Despido por Covid. Justo Rodríguez Sánchez. Abogado - El Sol Digital
Despido por Covid. Justo Rodríguez Sánchez. Abogado

Despido por Covid. Justo Rodríguez Sánchez. Abogado

En esta ocasión vamos a contemplar la casuística recogida en una  sentencia en la que un trabajador,  que prestaba sus servicios en una residencia de ancianos  como gerocultor, ante la  situación vivida de Covid,  causó baja por Incapacidad Transitoria (IT). A tal fin, analizaremos la influencia que tal situación pueda tener en el trabajador a efectos de causar la citada  baja ante el miedo insuperable al contagio propio o a terceros que tenía aquel  durante la pandemia y si las reiteradas ausencias en el trabajo por tal causa pueden ser causa de despido disciplinario.

Así las cosas, y a fin de valorar los hechos y el alcance que nos ocupa, hay que partir de la premisa previa a tales  ausencias laborales en el contexto del temor de contagio y la ulterior situación, esto es, cuando  el  suministro de medios de protección garantizaba la seguridad de los trabajadores hasta el punto de no haber casos de Covid en la residencia de ancianos donde prestaba sus servicios el trabajador. Pese a ello,  nuestro protagonista, continuaba fundamentando su inasistencia al geriátrico  ante  un miedo insuperable al contagio,  hasta el extremo de iniciar un proceso de IT por ataque de pánico.

En este contexto, todos podemos entender la influencia que la pandemia, sus contagios y las  numerosas muertes,  han producido desde un punto de visto psicológico en nuestras vidas, como en este caso le ocurrió  al susodicho, circunstancias que la empresa   tuvo presente, por lo que,  fue a partir del alta de IT,  que a su vez coincidía con la ausencia de contagios,  cuando  la empresa tomó en consideración las ausencias que  tuvieron lugar, acontecimiento este  que, sin duda, obligaba al trabajador a reanudar la prestación de servicios laborales.

Por cuanto antecede, no podemos olvidar que el  alta misma, presupone el control y supervisión médica del estado del trabajador, por lo que el citado  día del alta, el trabajador reunía las condiciones necesarias para afrontar de nuevo su cometido laboral, No obstante,  el gerocultor que nos ocupa, guardó  absoluto silencio, procediendo así  para incumplir con las obligaciones que nacen del contrato de trabajo, ya que  en ningún momento previno a la empresa, ni le comunicó siquiera en cualquier forma o modalidad, su intención o imposibilidad de acudir a sus cometidos, ya que  podría darse la posibilidad de que,  pese al alta, pudiera persistir  un estado anímico o emocional que le impidiera  acudir a su trabajo, por lo que, es  a partir de este momento, cuando  la residencia geriátrica no encuentra  causa que pudiera justificar  el incumplimiento de un deber laboral tan básico como la asistencia al trabajo.

Visto lo visto, los hechos relatados  fueron  constitutivos para la residencia geriátrica  de una falta disciplinaria muy grave, prevista en el art. 60.c).3 del Convenio Marco Estatal de Servicios de Atención  a las Personas Dependientes, por lo que,  valoradas las circunstancias que anteceden, la empresa  procedió a llevar a cabo la extinción del contrato del trabajador. A tales efectos, este procedió  a demandar al citado centro geriátrico,  solicitando  la declaración de nulidad del despido por vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva, en la versión de garantía de indemnidad; de manera subsidiaria, la declaración de improcedencia de aquel, fundamentando en sus asertos que se aplicara en su caso  la llamada Teoría Gradualista.

Bueno será traer a colación que las infracciones que tipifica al art. 54.2 del ET para erigirse en causa que justifiquen la máxima sanción del  despido, han de alcanzar cotas de culpabilidad y gravedad suficientes, para ello es necesario  un   análisis individualizado de cada conducta, tomando en consideración las circunstancias que configuran el hecho, así como las de su autor, pues sólo desde tal perspectiva  cabe apreciar la proporcionalidad de la sanción, ya que tales infracciones, esto es, las que tipifica el mencionado art. 54.2, para la citada  Teoría Gradualista, si bien manifiestan incumplimiento contractual, no denotan, abstractamente consideradas, la conjunta concurrencia de culpabilidad y gravedad suficiente.

En este contexto, la Teoría Gradualista que ha consagrado añeja y consolidada jurisprudencia, tiene su fundamento, precisamente, en las expuestas consideraciones, por lo que  escaso o nulo efecto puede tener el  hecho de que no consten anteriores acciones disciplinarias de la residencia  frente a este trabajador  que hubieran podido evitar  el despido  disciplinario.

En  resumen, en esta ocasión  se  ha llevado  cabo un  necesario juicio de adecuación de los hechos a la tipificación de la falta y la máxima sanción impuesta al gerocultor en cuestión, esto es,  desde los principios de tipicidad, culpabilidad, gravedad y proporcionalidad, sin que  proceda la jurisprudencia del TS en materia de graduación de la sanción de despido, toda vez que al mantener el trabajador  una  línea de incumplimiento, reiterando inasistencias, sin explicación ni justificación,  no puede amparar en este caso la aplicación de la Teoría Gradualista y por ende, procedería su despido disciplinario..

 

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