Fuerte de Gracia Real de Santa Teresa de Mosé. Carlos Ramírez. Abogado - El Sol Digital
Fuerte de Gracia Real de Santa Teresa de Mosé. Carlos Ramírez. Abogado

Fuerte de Gracia Real de Santa Teresa de Mosé. Carlos Ramírez. Abogado

El territorio de Florida fue un espacio de misiones, que teóricamente abarcaba toda la actual costa atlántica de Estados Unidos y que en todo el siglo XVII solamente constaba de una ciudad, San Agustín, fundada en 1565 por Pedro Fernández de Avilés.

Debido a su estratégica posición, por su cercanía al canal de Bahama, ruta de vuelta de todas las flotas a la Península, y como puerta de entrada al seno mexicano, se creó en esta ciudad un presidio, tanto para la defensa de estas rutas como para servir de apoyo a las misiones, auténticas pacificadoras y colonizadoras del territorio.

A la escasez de población española se le sumaba la ferocidad de las tribus indígenas del área, los temibles semínolas, y la amenaza inglesa desde la ciudad de Jamestown, fundada en 1607. Esta presión se agudizó desde 1666, cuando los ingleses penetren en territorio español y funden Charleston en 1670.

Todo ello supuso que se realizase un esfuerzo defensivo por parte de las autoridades virreinales de México, aunque la población española del área fuese durante la época de Carlos II exigua, solamente 300 vecinos de San Agustín, todos ellos soldados, y la población indígena, repartida en las provincias de Guale, Timicua, Apalache, que se ha estimado en 14.000 personas.

Ya desde el siglo XVI hubo negros y mulatos libres, conocidos como pardos y morenos, integrados en las fuerzas que defendían los territorios de la Corona en las Indias, siendo especialmente importante su presencia en las islas de Puerto Rico, Cuba y Santo Domingo, así como en Cartagena de Indias y México. Esto se debió a la escasez tanto de población aborigen como de la procedente de la metrópoli, y la pertenencia a estas milicias suponía para la población de color el acceso a algunos privilegios y una forma de movilidad social.

Estas fuerzas participaron desde el primer momento en la defensa de las islas y poblaciones atacadas por los corsarios y piratas, y ya a comienzos del siglo XVII el Gobernador de La Habana organizó una compañía de milicias compuesta por cien pardos libres, con el derecho a llevar armas y a sepultar a sus oficiales en la Parroquia Mayor y en la Iglesia del Espíritu Santo.

A comienzos del siglo siguiente, en La Habana había cuatro compañías de pardos y otras cuatro de morenos libres. Estos batallones fueron uniformados de la misma manera que las unidades compuestas de blancos, y sus oficiales, sargentos y cabos llevaban asimismo sable o espada de ordenanza. Asimismo, tenían asignadas sus banderas reglamentarias con la Cruz de Borgoña, el nombre del batallón y un lema, que en el caso de los de pardos era Siempre adelante es gloria y en el de los morenos Vencer o Morir.

En el Archivo General de Indias se conserva un documento que detalla la llegada de un grupo de esclavos negros fugitivos de la colonia británica de Carolina a la Florida española.

Diego de Quiroga, gobernador de Florida, informaba el 24 de febrero de 1688 de la llegada en un bote en el mes de octubre del año anterior a la provincia con ocho negros, dos negras y una criatura de pecho. Estos fugitivos manifestaron su deseo de ser instruidos en la doctrina católica, lo que no había sido permitido por sus amos, por lo que habían escapado desde San Jorge (Jamestown) a territorio español.

El 8 de marzo de 1689 las autoridades españolas informaban a la Corona que habían sido recibidos y amparados, dedicándose desde entonces a trabajar de peones en la real fábrica del castillo, en la que hasta el momento servían. Habiendo sido catequizados, se habían hecho cristianos y se habían casado dos de ellos.

Finalmente, el 7 de noviembre de 1693 una Real Cédula del monarca Carlos II concedió la libertad a todos los esclavos fugitivos de las colonias británicas, tanto hombres como mujeres y siempre que abrazasen la fe católica, afirmando que ello debía de dar ejemplo “de mi liberalidad y dé lugar a que otros hagan lo mismo”.

El 29 de mayo de 1680, una Real Cédula otorgó la libertad a los esclavos que vinieran de las Antillas menores extranjeras en demanda de bautismo, citando expresamente las islas de Barlovento, Martinica, San Vicente y la Granada, con la única limitación de que no se había de entender con los negros esclavos de vasallos del rey de España.

Esta política fue reiteradamente aplicada por la monarquía española, hasta que, finalmente, fue fijada por Real Cédula de 24 de septiembre de 1750, dada en el Buen Retiro por Fernando VI, ordenando poner en libertad a los esclavos de las colonias inglesas y holandesas que huyesen al virreinato novohispano para ser católicos, “…desde ahora en adelante, para siempre…” Esta medida se amplió por Real Cédula de 21 de octubre de 1753 al resto de las Indias españolas.

La población negra fue muy importante para el establecimiento de San Agustín, tanto para su mantenimiento como trabajadores como para su defensa, con la creación de una milicia de negros y pardos en 1693. Muchos esclavos africanos de las colonias británicas, desde el establecimiento de la colonia de Charles Town en 1670, escaparon de las plantaciones, formando comunidades de maroons, cimarrones, en los pantanos, estableciéndose entre las comunidades indígenas o dirigiéndose al presidio de San Agustín.

En 1693 Juan Márquez Cabrera, gobernador de Florida, creó las milicias de pardos y morenos en San Agustín. Estos milicianos conocían el área fronteriza y fueron utilizados en las campañas contra Carolina. Estas medidas fomentaron la huida de otros esclavos hacia su libertad en Florida.

Los españoles tenían esclavos, pero su situación jurídica era muy diferente a la de las colonias británicas. Desde las Partidas de Alfonso X, una codificación vigente en el Nuevo Mundo, se consideraba la esclavitud como una situación contraria a los Derechos Humanos, solo tolerada como un daño menor, teniendo tanto los amos como los esclavos tanto derechos como obligaciones.

En los territorios españoles, los esclavos podían tener bienes, e incluso, como sucedió muy a menudo, ahorrar con su trabajo lo suficiente para comprar su libertad. Esto hizo posible la presencia de una importante población de negros libres en el mundo hispánico.

La población floridana fue siempre muy escasa. Aunque la mayor parte de los matrimonios entre la población blanca se dieron entre peninsulares, criollos, extranjeros y floridanos, existieron relaciones con otros grupos étnicos como los indios, pardos o mulatos.

Entre los indios se encontraban miembros de las etnias Yamasee, Timucuan y Apalachee, y entre los habitantes de color se encontraban individuos de etnias Mandinga, Congo y Carabalí. Había asimismo mestizos de españoles e indios, mulatos y zambos. El mestizaje se incrementó tras el reagrupamiento de la población india en el siglo XVII en los alrededores del presidio por los ataques ingleses.

La política de la Corona española de acogida de estos esclavos fugitivos acentúa los motivos religiosos y humanitarios.

En 1738 el Gobernador Manuel de Montiano decidió establecerlos en un pueblo de nueva fundación, el fuerte de Gracia Real de Santa Teresa de Mosé, situado como los pueblos de indios en la periferia del presidio e integrado en su sistema defensivo. Sus habitantes vivían fuera del fuerte, entre los campos.

Las autoridades españolas destinaron frailes franciscanos en estos asentamientos para que enseñasen a sus habitantes buenas costumbres y los catequizaran, pero estaban gobernados por líderes elegidos por ellos mismos. Para su mantenimiento el gobierno español destinaba, al igual que a los pueblos de indios, 6.000 pesos procedentes de la caja de San Agustín.

Tras la Guerra de los Siete Años, por el Tratado de París de 1763, España tuvo que ceder Florida a los británicos. En una evacuación, los españoles repatriaron a 3.000 floridanos de todas las razas. Mientras que algunos antiguos habitantes de San Marcos de Apalache y San Miguel de Pensacola fueron enviados a Campeche y Vera Cruz, en Nueva España, la mayor parte de los habitantes fueron establecidos en La Habana. A mediados del siglo, más de una cuarta parte de las fuerzas militares cubanas estaban compuestas por negros y mulatos libres.

En 1784, cuando nuevamente Florida volvió a la Corona española, una Real Orden de 1789 se requirió a las autoridades cubanas que tomasen todas las medidas para que las familias de Florida volviesen. Finalmente, tras el Tratado Adam-Onís de 1819, nuevamente Cuba recibió a los repatriados floridanos.

Desde finales del siglo XVII y durante el siglo XVIII el territorio de Florida fue el destino de numerosos esclavos fugitivos de las contiguas colonias británicas de Norteamérica. Los monarcas españoles otorgaron la libertad a estos esclavos por motivos religiosos, y muchos de ellos se alistaron en las milicias que defendieron Florida de los ataques británicos. Para acogerles se fundó el fuerte de Gracia Real de Santa Teresa de Mosé, considerado en la actualidad como la primera población negra libre de toda Norteamérica.

 

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