transmitir tienen una duplicidad de significados, el del continente y el del contenido. El del continente se trata del mero hecho de que pueda perpetrarse un acto terrorista, por ejemplo, en pleno corazón de París a la luz del día. Este mensaje causa miedo en la población, que se ve insegura e impotente al no poder identificar al enemigo. El mensaje del contenido es el propio mensaje que emite el terrorista haciendo uso de su poder, de su poder de asesinar a la gente que tiene retenida. En París sucedió que una televisión nacional (BFM-TV) obtuvo el teléfono de la imprenta donde los hermanos Kouachi se guardaron de la policía y mantuvo una conversación con ambos mientras se prolongaba el secuestro de varios trabajadores de la imprenta, a las afueras de París. Fue por orden policial que el mensaje no se publicó en directo, pero sí se hizo más tarde, consiguiendo el asesino su doble objetivo.
En Sídney, en una cafetería Lindt situada en el centro de la ciudad, ocurrió algo muy parecido. Man Haron Monis, un exiliado chií en Australia, tomó bajo fuerza una cafetería de Sídney tras haberse convertido a la rama suní del Islam y haberse autoproclamado clérigo y leal a Estado Islámico. Así, el 16 de diciembre de 2014 sucedió la crisis de los rehenes. Su objetivo no era el dinero, pues él sabía que si perpetraba aquel acto no saldría vivo de él. Fue entonces cuando se transformó la clásica escena de atraco.

Primero, entró en la cafetería, que no poseía miembros de seguridad. Luego se reveló como asaltante, quizá exhibió algún arma o quizá fueron explosivos, cundió el pánico, algunos pudieron huir en ese momento pero la mayoría de los allí presentes no tuvieron esa oportunidad. La situación estaba bajo control cuando cerró las puertas automáticas del establecimiento y obligó a apoyarse en la cristalera del local a los rehenes una vez la policía había acudido al lugar. Así, con todo “tranquilo”, se dirigió a la policía y pidió una shahada y la oportunidad de hablar con el primer ministro australiano, Tony Abbott. Le entregaron la shahada, que es una bandera negra donde resalta en blanco “no hay más Dios que Alá y Mohamed es el mensajero de Alá” y que se atribuye al Islam en general. Sobre la llamada al primer ministro no se sabe si se efectuó o no. Entonces, en ese momento, obligó a los rehenes a cumplir el objetivo real de ese asalto; convertirse en un altavoz del cual los medios de comunicación de medio mundo se harían eco. Dispuso a tres rehenes a su antojo, uno sostenía su propio teléfono móvil, grabando, otro, sentado frente a la cámara, leía un mensaje que criticaba las políticas de occidente y alababa las acciones de Estado Islámico y, el último de los tres, firme tras el improvisado portavoz, sostenía la shahada, que decoraba el fondo de la imagen ahora grabada. Tras la grabación de varios mensajes, todos siguiendo esta misma estructura humana, fueron los rehenes obligados a subirlos a sus redes sociales y en especial a Youtube. El video se extendió rápidamente por la Red y en seguida fue descargado y resubido a otros portales de videos y sitios remotos de Internet. Finalmente, el secuestro acabó, como ya saben, con el asalto policial al café y el saldo de tres muertes, una de ellas la de Man Monis.
Él, Man Monis, consiguió su doble objetivo, alimentar el miedo de la población australiana a través de un atentado en una de sus más importantes ciudades y que su radical mensaje se escuchase en todo el mundo a través de los videos que grabó a través de sus rehenes y que a pesar de los esfuerzos de la policía por eliminarlos de Internet aún están al alcance del usuario en muchos portales especializados en contenido prohibido. El terrorismo actual no ha dejado la violencia que le caracteriza pero ha sabido adaptarse a la nueva era, la era de la información, incorporando a sus armas la propaganda. No es sino gracias a la propaganda que Estado Islámico ha logrado colarse en los hogares de todo el mundo a través de unos noticieros televisivos que se alarmaban de los videos de gran calidad audiovisual que son publicados desde Irak y Siria y que tienen el sello y la firma de DAESH. Gracias a la propaganda es que miles de personas de todo el mundo han emigrado a Oriente Medio con el objeto de enrolarse en las filas del grupo terrorista radical.

El giro que han tomado algunos grupos terroristas, sin duda impulsados por Estado Islámico, en cuanto al cuidado de su comunicación de masas no es fortuito, es estudiado y ha dado grandes beneficios. Estos nuevos métodos no son una moda, no es algo pasajero, una nueva era del terrorismo ha comenzado; la era del terrorismo 2.0. La propaganda terrorista se ha convertido en un virus cuyo hábitat es el mundo y es ahí, aquí, donde se reproduce y se difunde de una manera alarmante. El virus se ha propagado y esta sociedad de la información, de la sobreinformación, donde la cantidad diaria de nuevo contenido online es ingente e incontrolable, no puede reaccionar ante él, es débil en su mayor logro, Internet. Aún no se ha conseguido vacuna pero su urgencia es cada vez mayor. Las consecuencias de la máquina propagandística de Estado Islámico en Occidente pueden ser nefastas. Francia, Australia, Túnez, Canadá, Kuwait o Turquía son algunos de los países que ya han experimentado algunas de estas consecuencias. España espera un atentado a medio o corto plazo. La nueva era ha comenzado y quizá no debería darnos tanto miedo hasta dónde podría llegar Estado Islámico sino cuánto ha podido influir éste en otros grupos terroristas actuales y futuros.

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