Torremolinos: Regreso al futuro (II)

Torremolinos: Regreso al futuro (II)

Conferencia dada por Salvador Moreno Peralta, arquitecto urbanista y miembro de ASETHAN, en el Hotel Cervantes el 27 de octubre de 2015

Siguiendo una lógica comprensible, la nueva corporación de Torremolinos se ve apremiada a hacer cosas, porque el tiempo, hoy, discurre más deprisa que antaño y este municipio ya anda rezagado en un escenario fuertemente competitivo de emulación entre ciudades, lo cual es algo que acaba repercutiendo en el PIB de la ciudad y en el bienestar de sus ciudadanos, pues las ciudades son en sí mismas empresas generadoras de empleo y riqueza siempre que no pierdan el tren de la prosperidad que pasa ante ellas. Pero, sin querer con ello dar consejos a nadie, creo que sería bueno coordinar la premura con un cierto sosiego para analizar, desde el punto de vista estratégico, en dónde estamos, qué tipo de ciudad es Torremolinos y cómo debe insertarse en el flujo imparable de la modernidad, ocupando su adecuado lugar sin que ese flujo pase por encima de ella como la ola a un surfista inexperto.

En primer lugar, Torremolinos debe defender rabiosamente ante los órganos urbanísticos autonómicos su condición de CIUDAD TURÍSTICA, un concepto real, tangible, de nuevo cuño, pero que desde la distancia de los centros de poder autonómicos se está lejos de comprender, como lo demuestra, por ejemplo, el Plan Subregional del Área Metropolitana de Málaga en el cual se incluye. Hasta ahora, la “ciudad turística” ha sido un producto urbano estacionario: ciudades sobredensificadas en temporada alta y fantasmagóricas en invierno. Sin embargo, hoy día la costa es una conurbación con los hitos referenciales de lugares como Marbella, Fuengirola, Mijas costa, Benalmádena, el Arroyo de la Miel y la misma Torremolinos, que compaginan la fascinación de los lugares turísticos (es decir, lo “exótico”, lo distinto) con la normalidad de lo cotidiano. Ése es el éxito del nuevo modelo de “Ciudades Turísticas” que se resiste a ser entendido por el urbanismo doctrinario. Hoy, con la proximidad a los centros emisores del turismo europeo mediante los vuelos “low cost” y la ampliación del aeropuerto (lo que permite una frecuencia sistemática de vuelos semanales a la segunda residencia española desde la primera residencia centroeuropea) nuestras “ciudades turísticas” pueden ser eso: turísicas, en la medida en que ofrecen la seducción de unos servicios de sol, playa, gastronomía, bellezas naturales y una forma desinhibida y agradable de vida junto a esa normalidad de la vida urbana cotidiana, es decir, viviendas, oficinas, gestorías, calles, bares, restaurantes, colegios, centros culturales, bibliotecas y una oferta comercial completa y variada. Entra aquí en juego un concepto del que se abusa con ligereza, como es el de la “calidad de vida”, difícil de definir, aunque podríamos resumirlo en la capacidad de atender a las más variadas exigencias del ser humano- residencia, ocio, trabajo, sanidad, formación, enseñanza, negocio, etc- en un mismo lugar y de la mejor manera posible. Si podemos ponernos de acuerdo en este concepto, entonces podríamos decir que nuestra Costa del Sol- y Torremolinos en particular- dispone, de una manera real o potencial, de todos los atributos para considerar el hecho de que vivir en ella sea en sí mismo un recurso económico, y, además, detentado casi en régimen de monopolio en el contexto geográfico y climático europeo.
Pero para que ello sea posible todo tiene que descansar sobre un concepto que constituye el capital fijo de esta empresa que es la ciudad. Me refiero al medio físico, tanto urbano como natural. Un ciudadano al que se le invite a venir (o a vivir) desde las ciudades del Norte o del Centro de Europa tiene que encontrar aquí unas condiciones de vida que, en muchos aspectos, sean mejores que las de sus lugares de origen: uno no abandona su apartamento en Liverpool o Düsseldorf en la planta 12 de un edificio para venir a otro apartamento de la planta 12 de nuestras ciudades turísticas, con peor calidad, peor comercio, peor nivel de servicios y encima viendo los gayumbos del vecino de enfrente. El sol no basta para que alguien haga un desplazamiento veraniego, ni uno semanal, si lo que va a encontrarse es una playa con nata y un entorno degradado, aunque sea bajo un sol radiante. Destrozar el medio urbano, destrozar la calidad de la ciudad, consumir ese capital fijo es, pues, como descapitalizar la empresa sin posibilidad de reflotarla.

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