Terrorismo 2.0

DAESH firma con sello propio el terror
Miguel Ruiz Fernández

Imagínense estar 16 horas secuestrados. Dieciséis horas sin saber qué ocurrirá con sus vidas en una situación de tensión total y de shock. Pues bien, esto fue lo que vivieron seis personas inocentes (11 lograron escapar) el pasado 15 de diciembre en una cafetería de la zona financiera de Sidney cuando Man Haron Monis, clérigo musulmán originario de Irán, les secuestró sin tener, en apariencia, ningún motivo especial.
Una pregunta sin una clara respuesta es, precisamente, el por qué. ¿Qué causas
llevaron a este autoproclamado líder religioso pero radical islamista a atentar contra aquella cafetería Lindt y no, por ejemplo, la tienda Tiffany & Co de la calle paralela, la iglesia de Saint James del final de la calle, la oficina de impuestos a tres minutos andando o cualesquiera de los abundantes centros comerciales que se encuentran en los alrededores?
La respuesta que aquí se propone es que el sitio era, precisamente, lo menos importante. El mensaje era el fin de un atroz acto terrorista.
No importaba el contexto, importaba transmitir un mensaje al mundo entero, un mensaje de terror y miedo; Estado Islámico está entre nosotros, en cualquier parte del mundo, cuando y donde uno menos puede esperárselo.
El mensaje llegó a todas las televisiones y todos los periódicos. Man Haron consiguió su momento de gloria, consiguió su objetivo a tiro de escopeta. La cuestión sobre la promoción de este tipo de conductas a través de medios de comunicación masivos es bastante compleja y no se analizará aquí. Sí se abordará un paradigma que surge de las nuevas tecnologías y que hace innecesaria la dependencia de la difusión a través de los medios convencionales como son la prensa o la televisión gracias a medios alternativos y no menos influyentes.
Todos recordarán escenas típicas de películas hollywoodienses de atracos a bancos u otro tipo de establecimientos como pueden ser El plan perfecto, el inicio de Pulp Fiction o un largo etcétera. El modus operandi básico en estas tramas se repite, entra sigilosamente todo el equipo en el sitio en cuestión disfrazados o con los rostros ocultos, alzan sus armas, gritan “todo el mundo al suelo” y todos hacen lo que les piden por salvar sus vidas. Con la situación controlada y mientras que no sea un asalto express la primera acción a realizar por parte de los atracadores o secuestradores es inhabilitar a los rehenes a comunicarse con el mundo exterior y, entre otros, avisar a la policía para así hacer su asalto más fácil.

 

Es aquí a lo que el autor de estas líneas se refiere con el nuevo paradigma. El método ha cambiado completamente. Ahora los pasos son distintos. Es una persona de apariencia normal en cuanto a vestimenta y modos quien entra en un establecimiento cualquiera (una imprenta, un supermercado, como en París pocos días después), exhibe su potencial armamentístico, y no solo no requisa los dispositivos móviles a sus ahora rehenes sino que además les insta, más bien les obliga, a publicar su nueva situación de reclusión. Facebook, Twitter y Youtube son los nuevos medios de comunicación masivos, los sustitutos de la televisión y de la prensa, los altavoces del siglo XXI y la mejor herramienta comunicativa para aquellos que no pueden permitirse comprar espacios televisivos o para aquellos otros a los que, como en esta ocasión, se les impide salir a antena.

 

En Sidney, el día 15 de diciembre de 2014, Man Haron obligó a difundir sus mensajes propagandísticos con todos aquellos seguidores de sus cuentas en redes sociales. Poco o nada le preocupaba si la policía ya había tomado posiciones a las puertas de la cafetería, él sabía que si entraba allí ya no saldría vivo. Él sabía que sería un mártir, un perfecto final para un islamista radical, un final que le abriría las puertas de su peculiar cielo.

 

Una vez tuvo controlada la situación en el interior se puso en contacto con canales de radio y televisión a través de sus rehenes, quienes trasladaron las exigencias y mensajes de Haron con el objetivo de que se publicasen en directo. La policía australiana consiguió mantener dichas publicaciones sin emitir durante el periodo de secuestro. Al no conseguir salir en directo a través de los medios de comunicación convencionales pensó en una solución igualmente eficaz, si es que no estaba ya entre sus planes.
Hay que contextualizar que Estado Islámico se caracteriza por su inversión y especial mimo en cuanto a sus constantes publicaciones. Videos, imágenes, textos, reportajes… todo es y debe ser contado. Como decía García Márquez, lo que no se comunica no existe. Esta máxima es la que hizo a esta organización criminal crear entre sus ministerios uno dedicado a los medios y la comunicación, cuyo objetivo es, precisamente, dotar de existencia a todas sus acciones a través de la creación de una abrumadora cantidad de información audiovisual de fácil comprensión gracias a unos símbolos definidos y dotados de significado.
Así pues, con la shahada (la bandera representativa de la yihad y usada entre otros por Estado Islámico) sostenida por uno de los rehenes, otro de ellos hablando a la cámara y un tercero grabando, siendo el secuestrador el “director”, se grabaron una serie de videos desde dentro de la cafetería que se difundieron instantáneamente a través de redes sociales como Youtube y que, a pesar de que fueron retirados en pocas horas, tuvieron una gran repercusión. Foros de información alternativa aún mantienen estas grabaciones en línea, expuestas al gran público.
Estas grabaciones marcaron un hito en cuanto a la comunicación terrorista. El salto cualitativo es considerable y nada banal. Si el terrorismo per se es peligroso, el terrorismo que sabe comunicar lo es doblemente, puesto que como todos pudimos ver pocos días después en París se convierte en un agente viralizador. En diciembre de 2014 en una entrevista de Paris Match a Bachar al-Assad, presidente de Siria, éste afirmó cuando le preguntaban sobre las células durmientes terroristas europeas que “el terrorismo en Europa no está durmiendo, se ha despertado”. Una afirmación in-quietante que para aquellos que seguimos las noticias sobre esta “nueva era” del te-rrorismo europeo cada vez está más cerca de la realidad y menos de la especulación.

 

El mundo libre no solo se enfrenta a unos cientos o miles de soldados al mando de una potente organización terrorista, sino a un fenómeno de contagio social y de siembra del terror a partes iguales. Contagio en cuanto a aquellas personas débiles de voluntad que puedan caer presa de una propaganda fácil y poco consistente que les empuje a atentar contra los mismos países que les brindaron una vida segura y digna y siembra en cuanto al resto de la población que teme el acecho y la violencia extrema de este grupo terrorista y despreciable que poco sabe de la honorabilidad bélica.

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