Un punto sobre la i (I). Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho. - El Sol Digital
Un punto sobre la i (I). Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho.

Un punto sobre la i (I). Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho.

Desde hace algunos años se ha empezado a desmontar falsedades y tópicos históricos de España, que los españoles, hemos asumido como verdades absolutas tras su estudio o simple lectura en libros de textos, o escuchado en series de televisión, y que han facilitado una mala querencia del ser español o un huir de lo español.

La “leyenda negra” o la “hispanofobia” fue fomentada por holandeses, ingleses y franceses, pero una vez concluida la Guerra de los 30 años en 1648, con la que España perdió Flandes y otras posesiones territoriales europeas, se aminoró, para luego volver con virulencia en el siglo XIX.

A iniciativa del padre mercedario Juan Gilabert Jofré se había fundado en el sigo XV en Valencia el primer centro psiquiátrico del mundo con una organización terapéutica. El Rey Felipe II fundó la primera Academia de Ciencias y Matemáticas (1582) de Europa y uno de los primeros museos de ciencia en la historia con sede en Valladolid.

En 1891 don Felipe Picatoste publicó unos “Apuntes para una biblioteca científica española del siglo XVI” con 1.007 registros, o sea, más de mil fichas de escritos impresos o manuscritos de carácter científico y tecnológico.

Sobre la Inquisición en España hay que destacar la voluminosa obra de Juan Antonio Llorente, que fue comisario de la Inquisición, afrancesado y exiliado y que, curiosamente, quemó todos los papeles oficiales que dijo obraban en su poder y usó para escribir su “Historia crítica de la Inquisición española”, pero cuyas afirmaciones sirvieron para reafirmar y reavivar la tópica imagen inquisitorial fuera y dentro de España.

Hubo una «Inquisición romana» y una «Inquisición española» que eran diferentes. Así,  la Inquisición española nació en 1478 por bula de Sito IV, y el primer auto de fe tuvo lugar en Sevilla, en 1480. A su vez, la Inquisición fue abolida en 1834, mientras que la romana, permaneció viva bajo otro título.

Hace años dos profesores recontaron todos los procesos y llegaron a la conclusión de que hubo 110.000 personas procesadas hasta 1834. Aproximadamente, el 27 por ciento fue procesado por blasfemias; el 24 por ciento, por seguir practicando la religión de Mahoma aun habiendo sido bautizados; el 10 por ciento, por falsos conversos; menos del 10 por ciento por luteranos y otro tanto por brujería y supercherías y lo demás, se cubriría con sodomitas, y bígamos.

La Inquisición nunca juzgó a judíos. La Inquisición solo tenía jurisdicción sobre cristianos, esto es, sobre bautizados. Por ello, cuando Isabel I visitó Córdoba y quedó espantada de la cantidad de convertidos que seguían practicando la Ley de Moisés vio que la única salida que había era o bien que se bautizaran y así poderlos vigilar o expulsar a los que no quisieran abrazar la “verdadera religión”.

La “Leyenda Negra” afirma para la historia del Imperio español, un esquema basado en la idea de violaciones y fanatismo en un continente americano que sufragó todos sus excesos imperiales; y que con los españoles se evitó el progreso al Continente y se dio la espalda sistemáticamente a sus élites más preparadas.

La identificación de educación con evangelización responde al criterio de los siglos XVI a XVIII. La conversión de los indios era una meta inmediata de la corona española, que impuso esa obligación a los encomenderos en el primer momento y a las órdenes regulares poco después. La primera misión franciscana llegó a México en 1524 y fue recibida solemnemente por el propio Hernán Cortés.

Los “mestizos” dejaron de ser una rareza, para convertirse en un grupo numeroso cuya integración a la sociedad dependía de su situación económica, de sus vínculos familiares y de su profesión. La educación era, pues, selectiva, como correspondía a una sociedad jerarquizada, y las posibilidades de superación estaban determinadas por el nacimiento más que por las capacidades.

De otra, la famosa batalla de Trafalgar, de 1805, distó mucho de ser una batalla tan decisiva como ha pretendido la literatura. En la batalla naval España perdió diez navíos, en el combate o en la posterior tempestad, pero fue pronto compensada, pues tras el 2 de mayo de 1808 se apresaron en Cádiz cinco franceses. Así, tres años después de Trafalgar, seguía siendo la tercera del mundo, con 37 navíos y 24 fragatas, mientras la inglesa era de 200.

El desastre del poder naval español vino en la posterior Guerra de la Independencia: con la casi totalidad del territorio nacional invadido por las tropas napoleónicas de 1808 a 1814. Así, al final del reinado de Fernando VII sólo quedaban tres buques de guerra. La guerra napoleónica arruinó a España, originó la sublevación desde 1810 en la América hispana, e introdujo una división social y política de graves consecuencias en el siglo XIX.

Portugal tuvo un resultado similar al caso español: el arrasamiento del país en la guerra, la quiebra de su poder naval, la pérdida de Brasil, la bancarrota económica y una larga guerra civil entre liberales y absolutistas que originó graves conflictos sociales.

Las tropas napoleónicas en una de las primeras acciones depravadas destruyeron en 1808 el segundo telescopio más grande del mundo, que estaba en Madrid. Con anterioridad, el 1 de febrero de 1792 se había inaugurado en el Alcázar de Segovia el que fue considerado el mejor laboratorio de química de Europa.

Los españoles hemos asumido como cierta la leyenda negra sobre todo desde la pérdida de Cuba en 1898 y el surgimiento de nuestra “Generación del 98”. Aquella sociedad en su conjunto estaba exhausta, perdida, quebrada. España aportó el progreso económico y social en la América hispana durante 300 años y, de hecho, protegió a las minorías, como eran negros e indígenas, a diferencia de la colonias inglesas y francesas.

El famoso “libertador” Simón Bolívar falleció a los 47 años de edad, abandonado, con 37 kilos de peso, siendo un traidor a España. Fue un masón y agente al servicio de los británicos. Al Palacio presidencial de Bogotá había llegado enfermo huyendo de quienes trataron de asesinarle, y antes el intentó liquidar.

La financiación de la sublevación por la independencia de los virreinatos salió de las arcas británicas, desde 1810, mientras luchaban contra Napoleón en España y luego se cobrarían con servidumbres económicas en la zona americana. Bolívar ofreció a Inglaterra los territorios de Nicaragua y Panamá y un comercio libre y exclusivo a cambio de armas para derrotar a los españoles, siendo el también español de origen.

Las masacres y atrocidades cometidas por las tropas de Bolívar contra la población española de comerciantes y burgueses instalados como hombres de negocios o simples negocios técnicos en prospección de minas, fue metódica y sistémica. Como golpe de gracia que gustaba aplicar a los prisioneros, el expeditivo método de aplastarles la cabeza con enormes piedras.

Estas noticias trascendieron al plano internacional siendo noticia en periódicos ingleses y franceses, y en La gaceta de Caracas número 14 de 1815, a las que dio luz el historiador colombiano Pablo Victoria en su libro “La otra cara de Bolívar” (2010).

La construcción de un Estado moderno y centralizado empujó a los Borbones españoles a la creación de un cuerpo de funcionarios cuya fidelidad no se viese tentada por intereses familiares, locales o de otro tipo. Hubo, como consecuencia, una voluntad explícita de desmontar el entramado de redes políticas, sociales y económicas en las que tradicionalmente habían vivido inmersas las élites criollas y no criollas, y que pudo ser percibido por éstas como un intento nítido para desplazarlos de sus cotos tradicionales de poder. Sin embargo, las élites locales criollas buscaban el monopolio del poder local.

La hostilidad hacia los “españoles” sirvió, además, para forjar la identidad nacional de los nuevos Estados nacidos de la independencia. Derivar las tensiones sociales y étnicas hacia un problema de identidades en conflicto fue, sin duda, uno de los principales motivos del éxito final de los insurgentes. Hacer únicos responsables a los españoles de la desigualdad económica y social-étnica permitió canalizar las viejas tensiones de una sociedad estratificada a partir de categorías raciales.

Otro falso mito es la idea difundida de que España no entró en la revolución científica debido a su condición de país católico. Hay una correlación temporal entre la revolución científica y la reforma protestante. La “Reforma”, se considera que comienza en 1517, prácticamente la misma fecha en la que Copérnico publica el “Comentarioulus”. Hubo grandes científicos católicos, como Copérnico o Pascal.

Con el paso del tiempo, la hegemonía científica de Francia o Inglaterra tuvo que ver más con cuestiones económicas y la revolución industrial que las religiosas.  En Inglaterra, era donde se acumulaban los mayores capitales y se hallaba más avanzada la técnica económica del crédito. El éxito terminó de asegurarse con el invento la máquina de tejer de volantes hidráulicos, y el telar de vapor.

La industria textil necesitó de máquinas de hierro e Inglaterra poseía abundante mineral de hierro. En 1785 James Watt inventó la máquina de vapor de doble efecto con lo que dio un impulso trascendental a la revolución maquinista.

En esta época surge por primera vez el trabajo de los niños en Inglaterra que, desde los cinco años, eran la mano de obra a más bajo precio. Los patronos alquilaban o compraban niños a las autoridades. En miles de fábricas, inglesas, a pesar de la Ley de 1819, los niños trabajaban más de 12 horas. Ninguna ley inglesa limitaba la duración de la jornada laboral de los adultos.  Esto no es leyenda negra, es una realidad verificada.

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