Una difícil elección - El Sol Digital
Una difícil elección

Una difícil elección

En una esquela de un periódico local norteamericano apareció hace unos días el siguiente texto referido a una señora, Mary Noland, de Richmond, Virginia, y decía así: “Al verse enfrentada a elegir entre Donald Trump o Hillary Clinton como presidente de su país, Noland decidió descansar en los brazos y el eterno amor del Señor”. La verdad es que es una elección de esas en las que hay que ir a votar tapándose la nariz.
Pese a que los medios de comunicación en general y los de orientación izquierdista en particular pintan a un Trump poco menos que como un ogro, lo cierto es que tiene políticas poco conservadoras y que se ocultan a la opinión pública. Por ejemplo, defiende los entitlements, los derechos de todos los ciudadanos al sistema asistencial, quiere reforzar el modelo de pensiones, extender la cobertura sanitaria, defender el seguro de desempleo, aumentar los impuestos a los ricos… Sus peligros están en otros órdenes, el comercio internacional y las migraciones. En este último asunto quiere construir un muro con la frontera mexicana y aun reconociendo que la inmigración ilegal debe ser perseguida, por eso precisamente, porque es ilegal, sus soluciones no parecen las mejores. Por otra parte, quiere parar la pérdida de empleo industrial con aranceles y prohibiciones contra China y México, principalmente, y se opone a los tratados comerciales como el TTIP y el NAFTA con propuestas restrictivas a la movilidad del capital para impedir la deslocalización de empresas.
Pero Hillary no es mucho mejor. Representa todas las corrupciones del establishment norteamericano y sus descuidos con el correo electrónico -no utilizando el servidor reservado para ella- no pueden consentirse en el caso de una secretaria del Departamento de Estado. El ataque yihadista que acabó con la vida del cónsul norteamericano en Bengasi, Libia, tampoco fue un ejemplo de buen hacer. La gran ventaja con la que cuenta Clinton, esposa del expresidente, es que resulta previsible, ya se la conoce, no dará sorpresas, es más de los mismo, seguirá una ruta parecida a la de su marido y a la del actual presidente Obama.
La verdad es que la gran nación americana no cuenta en esta ocasión con dos rivales con unos grandes proyectos de sociedad y de presencia de los EEUU en el mundo, pero también esto sucede en la mayor democracia. El pueblo norteamericano tendrá en noviembre la palabra.

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