Cortés, un héroe olvidado. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho y Sociedad - El Sol Digital
Cortés, un héroe olvidado. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho y Sociedad

Cortés, un héroe olvidado. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Doctor en Derecho y Sociedad

Este año se debería conmemorar en nuestro país el 500 aniversario de un acontecimiento histórico para España y la Humanidad: la conquista de Tenochtitlán por Hernán Cortes.

Esa gesta dio fin al genocida y caníbal régimen del imperio azteca, que tenía sojuzgadas a todas las tribus indígenas, a las cuales esclavizó durante varias décadas. También se las reservaba para ser inmoladas a sus dioses como ofrendas de su sangrienta religión y, tras extirparles el corazón, servían de alimento a sus amos.

Hubo mujeres guerreras indígenas y una soldado española que pelearon al lado de Hernán Cortés.  Dos encabezan las crónicas en la historia: Tecuelhuetzin, la princesa tlaxcalteca que luchó con su esposo Pedro de Alvarado, y María de Estrada. Diversos códices ilustran su participación en cada rubro, además de Malitzin, la mujer que se convirtió en mano derecha de Hernán Cortés, existieron otras mujeres que los acompañaron en batalla.

María de Estrada fue una mujer soldada de procedencia andaluza que se sumó al grupo de soldados cuando tenía entre treinta y cuarenta años. Famosa por sus hazañas de guerra, hay evidencias de que previamente pasó varios años como náufraga entre los nativos de la Cuba precolonial. Su hermano, Francisco de Estrada, había acompañado a Cristóbal Colón como grumete. Estuvo en Cuba donde se casó con Pedro Sánchez Farfán y participó en combates en la actual Matanzas. Cortés la recompensó con las ciudades de Tetela del Volcán, Nepopualco  y Hueyapan de las que fue encomendera.

Tras la conquista de Tenochtitlan, Hernán Cortés en su afán por descubrir nuevos territorios y conquistarlos le costó la enemistad de diversos gobernantes que afectaron gravemente su figura ante la Corona, y le costarían a la postre el débil reconocimiento y título nobiliario apenas de marqués y nunca de virrey.

La leyenda cuenta que la “Noche Triste” Cortés lloró la derrota frente a un árbol, un añejo ahuehuete ubicado en la calzada a Tacuba, en la Ciudad de México. Cientos de sus soldados fueron masacrados, otros tantos murieron ahogados en las acequias junto a sus caballos y su valioso botín de oro que había robado a los mexicas y fundido en tejos (lingotes) para una mejor transportación, se perdió en las aguas de Tenochtitlan.

Fueron 400 valientes y su esforzado capitán con la ayuda de 90.000 guerreros mesoamericanos y conquistaron Tenochtitlan, pero no implicó la conquista de México. Los pueblos indígenas no se pusieron al servicio de Cortés, sino que se aliaron con él para derrotar a los mexicas y entran con él, el 8 de noviembre, como aliados, no al servicio de él. Antes de que los españoles y sus aliados entren a territorio de Huejotzingo, los huejotzingas y otomíes también se alían con los españoles.

Los xochimilcas también se aliaron con los españoles, pero tras derrotarlos. Se combate durante cuatro días en Xochimilco, al final de los cuales los españoles salen huyendo, abandonando sus espaditas, sus cascos y todo lo que habían saqueado en el Valle de Morelos, Hernán Cortés estuvo a punto de morir. Es una de las 14 derrotas militares de Hernán Cortés durante la guerra mesoamericana. Y una vez que los xochimilcas derrotaron la alianza antitenochca, le ofrecen una alianza a Cortés y queda claro que ellos se consideran aliados y con gobierno propio y tierras propias.

Tras la conquista de los mexicas los años siguientes, Cortés siguió explorando el territorio y encontró Baja California Sur, junto a Fortún Jiménez navegó hacia el noroeste siguiendo la costa y en algún momento giró hacia el oeste y llegó hacia una apacible bahía, hoy puerto de La Paz. Se podía decir que la ambición de Cortés no sólo fue el oro y las riquezas materiales sino el poder absoluto que le costó caro ante la Corona en Castilla. Desterrado de México, fue a Castilla para reclamar la gobernación de Nueva España, pero solo consiguió el marquesado del Valle y le dieron tierras cerca del estado actual de Oaxaca.

En 1529, estando Cortés en España, firmó un convenio con la Corona española por el cual se obligaba a enviar por su cuenta “armadas para descubrir islas y territorios en la mar del Sur”. En el mencionado convenio se estipulaba que de las tierras y ganancias que se obtuvieran, una décima parte corresponderían al descubridor en propiedad perpetua, para sí y sus descendientes.

Deseaba encontrar, además del dominio territorial y las posibles ganancias en metales preciosos en las nuevas tierras a descubrir, un paso de mar entre el Pacífico y el Atlántico, pues se pensaba que si Fernando de Magallanes había encontrado un estrecho que comunicaba ambos océanos por el Sur, también debería existir otro paso por el Norte.

Cortés fue un intelectual y a la vez un hombre de acción, fanático religioso y, sin embargo, cínico. Un aventurero y estadista, valiente pero que no se avergüenza de salir corriendo para salvar su vida.

Entre su llegada a La Española en 1504 y su marcha de Cuba al continente, en 1519, Hernán Cortés se convirtió en un hombre rico, con dinero, fincas, ganado e indios. Carecía de experiencia militar y de caudillaje, pues sólo había desempeñado empleos como escribano y tesorero, y su trabajo como hacendado. Además de un patrimonio respetable, Cortés, tenía en torno a treinta y cuatro años, una edad ya madura para la época, cuando aceptó el mando de la expedición organizada por el gobernador Diego Velázquez.

Es decir, se lanzó a una aventura llena de riesgos y peligros cuando podía haberse quedado en Cuba aumentando su fortuna. Aparte de la resistencia de los nativos, las rencillas con otros españoles y las denuncias falsas podían acabar no sólo con la carrera de un conquistador, sino con su vida, como les ocurrió a Vasco Núñez de Balboa, ejecutado, y a los Pizarro y Almagro en Perú.

Después de la victoria sobre los mexicas, Cortés se volcó en la reorganización del territorio con el respaldo de la Corona, pues ésta le nombró por una cédula de octubre de 1522 gobernador y capitán general con iniciativas como la reconstrucción de la ciudad de México, a petición al emperador del envío misioneros franciscanos, apertura de caminos, construcción de puertos, reparto de encomiendas entre sus capitanes, asentamiento de ganado y nuevos cultivos, fundación del primer hospital del país, erección de un palacete, dibujo de mapas, escritura de cartas a Carlos V…

Organizó en 1524 la expedición a Las Hibueras (Honduras), para perseguir a Cristóbal de Olid, camarada suyo al que Diego Velázquez había persuadido para declararse independiente de la autoridad de Cortés. Tan innecesaria fue que a punto estuvo de costarle la vida y su prestigio, pues en ella hizo matar a Cuauhtemoc, el último ‘huey tatlonai’ de los mexicas, al que había derrotado en Tenochtitlán.

En 1526, el emperador le escribió para que mandara un par de barcos desde la costa occidental de la Nueva España en dirección al Maluco en busca de la expedición de Jofre de Loaysa, orden que cumplió. En 1528, viajó a España con permiso de César Carlos, quien le concedió el marquesado del Valle de Oaxaca y 23.000 vasallos. Carlos V no le otorgó el gobierno de la Nueva España, seguramente por miedo a que Cortés formase un reino separado.

En 1535, la Corona instituyó el virreinato y nombró al primer virrey, Antonio de Mendoza (1535-1550), al que tuvo que someterse Cortés. Volvió a cruzar el Atlántico en 1541 cumplidos ya los cincuenta y cinco años de edad, junto con sus dos hijos. Trató de que su hijo Francisco le sucediese en el virreinato de la Nueva España o del Perú, que también desempeñó (1551-1552), pero el Consejo de Indias rechazó semejante petición.

Cortés se arruinó dos veces, después de la expedición a Las Hibueras y de su primer viaje a España, pero rehizo su fortuna. Fue un magnífico hombre de negocios, que unió a sus empresas agrícolas y rentas inmobiliarias la construcción de astilleros y la explotación de minas. Entre 1533 y 1540, envió cuatro expediciones al noreste, que descubrieron la California y su golfo, llamado en tiempos más honrados el mar de Cortés. Participó personalmente en una de ellas, en 1535.

Cortés volvió a cruzar el Atlántico en 1541 cumplidos ya los cincuenta y cinco años de edad, junto con sus dos hijos legítimos, Martín y Luis. Incluso participó en el ataque al nido de piratas de Argel, que fue un desastre, anticipado por él al enjuiciar el plan de ataque.

Para coronar su mito, Cortés abandonó desencantado la corte del monarca al que había dado más tierra que la que éste había recibido en Europa de sus mayores. En 1545 se retiró a Sevilla y falleció en el pueblo de Castilleja de la Cuesta en 1547.

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