Un referéndum para el abismo

El resultado del referéndum griego no es una buena noticia ni para los griegos ni para Europa. Los españoles, que también habíamos prestado dinero al país heleno, ni sabemos si lo vamos a recuperar ni qué consecuencias traerá la nueva situación.

Varoufakis, el ministro de Economía, hasta se atreve a decir que lo que se está haciendo con Grecia es terrorismo. Y sus partidarios en el exterior, entre los que se incluyen los antisistema de Podemos, hablan de que se está defendiendo la democracia frente a Europa. Aunque es sabido que la demagogia puede justificar hasta el asesinato, no es menos cierto que el tiempo pone las cosas en su sitio y ahora sólo hace falta esperar a ver las consecuencias de la posición gubernamental del país mediterráneo.

Normas elementales en el concierto internacional, como en el familiar y a cualquier escala, caso de pagar lo que se debe, se ponen en cuestión por Syriza, atrapada en el dilema de haber prometido a los ciudadanos un imposible y comprobar pocos meses después que lo imposible es hacer un país viable con esos presupuestos.

El aumento del paro, el impago de las pensiones, la falta de productos básicos… y otras calamidades públicas pueden acechar ahora a los griegos. Quizá se acerquen a Rusia y a China, complicando el tablero internacional en el flanco sur europeo, pero no sería más que una fuga hacia adelante. Orientalizándose no van a resolver sus problemas.

Europa no debería dejarse llevar por sentimentalismos o buenismos estériles porque enviaría un mensaje equívoco a los otros 27 socios, nada más y nada menos que cuando no me conviene no cumplo las reglas. Nos estamos jugando el futuro de la Unión Europea pero también principios comunes entre las naciones civilizadas.

La salida griega del euro y la vuelta al dracma, la peor de las hipótesis, no hará más que alejar la salida que los griegos han tenido al alcance de la mano con su papeleta en las urnas. Ahora deben responsabilizarse del gesto de este domingo. Europa debe seguir tendiéndole la mano a quien se aleja camino del abismo, pero la otra mano deberá guardar un puñado de condiciones que deben seguir siendo irrenunciables.

RESIDENCIA

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