“Urgencias soporta el problema de otras partes del sistema sanitario”

“Urgencias soporta el problema de otras partes del sistema sanitario”

Ana Pérez, médico del servicio de urgencias de Hospital Civil

Los trabajadores de los servicios de urgencias deben lidiar en numerosas ocasiones con la falta de espacio, carencia de medios y descontento de los pacientes que acuden a la sanidad pública

Maite Díaz Torres

En la actualidad, el Sistema Sanitario Público de Andalucía tiene que lidiar anualmente con alrededor de seis millones de demandas de atención urgente a nivel de atención primaria y unos cuatro millones de urgencias hospitalarias, según datos del Plan Andaluz de Urgencias y Emergencias de la Junta de Andalucía. Además, el volumen de pacientes en urgencias “ha aumentado un 3 por ciento más que el año pasado”. Con una creciente demanda, las condiciones de trabajo de los profesionales “están cada vez peor, vemos muchos más pacientes, hacemos más horas que antes y estamos cobrando menos”, asegura Ana Pérez, médico en el Servicio de urgencias del Hospital Civil desde hace diez años.
Ana Pérez ha tenido siempre muy claro que quería ser médico de urgencias, por ese motivo estudió la especialidad de Medicina General y Comunitaria, la requerida para trabajar en la UVI, ya que en España no existe dicha rama de especialización. Esta profesional asegura que, aunque le gusta su trabajo, no termina de estar contenta con las condiciones con las que tiene que lidiar cada día. Los médicos que trabajan en el servicio de urgencias sufren en ocasiones la falta de espacio, carencia de medios y horarios interminables, además de tener que lidiar con el descontento de los pacientes, quienes muchas veces ven en el servicio de urgencias una salida rápida para evitar las largas listas de espera del servicio sanitario.
Picos de demanda
La situación se agrava en algunas situaciones, como durante la epidemia de gripe, cuando normalmente la demanda de los dispositivos de cuidados críticos y urgencias se incrementa alrededor de un 40 por ciento, lo que significa entre 100 y 150 pacientes más. Pérez asegura que “hay una falta de previsión brutal” para estas situaciones.
En los momentos en los que el hospital se sobrecarga los pacientes pueden llegar a pasar hasta cinco o seis días hacinados en la sala de observación, porque no hay camas suficientes para pasarlos a planta. Eso es, según Pérez “una locura, porque es una zona en la que el paciente se desorienta mucho, no ve ni siquiera cuando es de día, no puede ver a su familia y además hay mucho trasiego de pacientes y cambios de personal”.
La profesional explica que “este invierno, por ejemplo, había una planta entera cerrada en el Hospital Civil y no la abrían hasta que no había más de tres días de saturación”. Estas medidas se toman “para ahorrar dinero, porque con la planta abierta tendrían que contratar personal de enfermería”. Por ese motivo, “tensan la cuerda para ver hasta dónde aguanta y toman medidas en el momento justo antes de que pase algo grave”.
El colapso en urgencias afecta también a otras áreas, ya que cuando hay mucha saturación, “el jefe de la guardia tiene que autorizar medidas extraordinarias para ese día, que suelen pasar por habilitar camas que estaban programadas para pacientes de quirófano”, lo que está muy mal visto porque los pacientes que están esperando en lista de espera para operarse no pueden hacerlo ese día al no tener camas.
Masificación y largas listas de espera
La masificación que se vive en urgencias “tiene ahora mismo difícil solución porque es una cosa muy establecida y soporta el problema de otras partes del sistema sanitario”. Pérez explica que “las largas listas de espera que hay para acudir a los especialistas hacen que muchos pacientes decidan acudir directamente a urgencias”.
Además, personas que están esperando su turno para operarse “muchas veces vienen a urgencias a quejarse por sus dolencias”. A esto se une la asistencia a inmigrantes, que al no tener derecho a un médico de cabecera acuden a urgencias “una y otra vez”, donde “se les pone el parche, pero hay dolencias que no pueden resolverse”. No obstante, Pérez admite que esa situación no es lo más habitual “porque normalmente los inmigrantes son personas jóvenes”. Además, muchos pacientes están acostumbrados al “aquí y ahora” y ven el servicio de urgencias como el único lugar al que pueden acudir para esquivar las largas esperas del sistema sanitario. Las personas se han acostumbrado a acudir a urgencias porque “es un proceso más rápido que acudir al médico de cabecera, saben que les van a atender siempre que vayan y a la hora que quieran”. Muchos “llegan con unas expectativas que no pueden cubrirse en urgencias porque no tenemos especialistas”. Esto “podría solucionarse con una mayor educación sanitaria”, asegura Pérez.
Cuando hay muchas personas en la sala “se trabaja peor, cuesta más trabajo atender en condiciones a todos los pacientes”. En algunas ocasiones, a causa de la gran cantidad de personas que acuden a urgencias y de la falta de espacio y medios se ven obligados a colocar a los pacientes en una camilla pequeña, donde no pueden estar vigilados ni monitorizados. Esto se traduce necesariamente en un peor servicio y también en un riesgo para los trabajadores de urgencias, quienes serían responsables en el caso de que sucediera alguna desgracia derivada de esta falta de medios.

Pérez asume que “aunque me gusta mi trabajo, me gustaría trabajar en mejores condiciones”. A las quejas de los pacientes, que “en ocasiones descargan una serie de frustraciones con nosotros por la falta de medios” se unen las excesivas horas de trabajo, ya que en fechas concretas como el verano pueden llegar a sobrepasar las 48 horas máximas semanales por la falta de contratación de personal de refuerzo.

Como Pérez, miles de profesionales sanitarios deben enfrentarse a circunstancias difíciles derivadas de la falta de medios, la mala gestión pública y la falta de educación sanitaria de la población. Sin embargo, como Pérez, continúan ejerciendo y tratando de dar el mejor servicio posible, porque “nuestro trabajo es ese y estamos comprometidos”.

Compromiso que les aporta todo el aguante que necesitan para lidiar cada día con las dificultades que se encuentran durante sus horas de servicio.

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