Torres almenaras malagueñas. Carlos Ramírez. Abogado - El Sol Digital
Torres almenaras malagueñas. Carlos Ramírez. Abogado

Torres almenaras malagueñas. Carlos Ramírez. Abogado

Los piratas que atacaban la navegación por Málaga procedían de Orán, Argel y Trípoli, donde los berberiscos en saetías y galeotas asaltaban naves que salían o entraban de los muelles malagueños, ocasionado graves problemas económicos. Sin embargo, la Corona española otorgaba patente de corso con frecuencia, sobre todo para atacar a barcos ingleses en el siglo XVIII.

El puerto de Málaga fue durante el siglo XVIII base de corsarios franceses, aliados del reino español.  En 1735, el canónigo de la catedral denunciaba que “habiendo hecho desembarco la tarde de la Asunción de Nuestra Señora una fragata de moros en las playas, frente a la cantera de Almayate, y llevándose de la casa de ella mucha parte del avio de dicha cantera y mas de cuarenta fusiles con sus frascos y bayonetas …” .

La principal medida fue la construcción de torres de almenara para vigilar y así mantener la protección a los pueblos costeros. Desde Nerja a Manilva, la costa malagueña lleva siglos siendo vigilada por torres y castillos que durante años han sido fundamentales para evitar ataques piratas. Hoy estos vestigios, testigos silenciosos de la Historia, se han convertido en un conjunto patrimonial de gran valor, aún no suficientemente conocidos por la sociedad malagueña.

Aún se conservan más de treinta monumentos de este tipo, entre castillos y torres,  siendo los más singulares: Torre Río de la Miel (Nerja); Castillo Bajo (Torrox) donde hubo hace casi dos milenios una villa romana, Caviclum, que estaba formado por termas, villa con mosaicos y hornos cerámicos que surtían de ánforas, para la salsa de garum y salazones, a la factoría pesquera;  Torre ‘Ladeá’ y  la Torre Derecha (Algarrobo Costa); Castillo del Marqués  y Torre Moya (Vélez-Málaga); Casa Fuerte de Bezmiliana   y  Torre del Cantal  (Rincón de la Victoria);  Torre de las Palomas (Málaga)  que se conectaba visualmente con la desaparecida torre de San Telmo, cercana del arroyo Jabonero; Torre Pimentel (Torremolinos); Torre de Quebrada (Benalmádena); Castillo Sohail (Fuengirola), construido originalmente por los romanos, su estructura responde a la diseñada ya en época de los califas, que fue remodelada en parte por los almorávides en el siglo XII; Torreón de la Cala (Mijas); Torre de los Ladrones (Marbella); Torre de la Sal (Casares); Castillo de la Duquesa y Torre de la Chullera  (Manilva).

Hallar una obra que reúna en castellano la historia del arte de la piratería en su conjunto era, una tarea casi imposible. En la publicación de “Mares de sangre” hay un español que resalta entre los míticos Edward Teach “Barbanegra”, y ese es Pedro de Bobadilla, nacido en Jaén en 1489.  Tenía patente de corso para saquear bienes en tierras musulmanas y acabar con buques árabes. Tras años de saqueos, Bobadilla arribó con su flota a la isla de Rodas, sede de la Orden de San Juan de Jerusalén, en 1512. Luego recibió una curiosa oferta del Papa Julio II: perdonarle sus barbaridades a cambio de que se convirtiera en general de su flota de galeras.

El Emperador Carlos V le otorgó el mando de una flota. Así, Pedro Fernández de Bobadilla, caballero de la Orden de Santiago, fraile de la Orden de Predicadores, corsario, general de las galeras del Papa y uno de los marinos más experimentados de Carlos V, falleció en 1522 mientras se dirigía a Calais para combatir a los franceses.

El romanticismo envolvió a la piratería de aventura y sueños. Unido a los piratas estaban los tesoros, que luego el cine acabó de enseñorearlos.

Así, el llamado ‘tesoro de Moctezuma’ fue codiciado por el pirata francés Jean Fleury que se topó con el ‘Quinto Real’, el 20 por ciento de los tesoros conquistados por Hernán Cortes que enviaba al Rey de Castilla y abordó el barco y una parte del tesoro pasó a las arcas reales francesas mientras que otra se expuso al público. Fleury abrió el camino a toda una generación de corsarios y piratas que se lanzaron a conquistar los tesoros hispanos.

La palabra “piratas” procede de “peiratēs” griegos, que significa “bandido”. Tenían una serie de reglas de conducta comunes todos los piratas. Una especie de “código de honor” y se convirtió en la constitución del Estado que representaban el barco y su capitán. Había tres momentos claves, vinculados al uso de este código, en una expedición pirata. La primera era la búsqueda de una tripulación. La segunda consistía en estipular el reparto del botín. Y la tercera, la redacción de la llamada “Chartie Partie” o código de conducta a bordo. Redactada por el capitán, era aprobada por el resto de la tripulación. Existían líneas comunes en todos los barcos, como por ejemplo el reparto no equitativo del botín.

Se llamó “corsarios” a los que actuaban por cuenta de sus monarcas, quedándose con parte del botín. Los corsarios eran individuos encargados por los gobiernos para llevar a cabo actividades cuasimilitares. Para ello disponían de documentos que autorizaban por la legalidad vigente del país que los contrataba a llevar a cabo tales crímenes, con el nombre de patente de Corso. El término corsario está vinculado al mar Mediterráneo, donde, desde finales del siglo XIV hasta principios del siglo XIX. Algunos de los corsarios más notorios fueron los berberiscos de África del Norte, quienes estaban alineados con el Imperio Otomano, y en el lado cristiano, los Caballeros de San Juan, con base en Malta.

El término “bucanero” fue específico del Caribe y la costa del Pacífico de América Central. El nombre se deriva del francés boucan, de una parrilla para ahumar carne que usaban esos hombres. La empresa de los bucaneros era comunitaria, pero al mismo tiempo capitalista. Esto se reflejaba en el reparto del botín, donde cada uno recibe según lo aportado, y por lo tanto una asignación diferente. En la isla Tortuga, los bucaneros tuvieron una base durante los siglos XVII y XVIII, formando una asociación llamada Hermanos de la Costa.

Jamaica, tras su toma por los ingleses a la Corona española en 1655, llegó a ser la isla más rica y fuera de ley del mundo. Los piratas se adueñaron de sus costas durante 150 años. Por otro lado, los piratas con frecuencia se dedicaron al contrabando y al comercio ilegal, vendiendo y comprando en la América española productos a precios más bajos que los oficiales impuestos por la Casa de Contratación de Sevilla. Durante la crisis del siglo XVII, cuando el comercio con la metrópoli española casi desapareció, las clases altas americanas buscaron en el contrabando la forma de abastecimiento y de esclavos, fue la época dorada de los filibusteros.

El pirata galés Bartholomew Roberts, del siglo XVIII, consiguió capturar unos 456 buques ingleses, bloquear las Barbados británica y la Martinica francesa. Y si se trata de conocer la vida de corsarios, indicaremos la de Francis Drake. Es mundialmente famoso por ser el primer inglés en realizar una circunvalación al mundo, 55 años después de la expedición Magallanes-Elcano. Fue el más famoso de todos los corsarios, después de que la reina Elizabeth I le concediera una comisión de corsario en 1572. Sin embargo, a pesar de acabar derrotado y muerto por barcos españoles en el Caribe, hoy se recuerda al pirata inglés como un invencible saqueador y marino sin igual. La incógnita actual sobre dónde reposan sus restos ilustra mejor que nada su fracaso final.

Drake consiguió su fama saqueando los puertos españoles en el Caribe cuando Inglaterra y el Imperio español no estaban oficialmente en guerra. Bajo el mando de su primo el corsario John Hawkins, aprendió lo rentable que resultaba atacar los puertos españoles y el lucrativo negocio del contrabando de esclavos.  El 4 de abril de 1581, la Reina Isabel I subió en persona al buque insignia de Drake y le nombró caballero al regresar de su travesía cargado de oro y plata hispana.

En 1589, Isabel I de Inglaterra ordenó a Drake lanzar un contraataque contra España, la conocida como “Contraarmada”, tras el desastre de la Armada Invencible. Los objetivos fueron tres y ninguno se cumplió. El primero destruir el grueso de la Armada Invencible, que estaba reconstruyéndose en Santander; el segundo, tomar Lisboa y entronizar al aspirante; en tercer lugar, tomar las islas Azores como base para intentar capturar la flota de Indias y arrebatar el control de las rutas comerciales hacia el Nuevo Mundo. Así, en abril de 1589 zarpó la expedición con casi 150 buques, y 25.000 hombres.

La aventura de la escuadra inglesa acabó en un desastre. La campaña costó la muerte o la deserción del 75 por ciento de los hombres que formaron la flota. En mayo, Drake y su armada llegaron a las puertas de La Coruña y ordenó desembarcar a 10.000 de sus hombres que tomaron el barrio de la Pescadería, ubicado fuera de los muros de la ciudad y solicitaron a los defensores que se rindiesen. La valentía de la población evitó el desastre y condenó a Drake al ostracismo tras el fracaso, negándosele el mando de cualquier expedición naval durante los siguientes seis años.

La oportunidad de resarcirse llegó cuando la Reina inglesa, volvió a depositar su confianza en él hacia 1595. El objetivo era de nuevo el Caribe, y lo fijó en Panamá, en la ciudad de Portobelo, donde ordenó un doble ataque, por tierra y por mar. Fracasó. Agotado y enfermo de disentería sangrante el 27 de enero de 1596, falleció y su cuerpo fue lanzado al mar dentro de un ataúd de plomo, en contra de su voluntad de ser enterrado en tierra firme.

Y la Armada del Mar del Sur, en el Pacífico, fue creada en 1580 por la Corona española para proteger el virreinato del Perú y mantener seguras las rutas marítimas en el Pacífico, especialmente la ruta Callao-Panamá. Las grandes remesas de plata hacia Panamá hacían de ella un objetivo permanente de los piratas ingleses y holandeses que, a través del cabo de Hornos, conseguían llegar al Pacífico, por lo que los virreyes del Perú mandaron construir la flota. Durante el tiempo de actuación de la Armada del Mar del Sur, ningún cargamento cayó en manos de los piratas. La Armada del Mar del Sur funcionó hasta 1778, año en que se suprimió definitivamente el sistema de flotas.

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