Huella de carbono y Huella ecológica. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Revisor Experto de la ONU (2020/2022) - El Sol Digital
Huella de carbono y Huella ecológica. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Revisor Experto de la ONU (2020/2022)

Huella de carbono y Huella ecológica. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Revisor Experto de la ONU (2020/2022)

En el marco político europeo de la “transición ecológica”, una iniciativa muy frecuente es la que se orienta a reconstruir el sector energético en la dirección de una sociedad post-carbono o baja en carbono.

Se entiende como huella de carbonola totalidad de gases de efecto invernadero emitidos por efecto directo o indirecto por un individuo, organización, evento o producto«. La huella de carbono de una organización mide la totalidad de GEI (Gases de Efecto Invernadero) emitidos por efecto directo o indirecto provenientes del desarrollo de la actividad de dicha organización.

La huella de carbono de producto, mide los gases emitidos durante todo el ciclo de vida de un producto: desde la extracción de las materias primas, pasando por el procesado y fabricación y distribución, hasta la etapa de uso y final de la vida útil (depósito, reutilización o reciclado).

Una sociedad post-carbono, por definición, es una sociedad en la que el uso de combustibles fósiles se ha reducido sustancialmente respecto a los niveles actuales.

La huella de carbono se configura, así como punto de referencia básico para el inicio de actuaciones de reducción de consumo de energía y para la utilización de recursos y materiales con mejor comportamiento medioambiental.

La huella de carbono identifica la cantidad de emisiones de GEI que son liberadas a la atmósfera como consecuencia del desarrollo de cualquier actividad.

En primer lugar, cabe indicar que las emisiones asociadas a las operaciones de una organización se pueden clasificar como emisiones directas o indirectas.

Las emisiones directas de GEI: son emisiones liberadas in situ en el lugar donde se produce la actividad, por ejemplo, las emisiones debidas al sistema de calefacción si éste se basa en la quema de combustibles fósiles.

Las emisiones indirectas de GEI: un ejemplo de emisión indirecta es la emisión procedente de la electricidad consumida por una organización, cuyas emisiones han sido producidas en el lugar en el que se generó dicha electricidad.

Una vez definidas cuáles son las emisiones directas e indirectas de GEI y para facilitar la detección de todas ellas, se han definido tres alcances:

Alcance 1: emisiones directas de GEI. Por ejemplo, emisiones provenientes de la combustión en calderas, hornos, vehículos, etc.

Alcance 2: emisiones indirectas de GEI asociadas a la generación de electricidad adquirida y consumida por la organización.

Alcance 3: otras emisiones indirectas. Algunos ejemplos son los viajes de trabajo a través de medios externos, el transporte de materias primas, de combustibles y de productos o la utilización de productos o servicios ofrecidos por otros.

El cálculo de la huella de carbono de una organización se constituye como una herramienta con una doble finalidad: reducir los costes que implica el consumo de energía para iluminación, climatización, calefacción y transporte y, por otro lado, contribuir a la reducción de las emisiones de GEI y a una mayor concienciación medioambiental.

La entidad o empresa que calcula su huella de carbono tiene las siguientes ventajas:

  • Identificación de oportunidades de reducción de emisiones de GEI. La mayor parte de ellas se derivarán de la reducción de consumos energéticos.
  • Mejorar la reputación corporativa y el posicionamiento de la empresa.
  • Identificar nuevas oportunidades de negocio: atraer inversionistas y clientes sensibilizados con el cambio climático y el medio ambiente.

El concepto «huella ecológica» surge como un indicador de sostenibilidad que trata de medir el impacto que nuestro modo de vida tiene sobre el entorno. Ese impacto ambiental se expresa como la cantidad de terreno biológicamente productivo que se necesita por persona para producir los recursos necesarios para mantener su estilo de vida.

En palabras de los creadores del concepto, William Rees y Mathis Wackernagel, la huella ecológica se corresponde con el área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistema acuático) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población definida con un nivel de vida específico indefinidamente, donde sea que se encuentre esta área.

La huella ecológica mide la superficie terrestre y marítima necesaria para producir todos los recursos demandados por un individuo, población o nación más la superficie necesaria para asimilar los residuos que genera. Esta área se mide en hectáreas globales.

Un test de huella ecológica en una extrapolación nos indica el número de planetas Tierra que serían necesarios para mantener la demanda ecológica si toda la población mundial tuviera nuestro mismo nivel de vida. El resultado se divide a su vez en cuatro partes:

Huella de carbono: superficies de bosques, océanos u otras biomasas necesaria para absorber las emisiones de CO2 generadas en la producción y transporte de energía que demandamos y también las emisiones generadas por los transportes que empleamos.

Huella de alimentos: superficies necesarias para la plantación de cultivos, pastos de explotaciones ganaderas y superficies marinas necesarias para una producción biológica mínima que satisfaga la demanda pesquera; incluyendo los costes energéticos y de recursos asociados a su producción, transformación y transporte de todos los alimentos que consumimos.

Huella de alojamiento: terrenos ocupados por nuestros hogares más la superficie necesaria para producir todos los materiales y recursos empleados en su construcción y mantenimiento, incluyendo también el mobiliario.

Huella de bienes y servicios: superficies necesarias para la producción de bienes de consumo, tanto en forma de energía como en materias primeras para su producción, más los terrenos ocupados por el sector industrial y el sector servicios asociados a todos estos bienes.

Mientras EEUU tiene una huella ecológica de 8,2 ha (hectáreas) per cápita, Angola sólo tiene una huella ecológica de 0,9 ha por persona. Según la Global Footprint Network, la huella ecológica por habitante en España en 2016 (último dato disponible) fue de 4 hectáreas globales (gha). No obstante, según cifra de la misma organización, la huella ecológica por persona en España excede la biocapacidad por persona.

Por otro lado, la biocapacidad se define como la superficie productiva disponible de un país. Cuando la huella ecológica, entendida como demanda de recursos naturales, supera la biocapacidad, se incurre en déficit ecológico, lo cual significa que un país consume más recursos de los que dispone.

La compensación de la huella hídrica, análoga al proceso de compensación de las huellas de carbono, puede suponer un instrumento para incentivar este tipo de acciones entre otras que se definan como compensatorias. No obstante, este es un campo aún por desarrollar, que no tiene el grado de madurez que la huella de carbono.

Además, los últimos datos recabados por Eurostat muestran que, durante 2016, en la Unión Europea se generaron 2.538 millones de toneladas de residuos (incluyendo los residuos secundarios). Del total de residuos tratados, 2.311 millones de toneladas, se reciclaron 873 millones, un 37,8 %.

La neutralidad en carbono es el equivalente a un resultado neto de cero emisiones. Hay varias acciones que podemos llevar a cabo para conseguir este equilibrio, lográndose en gran medida gracias a la eliminación gradual del uso de los combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas natural, etc.), principales causantes del calentamiento global.

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