Torremolinos: Regreso al futuro (y III) - El Sol Digital
Torremolinos: Regreso al futuro (y III)

Torremolinos: Regreso al futuro (y III)

Conferencia de Salvador Moreno Peralta, arquitecto urbanista y miembro de ASETHAN, en el Hotel Cervantes el 27 de octubre de 2015

Con todo lo expuesto hasta ahora, en mi modesta opinión el Ayuntamiento de Torremolinos tendría que actuar en dos frentes simultáneamente, aunque sus objetivos tuvieran distintos plazos temporales: uno es la gestión del día a día, con los problemas propios de una ciudad compleja y multiétnica de 70.000 habitantes, y la adopción de medidas para la regeneración permanente del tejido social y económico del municipio. El otro habría de consistir en una especie de actualización del mencionado Plan Futures, de alto contenido estratégico, elaborado hace 20 años, del cual no se llevó a cabo prácticamente nada de lo que en él era sustancial. Me apresuro a decir que no confío mucho en los campanudos planes estratégicos con los que recurrentemente la Administración- sobre todo cuando cambia de signo- convoca a los agentes implicados en la industria turística para que luego las actuaciones propuestas queden en documentos de papel. Esto es debido a que este tipo de documentos se demoran eternamente en la recogida de la información, pero luego falta acierto en el diagnóstico de los problemas, incapacidad de suscitar consensos, claridad de ideas y resolución política para llevar esas ideas a la práctica. Pero una vez hecha esta salvedad, no podemos obviar el hecho de que hoy todo está cambiando muy rápidamente: los hábitos de los consumidores, las formas de comunicación y los flujos de información entre las personas mediante las nuevas tecnologías, las afinidades de la población más joven, las formas de uso del espacio público, las relaciones laborales, las composiciones familiares y en consecuencia, las nuevas tipologías residenciales, la forma misma de la ciudad, en la que el tiempo urbano ya no es lineal, sino simultáneo: el mundo hoy es amalgama, yuxtaposición, simultaneidad, coexistencia…coexistencia de culturas, del pequeño comercio con el grande, de la ciudad abierta con la ciudad compacta, del mundo global a través de un ordenador con la pequeña escala doméstica de un barrio, del arte en los museos con el arte en la calle…todo, todo está hoy en un vertiginoso proceso de transformación y, en consecuencia, también lo están las nuevas tendencias del turismo internacional. Por eso es ineludible detenerse sólo un poco en hacer un diagnóstico breve, pero profundo, en el estado de la industria turística andaluza en el nuevo contexto de la globalización como paso previo para detectar en qué casillero, en qué “nicho de mercado” debe situarse Torremolinos para ser competitivo, sin dar palos de ciego, que es la única manera de subsistir.
Recordando de nuevo el Plan Futures, muchas de sus medidas estarían hoy plenamente en vigor: se proponía que, a corto plazo, el Ayuntamiento, mediante la creación de un Consorcio integrado por el Alcalde, un representante de la Dirección General de Turismo de la Junta y de la Secretaría de Estado del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, junto con las asociaciones empresariales turísticas de Torremolinos, acometieran en una primera fase un plan piloto en concordancia con las actuaciones del Futures. Este Plan Piloto contenía, entre otras, las siguientes medidas:

– Reconocimiento de la especificidad del suelo turístico y un rediseño territorial de áreas consolidadas que pudieran incorporarse al PGOU como Modificaciones de Elementos. Se trataba con ello de aprovechar el coste de oportunidad de iniciativas inicialmente no contempladas por el Plan, pero que pudieran sobrevenir y ser beneficiosas para el municipio.
– La recuperación de zonas “saturadas” (y aquí cuando decíamos saturadas queríamos decir claramente degradadas), en una especie de “efecto-demostración” de cómo la Administración ponía todo su empeño en sanear zonas aparentemente irredentas (por ejemplo, el deterioro de La Nogalera y aledaños, en lo que fue una de las más modernas implantaciones urbanísticas del momento)
– Fomento de la Comercialización Asociada y fomento de comercializadores de pymes: en unos entornos urbanos saneados, no existe contradicción y competencia entre las grandes superficies y el pequeño comercio especializado, siempre que éste tenga la calidad del lugar o la calle en la que se emplaza. Todavía se recuerda cuando la calle San Miguel estaba jalonada por las grandes tiendas de moda a las que iba a comprar la burguesía de la capital, pero en ese caso se trataba de que “a tal calidad de la calle, tal calidad de la tienda”. Hoy ya no podemos decir eso. Pero está claro que la indispensable regeneración de la emblemática y medular calle San Miguel tiene que ir indisolublemente pareja a la regeneración de su comercio. El cómo se hace eso ha de salir de la colaboración estrecha del Ayuntamiento con las asociaciones de comerciantes.
-Señalización de recursos turísticos y modernización de la coordinación institucional. La Costa del Sol es una conurbación, no un archipiélago de islas independientes. Gran parte de su fuerza está en la colaboración y la sinergia entre sus hitos urbanos, toda vez que de la excelencia de un lugar participa el colindante, y lo mismo podríamos decir de su degradación. Torremolinos termina administrativamente en el arroyo del Saltillo y en La Cizaña, pero circunscribir las influencias mutuas de los municipios colindantes a sus límites burocráticos es tan estúpido como pensar que el aeropuerto de Málaga es sólo para Málaga capital. (Esto que parece una broma no lo fue cuando se planteó la ampliación de Puerto Marina: el Ayuntamiento en pleno se negó a que dispusiera de un nuevo acceso por el Arroyo del Saltillo alegando que Puerto Marina era de Benalmádena y no de Torremolinos).
Con la figura de ese Consorcio podíamos considerar de hecho al Ayuntamiento como una empresa de servicios, cuyos usuarios podían ser residentes o no (turistas). Esta concepción político empresarial concordaba con la Ley de Bases de Régimen Local a través de la cual se le asignan al municipio competencias de promoción económica que entraban (entonces) exclusivamente en la competencia de las administraciones supramunicipales. Pero en esta nueva acepción la actuación de un municipio no se restringe sólo a la tradicional de proveer servicios básicos (que para eso pagamos nuestros impuestos) sino a la de agente dinamizador de la actividad económica local a través de planes globalizadores o estratégicos que marquen la pauta a seguir, tanto a la propia Administración local como a los agentes privados existentes en su ámbito.

Naturalmente, esa promoción económica local pasa por el conocimiento profundo de los sectores o actividades emergentes. La clave está en la detección de estos sectores emergentes de la demanda que puedan impulsar un paulatino y permanente renacimiento de Torremolinos, su imprescindible puesta al día, y eso comporta una visión mínimamente estratégica que aglutine a agencias de viajes, hoteleros, hosteleros, comerciantes, operadores turísticos, etc. Llegados a este punto lamento tener que rebajar mis cotas de optimismo. Se mire como se mire, el sector turístico, siendo el protagonista de nuestra productividad, no puede ocultar sus carencias y sus debilidades. Salvo las honrosas excepciones de algunos hoteleros y ciertos subsectores del gremio de la hostelería, ni Torremolinos, ni la Costa del Sol en su conjunto han exhibido “músculo” ni liderazgo empresarial, autonomía y capacidad de decisión sobre los propios negocios surgidos en esta gran “ciudad- región” que va de Nerja a Manilva, cuyos verdaderos centros de decisión nunca han estado en ella. La Costa de Sol nunca se ha conseguido desprender de una costra subsidiaria y colonial, propia de quienes dependen de las veleidosas fluctuaciones de capital foráneo, de las periódicas oleadas de inversores (saudíes, rusos, chinos…) y de un turismo inglés, alemán u holandés que, aunque constituye su base más sólida y fiel, tampoco sus flujos han estado bajo nuestro control. La gran capacidad de recepción turística ha de poder transformarse en capacidad de control del destino cosa que, con toda la brillantez que exhiben algunos lugares de la Costa, estamos lejos de detentar. Podemos ser un buen lugar de destino, pero nunca hemos sido sus dueños.
Incluso dentro del propio sector turístico resulta inaudito que existan conflictos de intereses entre hoteleros, agencias de viajes, tour operadores y un montón de subsectores involucrados en esta industria, y así no vamos a ninguna parte.
(En el EAL del Palacio de Congresos celebrado el año pasado, en una mesa redonda de todos los agentes involucrados en el sector pude asistir a una conclusión sorprendente: se decía allí que “sería bueno empezar a coordinarse entre ellos para que no se produjeran conflictos de intereses”; perfecto, si no fuera porque a esa brillante conclusión se llegaba después de medio siglo de desarrollo turístico en el que supuestamente éramos líderes).
Pero terminemos con optimismo y, además, justificadamente. La potencia de Torremolinos está, como cualquier negocio inteligentemente planteado, en la diversificación de su oferta. “Torremolinos, doce meses, veinticuatro horas”, rezaba el eslogan del Plan Futures, aludiendo a la enorme diversidad geográfica y funcional que, a su vez, era susceptible de convertirse en una enorme diversidad de productos: Torremolinos tenía y tiene zonas residenciales de excepcional calidad como Montemar Alto, Montemar Bajo y Lomas de los Riscos; parques y jardines botánicos, como el de La Batería y el Molino del Inca; una excepcional oferta hotelera en trance de renovación; unos vestigios de arquitectura popular en su eje Bajondillo-San Miguel-El Calvario que será necesario rescatar entre los cables, los anuncios, el abandono y el deterioro que la enmarañan y la ocultan; una oferta conjunta de playa, paseo marítimo peatonal y un núcleo popular y gastronómico como La Carihuela que multiplica su excelencia en el hecho de su misma complementariedad; unos centros de ocio y diversión en el núcleo central que se degradaron hasta límites intolerables cuando dejaron de ser los lugares de diversión de la juventud malagueña, pero que siguen estando ahí; un extraordinario Palacio de Congreso que es un importante agente dinamizador de un turismo de alto valor añadido específicamente ligado a esta actividad; unas zonas de crecimiento a levante, sobre terreno llano en las que es posible desarrollar unos modelos turísticos residenciales de última generación y de gran calidad, enormemente atractivos en su proximidad al aeropuerto. Y así podríamos seguir pero hay que terminar y lo hago con una última reflexión. Torremolinos es desde hace veinte años un municipio independiente, pero este estatuto ha de servir para su mejora urbanística y el bienestar de su población, no para satisfacer ambiciones políticas. La independencia no significa aislamiento sino todo lo contrario, es decir, complementariedad y provechosa coordinación en el contexto de esta gran ciudad-región que es hoy la conurbación de la Costa del Sol. Torremolinos ha de extraer su fuerza de la identificación de los nuevos caladeros de la demanda turística que están surgiendo cada día en este mundo globalizado; y una vez identificados, su Ayuntamiento ha de ser capaz de liderar la coordinación con otras administraciones y sectores privados para que esos caladeros se transformen en ofertas y en productos. Pero también ha de extraer su fuerza de su misma pertenencia a la Costa del Sol y, concretamente, del privilegio que supone su proximidad a Benalmádena con su puerto, por un lado, y a Málaga capital y a su aeropuerto, por otro. Siempre son odiosas las comparaciones, pero hemos visto cómo Málaga, con todas las salvedades que se quieran hacer, ha reinventado casi desde la nada su imagen turística mediante el descubrimiento y la potenciación de sus genuinos nichos de mercado, mientras Torremolinos languidecía por no haber sabido encontrar los suyos.

Como en el golf, se puede jugar contra el campeón del mundo en igualdad de condiciones porque todo depende del hándicap que tengas. Torremolinos puede ser una pequeña ciudad maravillosa, compleja, variada, sorprendente, exótica y cotidiana a la vez; Torremolinos puede ser una magnífica jugadora en el contexto de la Costa del Sol. La clave está en que sepa exactamente con qué hándicap juega.

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