Editorial - Demasiados botellones y muy pocos valores en un porcentaje minoritario pero creciente de la juventud malagueña y española - El Sol Digital
Editorial – Demasiados botellones y muy pocos valores en un porcentaje minoritario pero creciente de la juventud malagueña y española

Editorial – Demasiados botellones y muy pocos valores en un porcentaje minoritario pero creciente de la juventud malagueña y española

Hace unas semanas se produjeron unos graves incidentes en un parque público de Málaga porque un joven fue detenido por la Policía Local y el resto, unos veinte compinches -se reunían para consumir drogas- se enfrentaron a golpes a los agentes de la autoridad. Hace solo unos días, lo mismo sucedió en el Campus de Teatinos en un botellón al que tuvieron que acudir hasta siete unidades de la Policía también local. Hace dos fines de semana en Madrid, en el Parque del Oeste, hubo más de sesenta detenidos en otra grave alteración del orden público que incluyó robos, tumultos y hasta violaciones. Y, por supuesto, todos recordamos el incívico comportamiento de muchos jóvenes, demasiados pero afortunadamente no todos, durante la pandemia, creyéndose inmortales al no guardar las distancias de seguridad y no usar las preceptivas mascarillas, apiñándose como si estuviésemos en una situación de normalidad sanitaria. Lo peor es que hay quienes los justifican y lo explican con desgana en términos de que la juventud es así, pero lo cierto es que si hay una juventud que se comporta con respeto a la ley y a la cordura ¿por qué hay otra que se empeña en el vandalismo, la violencia y la ilegalidad?

Uno de los signos totalitarios de cualquier dictadura es el culto a la juventud, como si esta, cualquier comportamiento que protagonizara, fuera disculpable por no se sabe qué bula del poder. La pérdida de valores en esta sociedad hedonista e influenciada por una pléyade de voceros del sistema está produciendo, gracias la rebajada educación que se imparte en los centros públicos, un grave daño a muchísimos jóvenes. Atreverse a llamar a las cosas por su nombre, restablecer el principio de autoridad en las aulas, desechar los contenidos adoctrinadores en favor del conocimiento y los valores cívicos y democráticos se hace perentorio. Pero para alcanzar esta necesaria regeneración social primero hay que reconquistar el Gobierno en unas elecciones en las que los socialistas y comunistas se juegan sus medios de vida personales  y un modelo de sociedad corrupto y empobrecedor sin paliativos.

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