Vatia ingresa en el club de mejores ‘start ups’ energéticas de Europa

Vatia ingresa en el club de mejores ‘start ups’ energéticas de Europa

Juan Alberto Gómez

Lo que ha hecho la empresa Vatia no ha sido fácil. Nada menos que imponerse ante 230 ‘start ups’ de toda Europa que pugnaban por entrar en ‘INCENSe’, una iniciativa de aceleración empresarial al que sólo ingresa el mejor talento. La malagueña ha obtenido, entre las 14 firmas seleccionadas, la máxima puntuación junto a la otra española Exploded View. La reseña se conocía días pasados y ha sido una excelente noticia para el emprendimiento de la provincia, que pone una pica en el corazón tecnológico europeo. Vatia ha visto premiado su proyecto de eficiencia energética dirigido al desarrollo de soluciones para ‘smart cities’ (ciudades inteligentes). Incense es un programa de ‘mentoring’ empresarial dirigido a firmas semilla cofinanciado por la Comisión Europea y que cuenta con el respaldo, a nivel privado, de Enel, Endesa, Accelerace y FundingBox.

Pero ¿qué ventaja competitiva brinda su propuesta innovadora?, ¿quiénes están detrás de Vatia?. El proyecto más valorado por Enel, es una plataforma de inteligencia web. Lo más llamativo es que permite realizar auditorías energéticas con menos información. A priori, “evita el proceso” que “suele ser largo y costoso” que consiste en “instalar medidores y visitar frecuentemente el lugar”, explica el cofundador y director, Antonio J. Ruíz. “Proponemos una auditoria básica” que, sin embargo “proporciona información muy veraz sobre cada inmueble”. De hecho, la solución está más pensada para clientes que gestionan grupos de edificios. Esto es, desde un ayuntamiento, una diputación pasando por empresas privadas con elevados patrimonios caso de Ikea, Zara, Mango, una red de concesionarios multimarca, etc. Lo que hace la analítica del software ‘energy secuence’ es “detectar aquellos edificios que, energéticamente, presentan mayor potencial de ahorro”.

De todos modos, la línea de trabajo actual de Vatia son las denominada ‘utilities’ o compañías de suministro eléctrico que buscan ser “más eficientes de cara a los clientes”. De hecho, el proyecto de inteligencia web lo está desarrollando en asociación con la eléctrica Enel, matriz de la española Endesa. “Es el paso previo a una mayor racionalización energética”, dice el responsable de la tecnológica. El emprendedor confía en que en un futuro no muy lejano se implante “a figura del ‘customer engagement’ como alguien que pueda hacer sugerencias en eficiencia o recomendaciones de potencia”. En la actualidad, percibe cierto “intrusismo” en la consultoría energética más ligada al consumo. “Escasean los profesionales frente a agentes comerciales que sólo buscan que cambies de operadora”.

Ruiz comenta que están profundizando en el desarrollo de la versión ‘beta’ del software que esperan lanzar a finales de año.
Otros proyectos

La otra gran pata de la tecnológica es la consultoría energética. Uno de sus últimos proyectos de interés es la ejecución de un ‘mapa de ruido’ de la ciudad de Málaga para el Ayuntamiento. Han desplegado una amplia red de sensores cuya información será vital a la hora de establecer medidas en aquellas zonas con elevados niveles sonoros. La gran novedad en la propuesta de Vatia es “la participación de los ciudadanos en las políticas de ruido”.

También llevan a cabo una monitorización del gasto energético del Museo Picasso de Málaga. Estos trabajos de consultoría tratan de detectar la huella de carbono, el derroche energético, gastos de luminaria, etc.
Sobre la receptividad de la administración y la propia calle, “estamos muy retrasados –con respecto a Europa- en normativas de eficiencia”. Por ejemplo, “se ha construido muy mal” con “pisos caracterizados por cerramientos deficientes”.

Los cerebros de Vatia

Los fundadores de Vatia han hecho el camino inverso de cualquier emprendedor. Han salido de grandes compañías de ingeniería y consultoría para involucrarse en una firma semilla. Antonio J. Ruiz es máster Ingeniero Industrial y MBA. Cuenta con experiencia en el sector de la energía y la tecnología. Ha pasado por multinacionales como Repsol Ypf, Elisa Corporation o el Insituto Motori di Napoli. Aitor Castillo comparte su misma titulación y es experto por el Instituto Internacional San Telmo en Gestión de la Innovación. Su trayectoria empresarial le ha llevado por firmas como Andersen Consulting, Accenture, la consultora Pricewaterhouse Coopers o Abengoa.

En opinión de Ruíz, participar en un proyecto europeo junto a las aceleradoras FundinBox y Accelerace representa “un empujón de mucho nivel”, sin olvidar el ‘know-how’ de la eléctrica italiana. Durante los seis meses que dura el ‘mentoring’, las empresas reciben una subvención reembolsable de hasta 150.000 euros y disfrutan de acciones específicas. Entre ellas, talleres sobre financiación europea, ‘coaching’ adicional y acceso a bancos de pruebas en España, Dinamarca e Italia. Para el directivo, dicho tutelaje les permitirá “pulir su estructura” y “establecer un modelo de negocio” viable.

¿Qué es una aceleradora empresarial?

El concepto de aceleradora procede del mundo empresarial norteamericano. Son un fenómeno bastante reciente con apenas diez años de vida. Está vinculada a empresas innovadoras interesadas en reforzar aspectos del negocio como el área financiera o comercial, a menudo, las patas más vulnerables de las firmas semilla. “Hay emprendedores que poseen una buena idea pero no manejan bien los fundamentos del negocio”, señala Ruíz. Las aceleradoras cuentan con empresarios experimentados y un buen equipo que ayuda a resolver las carencias de las empresas que nacen. En primer lugar, detectan las carencias, como fase previa al establecimiento de un plan de negocio real. Este incluye, por lo general, las acciones necesarias de marketing, recomendaciones sobre el plan financiero. En esencia, dan un giro adecuado para que el producto innovador sea entendido de claramente por el mercado. Las aceleradoras constituyen una alternativa más flexible respecto a las clásicas incubadoras. Son más flexibles y, por lo general, de titularidad privada. Al igual que las escuelas de negocio, sus criterios de admisión son bastante más exigentes frente a la incubadora pública.

La práctica habitual es que la aceleradora no cobre por sus servicios sino que participe en los beneficios futuros que obtenga la ‘start up’ tutelada.

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