Vaivenes en democracias. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho y Sociedad - El Sol Digital
Vaivenes en democracias. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho y Sociedad

Vaivenes en democracias. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho y Sociedad

En EE. UU. en el año 2016, aunque Clinton venció por cerca de tres millones de votos individuales o populares en el conjunto del país, Trump se hizo con Michigan por 10.704 votos (0,2 puntos porcentuales), con Pensilvania por 46.765 (0,7 puntos) y con Wisconsin por 22.177 (0,8 puntos), que le reportaron 46 votos electorales e inclinaron la balanza en su favor. En el mes de noviembre, se verá si la venganza de la prensa, la meca del cine, lobbys de LGTB y decenas de miles de entidades pro-demócratas logran su objetivo, derrotar a Trump.

En Israel, el Likud de Netanyahu ha ganado hace unos meses centrando su campaña en la rápida anexión del valle del Jordán y colonias israelíes en Cisjordania, tal y como facilita el proyecto de paz estadounidense presentado por Donald Trump a finales de enero de este año. Con las elecciones, se trataba de poner fin a la crisis política más importante de la historia del Estado hebreo, tras los comicios de abril y de septiembre de 2019.

El procesamiento de Netanyahu, quien se convirtió en noviembre en el primer jefe de gobierno en la historia de Israel en ser inculpado, concretamente por corrupción, malversación y abuso de confianza. Netanyahu ha ganado y el país parece indiferente a ese procesamiento al primer ministro.

En España, Podemos, “un partido que se ha declarado abiertamente contrario a la Constitución de 1978” y que gobierna con partidos independentistas como ERC, Bildu y BNG en instituciones locales y autonómicas, ostenta varios ministerios del gobierno de España. Ya ha convencido al presidente Sánchez, o quizás éste ya lo estaba, en rebajar las penas por sedición del Código Penal, así, pone en cuestión la labor de los jueces y fiscales ante los responsables del proceso separatista, a los que sí legitima como interlocutores políticos.

El horizonte a medio plazos son que las sucesivas cesiones al nacionalismo soberanista supongan el desmontaje del régimen actual. De esta forma, la idea del Estado se va convirtiendo en un “puzzle territorial y va perdiendo su sentido” a nivel de algunas comunidades autónomas con fuerte implantación de soberanistas.

El camino a para ese objetivo es poner en peligro la lealtad constitucional y que desde el Estado central no se actúe debidamente, provocando una sinergia y escalada de más demandas soberanistas y de la judicialización de la política autonómica por PP, VOX o Cs.

Es necesario desde gran parte de la sociedad civil hacer visible en la calle la discrepancia cívica. El presidente Sánchez adecúa su trato con el independentismo en función de sus necesidades para mantenerse en la Moncloa. Podemos le apoya sin fisuras.

Paso paso se puede ir mimetizando en la sociedad que es posible, incluso necesario a medio plazo, un referéndum en Cataluña y luego en el País Vasco. De esta forma, va calando la idea nefasta de que desafiar el modelo español de 1978 que consagra la unión de ciudadanos iguales, y el modelo territorial es fácil y sin consecuencias políticas ni penales.

Las transferencias pactadas por Sánchez con el PNV para que el País Vasco gestione las prisiones vascas y la Seguridad Social, más que un error es un camino al precipicio. Aunque el Estatuto vasco fije ese traspaso, existen varias sentencias del Tribunal Constitucional que interpretan que eso quebraría la caja única, y por tanto, el principio de solidaridad que consagra la Constitución.

La voracidad competencial del soberanismo es insaciable, por eso era y es necesario la unión del electorado del PP, Cs y VOX frente a la pasividad del PSOE-PSV.

PP + Cs, la coalición, tiene como objetivo la unión del espacio constitucional de centro derecha en el País Vasco, el fortalecimiento de “la unidad, la igualdad y la libertad” como máxima expresión de convivencia y unión de todos los españoles.

Cada día se hace más necesario movilizarse en las calles, y al margen de los partidos, si es necesario, todos los españoles en defensa del régimen constitucional y frente al secesionismo catalán, vasco y navarro y la absurda idea del actual Gobierno de Pedro Sánchez de aplacar a los nacionalistas con más y más cesiones que minoran la igualdad y benefician a unas regiones más ricas sobre las demás.

Parece como si asistiéramos impávidos a una cronificación de una muerte anunciada a medio plazo de un ser querido, pero alejado. Recuerda Stefan Zweig en su famosa biografía sobre la reina francesa María Antonieta publicada en 1932, que la mañana del miércoles 16 de octubre de 1793 no cabía un alfiler en la plaza de la Revolución de París –actual plaza de la Concordia–.  Diez mil personas se encontraban allí de pie desde muy temprano para no perder aquel espectáculo único de ver cómo una reina, según la grosera frase de Hébert, es “afeitada por la navaja nacional”.

El Tribunal Revolucionario, uno de los principales órganos surgidos de la Revolución Francesa, había dictado sentencia dos días antes contra ella. La condena, pena de muerte por traición. La prisionera número 280, “acusada de haber conspirado contra Francia”, estará encerrada casi tres meses, en una mazmorra sucia y con moho por la humedad, en la que tiene que soportar temperaturas muy bajas a medida que llega el otoño y el juicio. Todo ello sin ver más a sus tres hijos.

No podemos dejar que los soberanistas y los podemitas nos quiten, a medio plazo, una idea de España constitucional y libremente unida. No va a ver duelo. La premeditación y alevosía de unas mentes, el instrumento del más loco de los fanatismos, no se puede alzar en su odio ciego contra el Estado español, sin embargo, pueden herirlo gravememte, nunca derribarlo. La sociedad española no va a permitir  asumir los referéndums secesionistas en su ideario colectivo.

Otra forma de corrupción motivó el exilio del presidente Evo Morales en Bolivia. El hecho de que el Ejército no tomara el poder y de que el país viviera sumido en un vacío de poder durante varios días, demuestra que Evo Morales no fue expulsado ilegítimamente de la presidencia.

En la vertiginosa secuencia de eventos, la Organización de Estados Americanos (OEA) emitió su informe sobre las elecciones el domingo 10 de noviembre, a las seis de la mañana. Fue lapidario y estableció que en Bolivia se había producido «fraude en todas las etapas» del proceso electoral, a un grado tal que solicitó anular los comicios y convocar a otros con un Tribunal Supremo Electoral renovado, que remplazara al anterior, pues todos sus miembros eran adictos de Morales. Las Fuerzas Armadas sugirieron su renuncia. Y llego el fin.

Morales se sentía hermano del dictador comunista Fidel Castro, un “líder inmortal de la lucha de los pueblos libres contra el imperialismo” afirmaba. De su dictadura durante 50 años, que aún permanece con miles de presos políticos y exiliados, ninguna crítica.

El jurista español Baltasar Garzón presentó un recurso hace meses ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanas (OEA), con el fin de permitir que Morales participe en las próximas elecciones. Hay una prohibición constitucional de que un presidente se presente dos veces a la reelección que Morales ha incumplido públicamente, habiendo perdido ya un referéndum que lo hubiera habilitado.

En mayo se celebran elecciones en ese país andino. El 60 por ciento de la población de Bolivia es indígena. Existe una fractura histórica entre indígenas, generalmente pobres, y sectores blancos. En sus casi 14 años de mandato, Morales consiguió reducir la pobreza extrema ha pasado del 38 por ciento al 15 por ciento; la pobreza, en total, bajó del 60 por ciento al 34 por ciento, según el Banco Interamericano de Desarrollo. Todo fue impulsado por el boom de las materias primas, y se logró que la economía boliviana creciera a un promedio anual del 4,9 por ciento y que la inflación apenas existiera.

Es necesario un cambio de presidencia y gobierno en ese país para revocar las condiciones que lo habían convertido en un país totalitario con influencia marxista cubana y chavista. Los ciudadanos tienen la palabra y el voto. Los demócratas han de unirse por encima de diferencias personales y localismos, y luchar por el bienestar y la justicia social.

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