Terrorismo todo a 100, por Carmelo San Martín Díaz-Guijarro - El Sol Digital

Terrorismo todo a 100, por Carmelo San Martín Díaz-Guijarro

Sobre terrorismo “yihadista”, o como se diga. Perversidad humana en estado puro, al igual que cualquiera de sus siniestros parientes de la familia terrorista. España duele más de lo que nadie quisiera doler. Los tópicos lloran desconsolados su infame verdad. Lo último, el terrorismo de rebajas, canallescamente pobretón, escombrera del infierno. Terroristas de usar y tirar, frenopáticos “petaos” de media luna. ¿Serviría para obtener medalla en la Guerra Santa “low cost”, arrojar una nevera por la ventana al paso de la gente desprevenida o, como maniobra de distracción, tirarse un pedo en un cine? ¡Que el Señor nos proteja y Miguel Gila me disculpe!, ante la nueva generación “majarona” de armas de destrucción masiva de la confianza.  Por Spectra se dice que los juramentados no han superado el examen de ingreso y el Profesor Moriarty se descojona recordando sus faltas de ortografía. Sobre los hombros del odio al volante crecen blancas montañitas de caspa. Los pollos de cuco pierden la inocencia con los primeros gusanos robados a los que nunca tendrán por hermanos. La diosa madre de Egipto reniega de su noble nombre. En el paraíso de los creyentes, las huríes se han repasado su convenio colectivo y dicen a los sucedáneos de mártir que así no. Madame Sherezade, que afirma haber perdido la memoria, únicamente tiene un libro de Salman Rushdie para leer a los eternamente condenados por matonismo. Se busca trastero para apolilladas alfombras voladoras y lámparas con genio.

Los complejos propios arrecian el desprecio de los enemigos. Los hijos del resentimiento tienen mala memoria y no perdonan a los que un día les hicieron un sitio junto a la hoguera del futuro. De acuerdo, generalizar es malo, por supuesto, pero no limpiarse las inmundicias también. Los quintacolumnistas del terror dicen ajustar cuentas de sangre ofrecida en sacrificio a un lejano Mahdi. Engordar con el pan nuestro de cada día del Estado del Bienestar no cuenta. ¿Adormidera para “yihadistas” incautos?, no creo, cuesta un huevo y ahí lo dejo. Bueno será el día que Occidente se levante del diván diciendo “yo no tengo la culpa de todo”. El Islam nunca fue de peluche. Los incrédulos pueden pasarse y preguntar en Tarifa, Poitiers o las afueras de Viena. Ciertamente, los actuales “lobos solitarios” tienen aspiraciones más modestas, pero no menos crueles. ¿Dónde hay más peligro, paseando por una calle o participando en un acto institucional blindado? “Carlos” o el mismísimo Bin Laden, al menos se plantearon objetivos más complejos. No es un consuelo ante las atrocidades, es verdad, pero necesitaban mucho dinero, y ahora ni eso. Maldad invertebrada. Nivel de riesgo a demanda de pánico colectivo. Habrá que instar un localizador a todos los disfraces de payaso asesino. Bienaventurados los policías-zahories. ¡Quién lo iba a decir!, después de todo, la novela “1984” era una especie de secuela de “Utopía”. Putadas del darwinismo social. En Shangri-La han instalado cámaras por todas partes, y tan contentos.

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