19 junio. ¿Una esperanza para Andalucía? Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado y doctor en Derecho - El Sol Digital
19 junio. ¿Una esperanza para Andalucía?  Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado y doctor en Derecho

19 junio. ¿Una esperanza para Andalucía? Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado y doctor en Derecho

En las recientes elecciones presidenciales francesas en los jóvenes de 25-34 años, la abstención fue especialmente elevada en la primera vuelta (46%). Entre los obreros también fue bastante significativa (33%), mientras que los jubilados la movilización fue especialmente alta: un 81% acudieron a votar.

El 24 de abril Macron ha conseguido 17.779.809 millones de votos. Marine Le Pen ha conseguido 13.297.728 millones de votos. Increíble, pero cierto, solo 4 millones de votos los han distanciado esta vez.

En Andalucía hubo un terremoto político en diciembre de 2018, pero en aquel momento pudo considerarse como una casualidad propiciada por la aritmética electoral, el inesperado surgimiento de Vox y la suma casi imposible a priori de los tres partidos de centro derecha.

El 19 de junio ya será imposible achacar esto a la casualidad, sería la muestra más visible de un cambio para Andalucía y el anuncio más claro de un nuevo ciclo electoral a nivel nacional que acabaría con Sánchez fuera de la Moncloa.

La convocatoria electoral y la elección de la fecha han dado un protagonismo diario al presidente Moreno, todo el mundo ha hablado de él y de cuándo hará la convocatoria, un efecto de normalización de quien es el presidente y quien tiene el poder.

La cita será para llegar a las urnas en medio de una cierta sensación de euforia popular después de unas fiestas muy arraigadas entre los andaluces, en muchos casos de extraordinaria importancia económica y turística y, sobre todo, tras dos años de prohibiciones y suspensiones por la pandemia. Es obvio que eso beneficia a Moreno.

El resultado final del 19-J tendrá repercusión nacional, potenciando un cambio de ciclo político deseable, a un gobierno atado a los apoyos de ERC y Bildu. La última “bomba” es que este jueves se votó en el Congreso el decreto que contiene las medidas económicas impulsadas por el Ejecutivo para hacer frente a la crisis agravada por la guerra en Ucrania. El espionaje a líderes independentistas ha puesto en solfa el apoyo de los socios de gobernabilidad de Pedro Sánchez.

El Gobierno ha prometido a ERC y Bildu que la comisión de secretos oficiales, donde se tratan los asuntos relativos al CNI como éste del espionaje, se constituirá de manera «inmediata e inminente».  El titular de Presidencia ha recordado que la composición de la comisión de secretos oficiales «no está en el reglamento de la Cámara». Bildu, ERC, Junts entrarán si consiguen 210 votos.

Para el 19-J hay varias claves. Una es si la suma del PP será superior a la del PSOE y las confluencias de izquierdas radicales, o le hará falta el apoyo de VOX para superar esa barrera hoy infranqueable.

Las encuestas publicadas presentan un panorama postelectoral idílico para el PP: una victoria holgada de Juanma Moreno que, sin embargo, no sería suficiente como para lograr una mayoría absoluta que le permitiese gobernar sin ningún apoyo externo y, singularmente, sin depender de Vox.

Lo que se juega es de un profundo impacto político: que Moreno superase en escaños a la suma de todos los partidos de la izquierda. Esto haría muy difícil a Vox votar en contra de una investidura del PP y establecería la relación entre ambos partidos en un nivel completamente diferente del que tendrían en el caso de que fuese necesario el voto de los de Vox para investir a Juanma Moreno.

En ese escenario con los populares sumando más que la izquierda es poco probable que Vox entrase en el gobierno y tendría que limitarse, como ocurre en Madrid, a negociar los presupuestos y las grandes leyes.

Vox, el partido conservador, ha obtenido algunos buenos resultados en elecciones autonómicas contando con candidatos prácticamente desconocidos. Si resultase decisivo podría influir más en políticas de caza, pesca o agricultura, y contra la barbaridad de la educación inclusiva y de género.

La segunda clave es si se hunde del todo el PSOE. El mejor aval que tiene el PSOE a nivel nacional es el presidente, y todas las encuestas señalan aún a Sánchez como el más votado en Cataluña, País Vasco, Valencia, Andalucía o Canarias.

Los socialistas andaluces no despegan en las encuestas. Juan Espadas no suma votos, el enchufe de su mujer no ha ayudado y las dudas ya se han instalado en el propio PSOE, que filtra planes para reforzar desde Madrid una candidatura que, obviamente, si necesita ser reforzada es porque su propio partido la ve débil.

Las encuestas conocidas colocan a los socialistas por debajo del resultado de 2018, que ya fue el peor de su historia y que sería un fracaso sin paliativos, como los cosechados en Galicia y Madrid, donde se quedaron como tercera fuerza.

Si ese resultado ocurriera en Andalucía, sería una catástrofe electoral para un partido que ostenta seis diputaciones y casi un 60% de las alcaldías.

Las claves están quizás en el hastío de la sociedad ante los incesantes casos de la corrupción socialista que ha llevado a dos presidentes a ser condenados en sentencia firme, y a centenares de imputados, y a dilapidar cantidades elevadísimas de dinero público en actuaciones ilícitas o irregulares.

Otra clave electoral de estas elecciones es si se constata la definitiva desaparición de Ciudadanos del único lugar, además del Ayuntamiento de Madrid, en el que el partido naranja mantiene una cuota significativa de poder.

La extrema izquierda, afortunadamente, parece que fracasará. Se ha formado lo que en principio será una candidatura común en la que se agruparían Podemos, IU, Más País y otras formaciones aún menores como Equo y varios partidos andalucistas. Sin embargo, esta fórmula no tiene aún un liderazgo visible.

Tras la escisión o expulsión de Teresa Rodríguez y los suyos, la ex de Podemos se va a presentar, así que la extrema izquierda contará con al menos dos listas para un electorado en franco retroceso: las encuestas colocan la suma de ambas en torno al 12%, lejos del 16% que logró Teresa Rodríguez en 2018 y no digamos de la suma –por encima del 20%– de las candidaturas independientes de Podemos e IU en 2015.

De cumplirse los pronósticos, la extrema izquierda alrededor de Podemos podría enfrentarse a un nuevo y severo correctivo como los sufridos en Galicia, donde se quedó fuera del parlamento regional; en el País Vasco, con una pérdida de casi la mitad de los votos; en Madrid, última fuerza; o, más recientemente, en Castilla y León donde en siete años han pasado de ser la tercera fuerza con 10 procuradores a tener un único representante.

Y otra clave más es el motivo del adelanto electoral, si es por las encuestas, por razones económicas o para conseguir una nueva mayoría con unos presupuestos prorrogados.

El Consejo de Gobierno ha aprobado el proyecto de Ley de Presupuesto de Andalucía para 2022, unas cuentas que se elevan hasta los 43.816,3 millones de euros, con un crecimiento del 9% respecto a 2021, que centran todo su esfuerzo en reforzar los servicios públicos esenciales: sanidad, educación y políticas sociales, y contemplan una cuantía muy relevante, de 5.900 millones, de recursos procedentes de Europa destinados a transformar la economía e impulsar el empleo en la comunidad.

Sanidad, educación y políticas sociales, los tres ejes fundamentales de estas cuentas, representan el 60,6% del gasto no financiero. Si se incluye el modelo de financiación de las universidades, el peso se eleva hasta el 65% del presupuesto.

El gasto de personal (Capítulo I) aumenta un 7,2%, en 946,8 millones, que se destinan fundamentalmente al ámbito sanitario (un 10,6% más que en 2021) y al educativo (el 3,9% más), de manera que estas dos políticas concentran el 84,6% del incremento, lo que se traduce en la incorporación en plantilla de 1.111 profesionales sanitarios y en la contratación de efectivos de refuerzo por el Covid.

En la legislatura actual, sanidad ha incrementado sus recursos en 3.057 millones, lo que representa un aumento del 31%. Esta dotación ha permitido incorporar a un total de 7.087 profesionales sanitarios en plantilla.

Los retos son enormes. Se ha aprobado una ley estrella, la Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía (LISTA), pendiente de un reglamento que desarrolle y aclare muchas dudas. La otra ley estrella, la Ley de economía circular, no es posible su aprobación en esta legislatura. Según la normativa parlamentaria, el proyecto de ley decae íntegramente y volverá a ser presentado por el Consejo de Gobierno.

Las promesas de acabar con la “administración paralela”, el “dopaje” en las elecciones, y otros mensajes electorales repetidos durante décadas no se han cumplido. Los andaluces esperan mejoras en creación de empleo, que se implanten empresas industriales y que avance la sanidad pública y la educación en libertad. Más esperanzas hasta el 2026.

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