Contacto vegetal. Gonzalo Guijarro Puebla - El Sol Digital
Contacto vegetal. Gonzalo Guijarro Puebla

Contacto vegetal. Gonzalo Guijarro Puebla

—Queridos telespectadores de Canal Boquerón, bienvenidos a este programa especial dedicado a ese asombroso hallazgo que, en unas pocas semanas, ha colocado en el centro de la atención mundial a la Universidad de Málaga y a la serranía de Ronda. Un hallazgo que, sin duda, tendrá consecuencias inimaginables para la humanidad, porque supone un reto nunca antes enfrentado. Un hallazgo que ya está levantando intensas pasiones y poniendo al rojo vivo las redes sociales. Me refiero, claro está, a esos prodigiosos árboles andantes e inteligentes que, procedentes de un lejano planeta de nuestra galaxia, han buscado y encontrado un nuevo hogar en nuestra amada tierra, concretamente, en los agrestes parajes de la serranía rondeña. Esa feliz circunstancia ha hecho posible que contemos esta noche con tres invitados de excepción en el plató. El primero de ellos es el hombre que encontró el primer ejemplar de Exo Arbor Ambulans de que se tuvo noticia: don Serapio Lozano, vecino de Benaoján y veterano buscador de espárragos. Muy buenas noches, don Serapio. Por favor, cuéntenos cómo encontró aquella planta y por qué le llamó la atención.

—Pues verá usted, fue en una barranca a la que nunca baja nadie porque está difícil. Yo tampoco suelo bajar, pero es que era lunes, y como los fines de semana los turistas dejan el campo arrasao, a ver si no dónde iba a encontrar yo espárragos. Así que bajé y me puse a lo mío, que son mayormente los cardillos, los espárragos, alguna seta cuando las hay y algún que otro hinojo de vez en cuando, pa quitar la sed. Al cabo de un rato vi una buena esparraguera, me fui pa ella y al laíto estaba la planta aquella. Me llamó la atención primero por los colores; yo nunca había visto una cosa así, con aquellos dibujos de colores en cada hoja. Luego, me fui fijando y es que toa la planta era rarísima. Me entró la curiosidad, así que la arranqué y se la llevé al farmacéutico, que sabe mucho de plantas. Y ya que estoy aquí quiero aprovechar pa decir que me pesa el haberla arrancao, que yo no sabía lo que era aquello. Porque es que, según me dicen mis hijos, en el tuíter ese del internet me están poniendo como chupa de dómine. Dicen que soy el primer asesino interplanetario. Y muchos dicen que por mi culpa los árboles esos del espacio nos van a invadir pa vengarse y qué sé yo cuántas barbaridades más. Pero pa mí que no tengo culpa ninguna, que yo lo hice sin mala intención. Yo qué iba a saber que por arrancar un matojo del monte se iba a liar la que se ha liao.

—Tranquilícese, señor Lozano, tranquilícese. Lamentablemente, en las redes sociales se vierten con demasiada frecuencia opiniones muy poco meditadas y faltas de cualquier fundamento legal. Pero la única verdad es que su oportuno hallazgo permitió que la humanidad tuviera noticia temprana de la presencia en nuestro planeta de los primeros seres vivos procedentes del espacio exterior. Además, obró usted muy cuerdamente al llevarle aquel primer ejemplar de Exo Arbor Ambulans a una persona con formación científica. Una persona que, al ver desbordados sus conocimientos botánicos por aquel extraño vegetal, no dudó un instante en recurrir a la Universidad de Málaga en demanda de asesoramiento. Y esto nos conduce al segundo invitado de honor que nos acompaña esta noche: el doctor Abelardo Sugrañes Ronquillo, catedrático del Departamento de Bioquímica, Biología Molecular e Inmunología de la Universidad de Málaga. El científico que demostró el origen necesariamente extraterrestre del espécimen recogido por el señor Lozano. Señor Sugrañes, ¿sería tan amable de explicar a nuestros telespectadores cómo llegó usted a tan asombrosa conclusión?

—Con mucho gusto. Pues verán ustedes, el farmacéutico a que ha hecho alusión el señor Lozano acudió con aquel misterioso ejemplar al Departamento de Biología Vegetal, originando con ello tales discusiones entre sus integrantes que acabaron recurriendo a nosotros, los bioquímicos, para que secuenciáramos su ADN, pues no parecía haber otro medio para clasificar con criterio aquel rarísimo vegetal. Fue un trabajo lleno de sorpresas. Cuando me presentaron los primeros resultados,  pensé de inmediato en un fallo del secuenciador, porque aquello no tenía sentido. Pero luego, poco a poco, fue poniéndose de manifiesto que no era ése el caso, sino que la anomalía estaba en la muestra vegetal analizada. En fin, para no aburrirles, les diré que posteriores análisis nos mostraron que aquel ADN incluía en su cadena seis mononucleótidos diferentes, en lugar de los cuatro de las especies vivas terrestres. Es decir, que merced a aquella pareja extra de mononucleótidos, su ADN tenía una composición química diferente a la de cualquier especie viva conocida. Ante aquel resultado asombroso, decidimos secuenciar también algunas de sus proteínas, con el resultado de que sus cadenas contenían treinta aminoácidos distintos, en lugar de los veinte de las criaturas terrestres. Como unas diferencias tan radicales en la estructura química no eran explicables por ningún género de mutación, concluí que aquel misterioso vegetal tenía que ser por fuerza de origen extraterrestre y, dada la trascendencia de tan perturbador descubrimiento, así lo comuniqué al gobierno de la nación en un informe que por elemental prudencia pretendí que fuera confidencial. Sin embargo, vaya uno a saber cómo, a los dos días de enviar el informe la noticia ya era del dominio público. Y, por supuesto, no faltaron voces en los medios de comunicación que me descalificaran como científico y me tildaron de iluminado, de orate y de buscar una inmerecida notoriedad.

—En efecto, señor Sugrañes, en efecto, así fue. Pero también es cierto que los hechos pusieron rápidamente en su sitio a los maledicentes. Apenas unos días después de hacerse público su informe y antes de que la expedición científica organizada por la universidad malagueña partiera hacia la zona en la que el señor Lozano había encontrado aquel primer ejemplar, la humanidad entera quedó sumida en el asombro ante la noticia de que se había establecido contacto con unos increíbles árboles andantes e inteligentes. Y de eso puede dar un testimonio de primera mano nuestra siguiente invitada, doña Evangelina Cifuentes Buendía, profesora interina de Ciencias Naturales en el IES San Canuto Aeropagita, de Ronda. Señorita Cifuentes, podría contarnos cómo tuvo lugar su contacto con la forma adulta de Exo Arbor Ambulans.

—Sí, claro. ¡Como para olvidarlo que fue aquello! Yo había ido de excursión a la sierra con el primero de bachillerato del que soy tutora, para enseñarles a hacer un herbario, y en ello estaba cuando escuché un alarido de pánico. Cuando miré en la dirección de que provenía, me quedé paralizada de espanto. No podía dar crédito a lo que veía. Jonatan Valverde, uno de mis alumnos, corría monte abajo como alma que lleva el diablo, en dirección hacia donde yo estaba con el resto del grupo, perseguido por un árbol de poco más de dos metros de alto que le propinaba cogotazos con sus ramas. Antes de que pudiéramos salir de nuestro estupor y reaccionar, llegaron hasta nosotros. Jonatan se escondió detrás de mí buscando amparo, la criatura. El árbol, por su parte, se detuvo frente al grupo, señaló con una de sus ramas el punto exacto de su tronco donde Jonatan había dibujado a navaja un corazón, sus iniciales y las de su novia, y dijo con una extraña voz, airada pero comprensible: “¿A usted esto le parece bonito? ¿Esto es lo que les enseñan ustedes a sus esquejes?”. A mí aquello me picó el pundonor profesional, tanto, que se me olvidó el susto que llevaba en el cuerpo, y le dije que a Jonatan ya le pondría yo una amonestación, o se lo comunicaría a la orientadora, pero que como volviera a ponerle la rama encima a alguno de mis tutorados le denunciaba por agresión a menores. Porque, aunque a mí a ecologista no me gana nadie, el que la criatura hubiera arañado un poco la corteza de un árbol para declararle su amor a Yésica Molina tampoco me parecía como para ponerse así. Luego, cuando se me pasó el pronto y caí en la cuenta de con quién estaba hablando, pensé si no habría chupado inadvertidamente alguna hierba alucinógena. A todo esto, llegaron más árboles. Andando. Uno algo más grande que los demás se adelantó, me hizo una especie de reverencia y se presentó como el portavoz de la plantación. Así dijo. Nos contó que habían venido como semillas a bordo de una nave del tamaño de un balón de fútbol, que ahora estaba orbitando en torno a la tierra. Desde ella, una lanzadera automática del tamaño de una pelota de tenis los había trasladado hasta las bajas capas de la atmósfera y liberado a unos pocos metros sobre el suelo en un lugar de clima idóneo para sus requerimientos vitales. Una vez hubieron germinado las semillas y alcanzado las plantas un grado de desarrollo suficiente, desde la nave en órbita les enviaron por ondas de alta frecuencia a sus cerebros todo el bagaje cultural de su planeta. Y ya de paso, todo lo que las antenas de la nave habían captado de nuestras emisiones de radio y televisión. Gracias a ello, me dijo, tenían ya un cierto dominio del idioma y de la cultura local. Luego, no sé si para demostrarlo, me pidió que los guiara hasta el cuartelillo de la Guardia Civil más próximo, para presentarse a la autoridad. Yo pensé que sí, que eso era lo mejor que podía hacer, así que nos pusimos en camino hacia la carretera. Y como ya estoy hasta el gorro de ser interina, mientras andábamos, le fui preguntando cosillas al portavoz, por ver si podía sacar de aquel encuentro algún material para publicar algo que me diera puntos para las oposiciones. Así me enteré de que son árboles de crecimiento muy rápido; en menos de un año alcanzan su tamaño adulto y se desarraigan por primera vez. Entonces tienen que aprender a andar sobre sus tres raíces principales. Empiezan apoyándose también en las ramas bajas, que conforman una especie de taka taka. Luego, según van adquiriendo dominio, se les van cayendo esas ramas y adquieren su estructura definitiva, con cuatro o seis ramas altas que ellos manejan como otros tantos brazos terminados en sus correspondientes manos. El cerebro lo tienen en lo alto del tronco, justo debajo de la copa. Se comunican entre ellos como nosotros, mediante gestos y sonidos que forman un lenguaje codificado. Pero su aparato fonador no está, como en los humanos, asociado al respiratorio; al parecer se desarrolló a lo largo de centenares de millones de años a partir de una ancestral trampa para moscas. Porque ellos descienden de plantas carnívoras. Pero ellos ya no lo son, ellos son absolutamente autótrofos, me aseguró el portavoz. Cada noche, clavan sus raíces en el suelo y se alimentan mientras duermen. Aunque me daba un poco de corte, también le pregunté cómo se reproducen, y me respondió que sexualmente pero a voleo, sin nuestras complicadas búsquedas de la media naranja. Cuando llega la primavera, todos sus trabajos se detienen. Los árboles macho se ponen a polinizar como descosidos, mientras las hembras abren sus flores para que sean fecundadas, en una especie de orgía que dura varias semanas. Luego, los machos reemprenden sus tareas. Las hembras las retoman un par de semanas más tarde, cuando terminan sus bajas laborales por producción de semillas. Me dijo también el portavoz que venían en son de paz, pero para quedarse. Por lo que fue dejando caer, de su planeta habían tenido que salir por pies. Se habían reproducido tanto que todos sus continentes llegaron a estar completamente cubiertos de bosques, lo que había incrementado el porcentaje de oxígeno en su atmósfera hasta niveles peligrosos. Durante los veranos habían empezado a producirse casos de combustión espontánea. Miles de millones de árboles perecieron en espantosos incendios, hasta que todo el planeta quedó cubierto de una gruesa capa de cenizas. Los últimos supervivientes, antes de incendiarse también, habían lanzado sus semillas al espacio, con la esperanza de que encontraran un nuevo hogar en el que seguir desarrollando la noble aventura del pensamiento racional.

—Muchas gracias por su vívida descripción de ese primer contacto, señorita Cifuentes. Como todos ustedes saben, queridos telespectadores, a partir de ese momento, la noticia de que un nutrido grupo de criaturas extraterrestres e inteligentes habían aterrizado en una barranca de la serranía de Ronda se extendió a increíble velocidad por la red y, en dos días, pasó a abrir los noticiarios televisivos y a ocupar las primeras páginas de todos los rotativos del mundo. Sin duda, todos ustedes recuerdan aquella primera fotografía del portavoz de los extraterrestres haciendo el signo de la paz con una de sus ramas, flanqueado por el sargento del puesto y un número de la benemérita. Después vendría esa vorágine que ha convertido a la innominada barranca donde aterrizaron los arbolistos —por usar el termino popular con que se ha dado en nombrar a nuestros visitantes del espacio— en el centro de la atención mundial: docenas de expediciones científicas procedentes de los más prestigiosos centros de investigación; observadores militares y diplomáticos internacionales, que supervisan la labor del tercio de La Legión con acuartelamiento en Ronda que garantiza la seguridad; una avalancha de periodistas, equipos de televisión y curiosos que ha desbordado por completo la capacidad hotelera de la zona… Por no hablar de las numerosas sectas mesiánicas vegetarianas que han realizado peregrinaciones. Y a nivel mundial la vorágine desatada no ha sido menor. La bolsa parece haber enloquecido. Tanto los temores como las esperanzas de los seres humanos han cambiado, y eso no puede dejar de notarse en el mercado de valores. Pues bien, para intentar vislumbrar cuáles son las expectativas que esta nueva era sitúa ante nosotros hemos invitado esta noche a seis personas de sólido prestigio en sus respectivos campos. El primero de ellos es un reputado alergólogo, el doctor Horacio Castrillo Sánchez. Doctor Castrillo, usted ha elaborado un informe en el que afirma que la especial virulencia de las alergias durante la pasada primavera está relacionada con la polinización de los Exo Arbor Ambulans. ¿En qué se ha basado ese informe?

—Pues en los muchos casos clínicos de alergias severas que se registraron durante la pasada primavera. Una cosa mala; no se puede usted imaginar. Y claro, como yo tengo mi consulta en Estepona y la pasada primavera sopló mucho terral, en cuanto me enteré de que había alienígenas vegetales en la serranía de Ronda, que es de donde procede el terral, pensé que algo tendrían que ver. Luego estuve mirando las fichas de mis pacientes y resultó que todos provenían de pueblos que estaban en el camino del viento. Más claro, agua. Y es que con una estructura química como la que tienen esos seres, su polen tiene que ser por fuerza tremendamente alergénico. Un peligro, los arbolistos ésos. Y dicen que vienen para quedarse… Pues prepárense ustedes a estornudar. Y en cuanto al lío ése de la volatilidad que hay en la bolsa, yo lo tengo clarísimo, en lo que hay que invertir es en Kleenex.

—Pues ya lo saben ustedes, sufridos telespectadores, la coexistencia pacífica con nuestros nuevos vecinos no está exenta de algún pequeño inconveniente. Pero, ¿qué son unas cuantas lágrimas y mocos ante la solución definitiva del problema de la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera? Sí, señoras y señores, porque el fin de la amenaza del cambio climático viene de la mano de los Exo Arbor Ambulans, o al menos esa es la tesis que defiende nuestro siguiente invitado: don Atilano Robles del Campo, presidente de la Confederación de Asociaciones Ecologistas y experto en gases de efecto invernadero. ¿Por qué cree usted que los arbolistos son la solución al problema del calentamiento global, don Atilano?

—Hombre, pues porque está claro que lo que los seres humanos necesitamos es un contrapeso vegetal demográficamente igual de agresivo que nosotros, y en ese sentido los arbolistos son ideales y han llegado en el momento justo. Que son extraordinariamente eficaces fijando dióxido de carbono y generando oxígeno ya lo han demostrado en su planeta. En realidad, el que al final se lo cargaran no fue más que una consecuencia indeseada de esa gran eficacia. Nosotros, por nuestra parte, estamos a punto de cargarnos el nuestro consumiendo oxígeno y liberando dióxido, es decir, haciendo justo lo contrario. Así que no cabe duda, sólo llegando a acuerdos con ellos podremos alcanzar un equilibrio que detenga el cambio climático y sus funestas consecuencias. Los arbolistos son nuestra salvación.

—Esperemos que la optimista perspectiva de don Atilano sea la correcta. Aunque no todo el mundo la comparte. Así por ejemplo, nuestra siguiente invitada, doña Águeda Cienfuegos Llamas, ingeniera de montes, no las tiene todas consigo a ese respecto. Por favor, doña Águeda, expónganos su punto de vista.

—Con mucho gusto. Verán, pese a la rápida reproducción y crecimiento de los Exo Arbor Ambulans dudo de que podamos confiar en ellos para detener el proceso de calentamiento atmosférico. Se ha hablado de cederles las zonas altas de los montes para no perder tierras cultivables, pero dada su costumbre de desarraigarse cada mañana para dedicarse a sus quehaceres culturales durante el día, es de temer un rápido incremento de la erosión en esas zonas delicadas, y pronto nuestros supuestos socios se verían obligados a ocupar tierras más bajas. Y no olvidemos que sus frutos, debido a su distinta estructura química, nos resultan absolutamente indigeribles. Por lo demás, tampoco parece que ni siquiera el aprovechamiento de su madera vaya a ser fácil. Como criaturas culturales que son, tienen sus ritos funerarios que, por desgracia, chocan frontalmente con cualquier intento de aprovechar para la fabricación de muebles y otros enseres lo que ellos consideran los cadáveres de sus mayores. Así pues, mucho me temo que la detención del calentamiento atmosférico sólo sería posible al precio de una disminución de la producción de alimentos.

—Interesantes aunque descorazonadoras consideraciones. Sin embargo, tenemos también esta noche en el plató a una persona que puede iluminarnos en lo que a los aspectos culturales de los arbolistos se refiere. Don Virgilio Terreros Quintanilla, antropólogo. Señor Terreros, ¿podría explicarnos cómo, según usted, podría llevarse a cabo un aprovechamiento racional de la madera de los Exo Arbor Ambulans sin entrar en conflicto con sus ritos funerarios?

—Por supuesto. Verán ustedes, según su tradición, cuando muere un Exo Arbor, su cuerpo es convertido en virutas que son esparcidas por el suelo para que se vayan degradando hasta que puedan ser absorbidas como nutrientes por las raíces de los vivos. Es decir, que al margen de las razones culturales de raíz mística que ellos aducen, la verdad es que los cuerpos de los muertos se utilizan como abono lo que, al margen de los aspectos sentimentales del ritual, es absolutamente racional de por sí. A mi entender, bastaría con que los arbolistos aceptaran un pequeño cambio en sus rituales para que fuera posible el aprovechamiento energético de sus cadáveres. Mi idea es convencerles para que instalen en sus tanatorios digestores que extraigan metano de las virutas, convirtiéndolas en compost. Nosotros nos quedaríamos con el gas, disminuyendo así la tradicional dependencia energética española del exterior, y ellos con el compost, con lo que también saldrían ganando, ya que su absorción de los nutrientes sería más rápida y eficaz.

—Una propuesta interesante, sin duda, la del señor Terreros. Una propuesta que facilitaría una coexistencia mutuamente beneficiosa de las dos especies dotadas de facultades intelectuales superiores que, nos guste o no, hay actualmente en nuestro planeta. Sin embargo, a pesar de las reiteradas declaraciones de nuestros nuevos vecinos en el sentido de que es preciso buscar la colaboración pacífica, también hay voces que alertan de unas secretas tendencias agresivas en los arbolistos. Por ejemplo, nuestra siguiente invitada de esta noche: doña Fuensanta Cabezas de los Infantes, experta en el uso responsable de las nuevas tecnologías. Díganos, doña Fuensanta, ¿en qué se basa usted para afirmar que los Exo Arbor Ambulans albergan intenciones hostiles hacia los seres humanos? Porque hasta el momento su comportamiento no ha podido ser más amistoso y colaborador.

—Sí sí. Lo que pasa es que, como han llegado a nuestro planeta en forma de semillas, de momento no disponen de herramientas para fabricar nada y no les queda otra que hacerse los simpáticos. Pero en cuanto les dejen construir esas instalaciones que dicen necesitar para desarrollar su cultura, ya veremos. De momento, gracias al programa internacional de investigación de sus capacidades cognitivas, los arbolistos ya han tenido eventual acceso a herramientas de todo tipo. Entre ellas, ordenadores. Y ¿qué es lo que han hecho sobre todo con ellos? Los adultos, según dicen los matemáticos, cosas de mucho fuste, sin duda. Por ejemplo, han demostrado la Conjetura de Poincaré y la Hipótesis de Riemann. Pues muy bien. ¡Bravo! Pero, ¿y los arbolistos jovencitos? ¿Qué han hecho ellos con los ordenadores que se les han prestado? Pues yo se lo diré: pasarse las horas muertas matando seres humanos en diversos videojuegos. Podían haber jugado al Tetrix o al 3D Rally Racing, pero no, a los arbolistillos lo que les pone es masacrar seres humanos con cualquier pretexto. Que si las batallas de la Segunda Guerra Mundial, que si los terroristas islámicos, que si los gladiadores del circo romano, que si las artes marciales… Todo les vale. Así que cuidado con ellos, que se les ve venir. Porque es que, con eso de que son vegetales, todo el mundo da por sentado que tienen que ser pacíficos, pero ya ven ustedes lo que hay.

—Bueno, bueno, doña Fuensanta… No digo yo que haya que echar en saco roto sus advertencias, pero tal vez les esté usted concediendo demasiada importancia a unos meros juegos de adolescentes. Unos árboles adolescentes que, además, han recibido una fuerte impresión al enterarse de la existencia de los aizcolaris. Hemos de comprender que las imágenes de unos seres humanos cortando troncos a hachazos como deporte tienen que haber suscitado una gran inquietud en sus tiernas mentes. En fin, como ven, queridos telespectadores, en cualquier caso, la integración de estas criaturas inteligentes y amables en nuestro planeta supone todo un reto para la humanidad. Un reto inimaginable hace tan sólo unas pocas semanas, y eso nos lleva a nuestro último invitado de esta noche: don  Amado Escribano Jurado, doctor en Derecho Comparado, presidente de la comisión de asesores para la  elaboración del protocolo de integración normativa y legal de los Exo Arbor Ambulans en nuestro marco jurídico, y reconocido experto en relaciones institucionales. Señor Escribano, usted ha ido siguiendo muy de cerca desde el principio los diversos problemas de índole legal que la aparición de esta sorprendente forma de vida inteligente plantea cada día, tanto a nivel nacional como internacional. ¿Podría hacernos un breve resumen de cuál es la situación actual a ese respecto?

—Pues… ¿Qué quieren ustedes que les diga? Un desastre, para qué les voy a engañar. La verdad es que estamos haciendo un papelón ante los arbolistos. Pero es que, claro, como ellos son siempre todos de la misma opinión y nosotros tenemos cuarenta diferentes para cada tema, pues no hay manera. Para que se hagan ustedes una idea, para hacer nuestras propuestas tenemos primero que oír desde al Concejal de Parques y Jardines de Benaoján hasta al presidente del Comité Internacional de la ONU, pasando por la Junta de Andalucía, el Gobierno Central, la Comunidad Europea y la Sociedad Protectora de Animales y Plantas, entre otras instituciones. Y ellos, en cambio, siempre todos a una. Por lo que nos ha expuesto el asesor biológico de la comisión, eso debe de ser una consecuencia cultural de los aspectos evolutivos de su polinización al azar, que crea unos lazos de parentesco generalizado aunque difuso. Debido a eso, ninguno de ellos tiene razones de proximidad genética para favorecer con su apoyo al promotor de ninguna opinión particular en concreto, y todos optan por la que racionalmente más favorezca a la comunidad. No como nosotros que, al reproducirnos por parejas, luego siempre barremos para nuestros genes, o sea para la familia. Bueno, pues ya les digo, para cuando nosotros consigamos consensuar un mínimo marco normativo, ellos seguro que ya se han esparcido por todo el planeta ¡Menudos son!

—Un tanto desoladora su exposición, señor Escribano; confiemos en que el ingenio humano sepa atajar esa posible proliferación descontrolada de los Exo Arbor Ambulans que usted pronostica. Y, en fin, queridos telespectadores, como han podido escuchar, las expectativas que abre la presencia de los arbolistos en nuestro planeta son muchas y muy diferentes. Espero que las informadas opiniones que se han expuesto aquí esta noche hayan contribuido a hacerles conscientes de algunas de ellas.

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