Unos PGE correctos pero claramente electorales

En el último Consejo de Ministros, el Gobierno revisó sus previsiones económicas y adelantó la mejora en cuatro décimas en la estimación de crecimiento de este año, hasta el 3,3 por ciento, pero este porcentaje sólo representará 1.000 empleos más y 2.000 parados menos de los que se preveían. Por otra parte, y por segundo año consecutivo, el Gobierno baja el techo de gasto y mantiene a la vez el presupuesto de 2015 en los ministerios. Este techo va a servir para elaborar los Presupuestos Generales del Estado, que son los primeros en un proceso electoral, dato de particular importancia y decisión personal del presidente del Gobierno.
El límite al que nos referimos para 2016 es de 123.394 millones de euros, un 4,4 por ciento menos que en 2015. Montoro ha insistido –a las puertas de elecciones estamos, como queda dicho- en que se trata de presupuestos austeros y no de “recortes”, palabra odiada en los últimos años y ahora esquivada de continuo.
También es de interés señalar que la construcción sube dos décimas más, hasta el 5,5 por ciento, primera vez que esto sucede en el sector después de siete años de descender cada vez más. Buen dato pues para nuestra provincia y la Costa del Sol en las que el sector reúne tanto dinamismo. Montoro también nos ha informado de que la recaudación mejora hasta mayo en un 7,4 por ciento y que están aumentando las bases imponibles de los impuestos tras las caídas durante la crisis.
El panorama es ciertamente positivo si no fuera por el paro, que sigue sin despegar del modo que merecería una situación tan desesperante para millones de españoles. Como ha puesto de manifiesto un informe de CEOE, se da una extraordinaria importancia a las políticas pasivas de empleo –pago de prestaciones y ayudas al paro- y a las actividades burocráticas –contabilización de contratados y parados- en detrimento de las activas y de las necesidades de la empresa. También tienen que ver en este estado de cosas que afectan al paro, la falta de ajuste entre las cualificaciones demandadas y las que ofrecen los trabajadores, la polarización entre los que tienen nivel universitario y los que apenas terminan su educación obligatoria y la ausencia repetida de una orientación profesional adecuada. Las altas cotizaciones sociales son de los más importantes muros al empleo. Pero ese paso el Gobierno no lo da porque prima su necesidad recaudatoria sobre cualquier otra consideración.

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