Un enemigo en casa (y 2), Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho y Sociedad - El Sol Digital
Un enemigo en casa (y 2), Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho y Sociedad

Un enemigo en casa (y 2), Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho y Sociedad

Los librepensadores y masones franceses defensores del principio masónico del “iluminado” (una persona avanzada en el camino hacia la perfección que sirve de guía a otros) impulsores de la revolución francesa defendían que al eliminar la religión de las instancias del poder y de las escuelas se evitaba para siempre próximas guerras religiosas en Europa, que en la guerra de 1618-1648 había provocado más de cinco millones de muertos.

En las guerras napoleónicas (1799-1815), ninguna religiosa, las estimaciones sobre el número total de muertos entre militares y civiles varía desde los 3.250.000 hasta los 6.500.000 muertos.

Si nos centramos en España en la literatura de influencia francmasónica, la lista de los intelectuales y literatos vinculados a la masonería en el Archivo Histórico Nacional y en los fondos documentales de la masonería española de la Biblioteca Nacional de París, incluyen miles de personas. La característica común de este heterogéneo grupo es su vinculación al librepensamiento y todas las ideas que ese movimiento defendía: “defensa de la educación laica, “fe” total en las ciencias, anticlericalismo, matrimonio civil y el republicanismo”.

En el campo literario, Benito Pérez Galdós mostró un gran conocimiento de las logias en “El Grande Oriente”, obra de la segunda serie de los Episodios Nacionales escrita en 1876.  La visión popular negativa y truculenta de la masonería, y aquella más liberal y liberalizadora con la que Galdós se identifica queda constatada. Otros escritores del momento, como Pereda, Pardo Bazán, Clarín y Juan Valera, también aluden en sus novelas a la masonería con características claramente satíricas y desmitificadoras.

Antonio Romero Ortiz quien el 10 de mayo de 1881 sucedió a Práxedes Mateo Sagasta como Gran Maestre del Gran 0riente de España, en aquel momento era el presidente de la Asociación de Escritores y Artistas de España y acababa de ingresar en la Real Academia de la Historia con un discurso dedicado al Justicia de Aragón.

Podemos preguntarnos si existe o no una literatura masónica propiamente dicha. Bajo la denominación genérica de literatura masónica, se encuadran una serie de muy diversos escritos. Algunos escritores han generado obras en las que se nota algún tipo de espíritu o inspiración masónicos. En esos títulos suelen aparecer los valores esenciales que predicaba la histórica Masonería, como la fraternidad, la igualdad, la paz social, la filantropía y la libertad de conciencia. Por lo tanto, no existe ni de lejos una literatura masónica propiamente dicha.

Sí hay un determinado tipo de música que resulta ideal en los rituales de la Masonería y que se utiliza en ellos de manera generalizada y preferente; incluso se conocen determinadas composiciones concretas de inspiración masónica, bien escritas por francmasones –como sucede en el caso de La flauta mágica de Mozart– o compuestas exprofeso para determinados ritos de la Masonería.

La utopía masónica será, para muchos intelectuales europeos, un ideal a tener en cuenta a modo de faro, guía y referencia en sus vidas cotidianas. El literato forja en su interior el sueño de un mundo mejor; escribe porque quiere cambiar algo, porque tiene inquietudes, porque anhela dejar para el futuro su modesto legado, apartado de la fe católica y sus principios teologales y humanos.

El Sexenio “revolucionario” de 1868- representa el momento álgido de la masonería. Durante los años que precedieron a dicho régimen los acontecimientos de índole masónica se sucedieron: derribo de iglesias sin la más mínima consideración a su valor artístico, e incluso la constitución de un peculiar “grupo espiritista” en el mismísimo Congreso de los Diputados.

En la España de 1901, se iniciaron las revueltas populares que dieron paso a la Semana trágica de Barcelona en 1909. Después, las quejas anticlericales llegaron a la calle en forma de protestas populares, y el anticlericalismo se convirtió en tema central de los programas políticos de socialistas, republicanos y grupos liberales, planteándose en el país “la legalidad de las órdenes religiosas, y la influencia del Clero en la educación del país”.

Tras el golpe de estado del general Primo de Rivera en 1923, dirigentes de la masonería española se reunieron con el grupo de intelectuales en el exilio: Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset y Vicente Blasco lbáñez en el café La Rotonde de París para coordinar sus esfuerzos propagandísticos y de oposición a la dictadura.

En la Casa Museo de Vicente Blasco lbañez de Valencia, novelista de gran influencia en la vida política española y valenciana de principios del siglo XX., está el título de su ingreso en la logia Unión número 149 del Gran Oriente Nacional de España. En las páginas de su periódico, El Pueblo, se defendió el ideario republicano y masón con una crítica constante y abierta contra el jesuitismo y el conservadurismo, así como la educación laica en España.

En “La mujer y el niño”, Blasco critica la influencia del clero en la educación del país y alienta a las madres a “que aparten a sus hijos de la influencia del jesuitismo”. La crítica al clericalismo y su influencia en la vida nacional también sería el tema principal de sus primeras novelas como “La araña negra” (1893) su continuación “Los fanáticos” (1895) en “La catedral”( 1903) y “El intruso” (1904 ). Además, participó muy activamente contra de la política del gobierno en Cuba y la falta de visión del gobierno de Madrid en el tema colonial.

El 14 de abril de 1931 el Gran Oriente español contaba entre sus filas con muchos cargos principales del gobierno: Diego Martínez Barrio, Alejandro Lerroux, Santiago Casares Quiroga, Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz, Fernando de los Ríos, Azaña. A ellos habría que sumarle cinco subsecretarios, quince directores generales, cinco embajadores y veintiún generales.

En el campo de la minería, la implantación en Huelva fue muy temprana, en Ayamonte se creó en 1872 la logia ‘Triángulo’ y en Valverde ‘Hijos del Triángulo’ un año después. También había otra en la Cuenca Minera, y las logias ‘Minerva’ y ‘Soto Vázquez’ en la capital. Era un movimiento muy potente y republicano de izquierdas.

La iconografía masónica sigue manteniendo los instrumentos de esos antiguos canteros, con la escuadra, el compás y la maza como elementos comunes.

En Asturias, la masonería se organiza en logias, que buscan la heterogeneidad, sin ideología obligatoria, trabajando cuestiones sin recibir ninguna respuesta como definitiva. Está compuesta de racionalistas, intelectuales y artesanos, con el fin principal de reunir personas que de otra forma seguirían ignorándose.

Las logias ovetenses siempre estuvieron empeñadas en que hubiera movimiento obrero, mineros, dentro de las logias, donde ya había muchos patronos.

El crecimiento y el auténtico desarrollo de la Masonería en Huelva se produjo a partir de 1923. En 1928, el número de talleres se elevaba a 7 (5 logias y 2 triángulos) y el número de miembros activos alcanzó la cifra de 212 afiliados. El Padre de la Patria Andaluza, Blas Infante, era masón.

La Iglesia católica ha condenado la masonería, de forma inequívoca, desde sus comienzos: la primera condena de 1738, del papa Clemente XII, se ha venido reiterando a lo largo de los siglos en numerosas ocasiones. Los códigos de Derecho Canónico de 1917 y de 1983 recuerdan la condena a pena de excomunión de aquellos que formen parte de la masonería.  

La incompatibilidad entre la Iglesia Católica y la Masonería, se resume en estas palabras de San Agustín: «Dos amores edificaron dos ciudades: el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial».

El hombre se convierte en su propio dios. La oposición de la Iglesia a la Masonería se fundamenta en:
-Su violación del Primer Mandamiento.
-Su violación del Segundo Mandamiento.
-Su rechazo a la Iglesia Católica, la cual intenta destruir.

Los principales puntos de confrontación, tras el Vaticano II:

    • El Gran Arquitecto del Universo es un concepto abstracto, no un Ser personal.
    • La moral masona no está ligada a ninguna creencia religiosa en particular; se trata de una moral subjetiva.
    • El antropocentrismo propio del humanismo masón choca con el teocentrismo cristiano.
    • La doble moral masona que pregona la libertad absoluta pero exige juramentos iniciáticos e impone normas tremendamente estrictas a sus miembros.
    • La autonomía de la razón masona frente a la relación fe-razón de la Iglesia.
    • El esoterismo y el sincretismo masón.

El Código de Ley Canónica actual de 1983 se limita a la siguiente advertencia general contra ese tipo de asociación. Canon 1374: «Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación, ha de ser castigado con entredicho«.

La Europa cristiana de comienzos del siglo XVIII se ha transformado en la Europa laica de estos comienzos del tercer milenio. En ese espacio público es donde la masonería ha lanzado sus redes con más éxito: la relegación del hecho religioso cristiano a la esfera puramente privada, y la lucha contra el matrimonio religioso.   Recemos por ellos.

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