Efemérides 23 de junio. La máquina de escribir se convierte en la reina de la oficina - El Sol Digital

Efemérides 23 de junio. La máquina de escribir se convierte en la reina de la oficina

El proceso que va de inventar un aparato, cualquiera que sea su utilidad, hasta que se convierte en popular o su uso sea cotidiano, media un abismo. La máquina de escribir no fue una excepción.

Parece ser que el inventor de la primigenia máquina de escribir fue el italiano Pelegrino Turri, corría el año 1808. Su idea era diseñar y construir un dispositivo con el que las personas ciegas pudieran escribir con facilidad. Incluso el inglés Henry Mill, antes en el tiempo (1714),  diseñó un modelo de impresión de letras. Otros muchos llegaron después, con ingenios como el tipógrafo, para algunos, el antecedente más fiable de la máquina de escribir.

No obstante, el verdadero salto cualitativo, se dio tal día como hoy de 1868. Después de varios años de pruebas, el norteamericano Christopher Latham Sholes patenta la primera máquina de escribir, que marcará un antes y un después en el trabajo de las oficinas. El punto de inflexión empresarial y comercial se produce cuando vende la patente a Densmore and Yost por 12.000 dólares, que a su vez establece un acuerdo con el fabricante de armas de fuego y máquinas de coser E. Remington and Sons.

Esta empresa, de solvencia reconocida, se arriesga a fabricarla en serie a partir del 1 de mayo de 1872 en su factoría de Ilion en el estado de Nueva York. En un principio solo las alquilaba, hasta que da con un modelo donde la disposición del teclado es parecido al actual, y se inicia una historia de éxito que durado hasta bien entrado el siglo XX.

Durante ese tiempo, la velocidad de mecanografiado será una cualificación importante a nivel laboral, siendo imprescindible su dominio en determinadas trabajos.

Éstas dejaron de reinar en las oficinas de forma paulatina, cuando la informática se fue imponiendo como útil herramienta de trabajo. A partir de los años 90, los procesadores de texto de los ordenadores personales reemplazaron casi totalmente el uso de las máquinas de escribir (Olimpia y Olivetti fueron los últimos fabricantes), y el peculiar y nostálgico sonido que emitían, dejaron de escucharse en las oficinas y despachos del mundo entero.

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