Una polémica más, un debate menos - El Sol Digital
Una polémica más, un debate menos

Una polémica más, un debate menos

Los terrenos de Repsol, el hotel de Moneo en Hoyo de Esparteros y ahora el de capital catarí en el puerto son objeto de polémica desde que ven la luz. Parece como si estuvieran apostados los cazadores del protagonismo social para disparar sus escopetas sobre todo lo que se mueve. Un proyecto en Málaga -de los que se quedan, no los que abandonan por aburrimiento- no solo tiene que sortear la pesada burocracia de nuestras instituciones sino que, además, debe enfrentar el gusto personal de muchos discutidores públicos.

Parece que una ciudad es la suma de los siglos en los que ésta creció y de una miríada de iniciativas públicas y privadas, y del ingenio, el talento y la creatividad de sus gentes, de sus empresarios, de sus profesionales, de sus artistas… Pero hay quienes tienen un modelo preconcebido de ciudad en su cabeza y practican una suerte de cerrazón que les lleva a poner el grito en el cielo cuando algo no les gusta. Todo ciudadano tiene derecho a discrepar y en esto consiste también la libertad, pero de ahí a que se intente paralizar un proyecto porque es demasiado alto, porque el color no me gusta, el arquitecto es fulanito o… dista un abismo.

En cualquier paseo por la trama urbana de Málaga, como en cualquier ciudad, habrá edificios que nos gusten y otros que no, habrá espacios públicos que habríamos diseñado de forma distinta, ubicaciones de servicios comunitarios que habríamos trasladado de lugar, pero una ciudad se forma por capas históricas superpuestas, criterios estéticos variados y el poso del mercado en el que se asienta. La condición básica, y diríamos que única de un proyecto, es que cumpla la ley; todo lo demás es opinable.

Hurtarle a un grupo empresarial el derecho a elegir a su arquitecto es una suerte de intervencionismo -da igual que sea estatal, social o de otro orden- inaceptable en libertad. Otro debate distinto es el de si el marco legal es el mejor, si debe respetar determinados colores, alturas, etc., éste es el debate que merece la pena pero una vez aprobado por nuestros representantes nuestra opinión es solo eso, opinión, y no debería convertirse poco menos que en la excomunión del proyecto. Muchos de los retrasos en infraestructuras y servicios de la provincia de Málaga provienen de la lucha cainita entre partidos y, últimamente, de elevar a verdad universal nuestras opiniones personales.

Málaga bien merece debates serios y documentados, sobre todo antes de que sus proyectos nazcan a su aprobación oficial.

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